La promesa de casarse y tener hijos ha sido la estrategia de los proxenetas. Este es el caso de Diana, una menor de 16 años, quien conoció a José Miguel Meléndez Rojas, de 30 años, cuando trabajaba en una tienda de ropa en enero de 2006.
Él la visitaba en la tienda de ropa donde trabajaba. Incluso le presentó a sus padres, quienes nunca estuvieron de acuerdo con la relación. Sin embargó, él prometió en cuidarla y la llevó a Tlaxacala, según a conocer a su familia. Esa noche tuvieron relaciones sexuales.
José Miguel Meléndez le vendió la idea del sueño americano. Irse a Estados Unidos y cuando ella cumpliera la mayoría de edad, regresarían a casarse. Después de varios intentos fallidos en cruzar al frontera, lo lograron. Estando en Nueva York, él reveló quién era y por qué se la había llevado.
“Es hora de que pagues lo que he invertido en ti”, le dijo José Miguel, al contarle finalmente la verdad: que la había llevado a Estados Unidos para explotarla sexualmente.
Diana se negó, pero la amenazaron en que iban a matar a sus hermanos. Así que la obligaron a atender a 20 clientes por día, le contaban los condones, uno menos significaba una cuenta más.
La menor intentó escapar pero fue torturada, la quemaban con velas y lastimaban con vidrios rotos. En una ocasión, José Miguel Meléndez abusó de ella en frente de todos los habitantes de la casa.
Diana pudo escapar, una mujer le ofreció un trabajo como niñera. Sin embargo, la siguieron acosando.
“Él sabía lo fácil que era aprovecharse de mi hambre”
El caso de Diana es uno de los seis testimonios que presentó la Fiscalía del Distrito Este de Nueva York contra cinco miembros de la familia Meléndez, acusados de construir una red internacional de explotación, traficaban niñas y mujeres dese México y operaban en cinco estados de Estados Unidos.
La estrategia de la familia era enamorarlas. “Los traficantes engañaban y coaccionaban para vender sueños de una vida mejor a mujeres jóvenes e impresionables, quienes eran forzadas a pasar una vida de tormento, miseria, abusos sexuales y prostitución en las manos de sus captores”, se lee en un comunicado del Departamento de Justicia.
Otro caso es el de Delia, quien fue captada en una heladería donde trabajaba. El patrón fue el mismo, a través del amor romántico la llevaron a Estados Unidos, donde la exploraron sexualmente. “Él sabía lo fácil que era aprovecharse de mi hambre”, dijo sobre su tratante.
El clan Meléndez fue hallado culpable a quienes les dieron decenas de cargos tras un juicio que duró más de dos semanas en marzo de 2020. Los abogados defensores justificaron que el José Meléndez vivió en un ambiente de pobreza extrema.
Además de los años de cárcel, el clan Meléndez debe indemnizar a las víctimas y pagarles lo que les corresponde.

