Al interior de la problemática de la violencia obstétrica, se inserta la práctica de cesáreas sin una aparente justificación médica, la cual ha ido en aumento en las últimas décadas. Un documento reciente reporta, a partir de la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica 2018, que la tasa de partos por cesárea en México era de 46.1%, sumando las cesáreas de emergencia 22.8% y las cesáreas programadas 23.3%.[1] No especifican el por qué se programan las cesáreas, si por motivos médicos o por elección de las mujeres y sus doctores, sustentada en diversas motivaciones.
El incremento ha generado interrogantes sobre el tipo de consideraciones que se toman para preferir una cirugía a un parto vaginal, tanto por parte del personal de salud como de algunas mujeres. Desde hace relativamente poco tiempo vienen realizándose algunas investigaciones de las percepciones de los médicos sobre la cesárea, pero todavía hoy sabemos poco de las mujeres. En 2005 Karla Berdichevsky y Ana Langer planteaban en un artículo[2] publicado en la revista Género y Salud en Cifras, del Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva, que deberíamos estudiar más las percepciones y opiniones de las mujeres sobre la cesárea y conocer sus razones para solicitar una.
Diecisiete años han pasado y todavía no sabemos mucho acerca de dichas percepciones. Añadían, y sobre ello quisiera reflexionar brevemente en la columna del mes de febrero que, si las mujeres eligen una cesárea, al interior de todo un dispositivo medicalizado, sería conveniente analizar si tienen toda la información sobre la práctica y sus consecuencias, incluso sobre los riesgos que conlleva, y enviaban a algunos estudios realizados en Gran Bretaña.
Las mujeres y sus elecciones
En uno de los artículos mencionados por Berdichevsky y Langer se señalan cambios en las prácticas y preferencias obstétricas, particularmente en Gran Bretaña e Italia, optando por la cesárea. El artículo concluye resaltando la decisión de las mujeres:
“El reporte Health Committee Maternity Services and Changing Childbirth sugiere que las mujeres deberían tener un papel central en su cuidado obstétrico; sin embargo, algunas están siendo criticadas por las decisiones que toman. Estas decisiones no deberían ser desacreditadas simplemente porque no son las que esperamos. Debemos respetar los puntos de vista y las decisiones de las mujeres si dicha decisión tiene la suficiente información y si ella expresa una razón lógica para querer una cesárea; también si ella es capaz de demostrar que comprende las implicaciones de dicho procedimiento. No deberíamos dictar a las mujeres lo que deben pensar, ni juzgar sus valores si llegan a ser diferentes a los nuestros” (traducción de la autora).[3]
Sara Paterson-Brown argumenta, previamente a su conclusión, si es posible exigirle y cuestionarle a la mujer no preferir una cesárea cuando lleva meses experimentando un embarazo biomedicalizado [soy yo quien introduce la categoría], por ejemplo, con la realización de ecografías rutinariamente realizadas (routinely perform antenatal screening).
Las reflexiones del artículo de Paterson-Brown, controversiales sin duda al ser vistas hoy bajo la lente de las cesáreas innecesarias y la violencia obstétrica, deben, sin embargo, ser traídas a la discusión. Con ellas es posible explorar otras aristas y complejizar aún más la temática de las decisiones reproductivas de las mujeres. Como señalaban Karla Berdichevsky y Ana Langer en 2005, no sabemos mucho de las percepciones de las mujeres ante una cesárea. ¿Cuántas mujeres llegan a una cesárea por elección? Siguiendo la argumentación de Paterson-Brown ¿cuántas tienen toda la información acerca de las consecuencias para ella y aquel o aquella que vendrá al mundo y siguen con la decisión de la cesárea electiva? ¿Cómo complejizamos el marco “ilustrado” que sostiene la argumentación de Paterson-Brown? En efecto, se vislumbra un supuesto en todas las autoras aquí mencionadas acerca de la relación información-decisión que evacúa otro tipo de contextos y de motivaciones. También sería importante reinsertarlos.
En el marco de interrogantes acerca de la violencia obstétrica que aprehende las prácticas en un sistema complejo de acción y responsabilidades, ¿cuáles serían los límites de dicha decisión, por más informada que estuviera?, ¿cómo respetamos la voz y las decisiones de las personas en contextos reproductivos? La última interrogante también nos enfrenta con la situación precisa de la que se trata: la decisión de una mujer en el contexto de una vida que está por nacer. Antes las interrogantes no surgían porque el peso recaía sobre esa vida que recién iniciaría. Con los derechos reproductivos y todo lo que hemos avanzando en la bioética, las ecuaciones han cambiado. Sin embargo, sigue siendo esta y no otra la situación en la que se toma la decisión.
La columna de febrero inicia así, una sería de entregas que buscarán explorar interrogantes en torno a la práctica de la cesárea sin una aparente necesidad médica y las percepciones de diversos personajes, sobre todo de las mujeres.
Doctora en Sociología por el CEMS-EHESS de París. Miembro del SNI. Investigadora del Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora y miembro asociado del CEMS-EHESS, París. Una de sus principales líneas de investigación es analizar la relación entre problema público y acontecimiento en la temática de la "violencia obstétrica".
[1] Jiménez Brito, Lourdes y Romero Suárez, Fátima Evaluación de las acciones para prevenir y erradicar la violencia obstétrica de los servicios gineco obstétricos del IMSS. El caso de la Estrategia de Fortalecimiento de Atención a la Mujer Embarazada (EFAME). Cuadernos de trabajo, 2022, año 1, núm. 9. Conferencia Interamericana de Seguridad Social, México.
[2] Berdichevsky, Karla y Langer, Ana, “La epidemia de cesáreas en México. el uso excesivo de tecnologías como un problema de calidad de la atención”, Género y Salud en Cifras, 2005, 3 (1): 4-6.
http://cnegsr.salud.gob.mx/contenidos/descargas/EquidadGenero/EneAbr05.pdf
[3] PatersonBrown, Sara. “Should doctors perform an elective caesarean section on request? Yes, as long as the woman is fully informed”, BMJ 1998, 317: 462-465.

