"Las mujeres tuvimos un gran papel, pero no se habló de nosotras, nuestra historia la contaron los hombres líderes", señaló Ana Ignacia "La Nacha" Rodríguez Márquez, participante del movimiento estudiantil de 1968 en la conferencia "Las mujeres del movimiento del 68 de la UNAM. Es dos de octubre y como cada año, no se olvida la matanza estudiantil de Tlatelolco a manos del Estado y es preciso tampoco olvidar a las mujeres que se acuerparon a esta lucha y desafiaron no sólo al autoritarismo estatal sino también, al patriarcal.

Las mujeres que se unieron al movimiento estudiantil estaban convencidas de la libertad y de la fuerza del pueblo; el ideal rebelde resultaba incómodo para el sistema y la familia de las mujeres quienes eran constantemente oprimidas al intentar participar en las asambleas. La lucha no era un asunto de mujeres. 

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Tras el ataque del Batallón Olimpia en la plaza de Tlatelolco, los líderes estudiantiles fueron encarcelados y se convirtieron en el foco del movimiento. Esto es algo que continúa enervando a "La Nacha" Rodríguez Márquez quien, comparte que cada que se encuentra con sus compañeros del 68 les recrimina el nunca haber mencionado que no todas las personas detenidas eran varones, de hecho, existieron presas políticas que fueron privadas de su libertad, abusadas y torturadas en el kilómetro 16.5 de la carretera Ciudad de México-Puebla; nadie las nombró, explica en conferencia con la UNAM. 

Una doble lucha

En los años 60s, el panorama universitario para las mujeres era complejo. Habían pasado apenas 20 años desde que las mujeres comenzaron a incorporarse a la educación universitaria, usualmente, sus carreras estaban orientadas al cuidado, a la confección y a la formación para desempeñarse como secretarias.

La vida política y la protesta eran consideradas actividades masculinizadas, mientras que de las mujeres se esperaba que permanecieran en la esfera doméstica y alejadas de toda participación política.

En resumidas cuentas, las mujeres sortearon los valores culturales para iniciar su formación universitaria y después, encararon al sistema patriarcal que intentaba reprimir su posicionamiento político

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Algunas mujeres lucharon a escondidas de sus familias quienes jamás les hubieran permitido ser partícipes del movimiento; escapaban por las noches para estar en las asambleas. Paralelamente, enfrentaban una doble situación de peligro: estar en alguna de las brigadas y su condición de mujer

La investigación "El olvido de las mujeres asesinadas en el movimiento de 1968 en México" recoge el testimonio de Elena Castillo, militante del movimiento del 68 quien comparte que, en aquellos años, resultaba impensable que las mujeres estuvieran solas por la noche y mucho menos, participando en esta clase de movimientos. 

Los colegas varones podían formar parte activa de la toma de decisiones y permanecer en los espacios hasta altas horas de la madrugada, las mujeres no. Por ello, Elena Castillo consciente de su limitación a la libertad y participación, evitaba hablar con sus compañeros, ella evitaba decir que su madre y su padre estarían furiosos y que debía regresar a casa, por el contrario, la militante comenzó a ser más activa, a hablar con sus compañeros en igualdad y cuando se acercaban las 8:00 sólo les pedía que la acompañaran a casa. 

De esta manera, sus compañeros comenzaban a tomar más en serio su participación en el movimiento y no cuestionarlas por estar ahí; el machismo también se gestaba entre estudiantes. "Nuestros compañeros empezaron a tratarnos más como verdaderas colegas", explica Elena Castillo.

Pero la situación de las mujeres se recrudecía aún más dentro de la familia debido al constante bombardeo amenazante del Estado que enviaba mensajes a las familias para contener a las mujeres al interior de sus hogares. 

No transgredir los límites

Tres meses antes de octubre del 68, un grupo de granaderos ingresó a una preparatoria del Instituto Politécnico Nacional, la vocacional número 2 se convirtió en el primer espacio de confrontamiento. El cuerpo castrense ingresó para detener una riña entre estudiantes, con violencia agredieron y golpearon a las personas, incluso, algunas versiones señalan que dos maestras que se posicionaron contra la brutalidad fueron agredidas sexualmente por los granaderos que habían tomado la escuela. 

La privación de la libertad, la tortura y las agresiones sexuales eran amenazas constantes para las mujeres. 

Los mensajes revictimizantes del Estado eran claros: Si formabas parte del movimiento algo muy malo te pasaría y sería sólo tu culpa.

Desafiando y luchando

Deborah Cohen y Lessie Jo Frazier acotan en su obra "México 68: hacia una definición del espacio del movimiento, La masculinidad heroica en la cárcel y las mujeres en las calles", que la incorporación de mujeres a la vida política siempre ha representado una amenaza que bien puede fracturar la autoridad de la familia; la primera base del patriarcado. 

Asimismo, la obra explica que el movimiento del 68 fue el primer escalón para que las mujeres comenzaran un proceso de autodescubrimiento y emancipación; cuestionaban su papel en la sociedad, su participación, el matrimonio, al Estado, la institución de la familia e incluso, su sexualidad

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Esto último resulta interesante pues la convivencia constante con otras mujeres y compañeros desembocaron en relaciones sexoafectivas que desafiaban al sistema heteronormativo y al matrimonio como único camino para las mujeres. 

Aunque las mujeres no se reconocían como feministas, explica Deborah Cohen y Lessie Frazier, su participación en el movimiento estudiantil del 68 les permitió salir del espacio doméstico y cuestionar las estructuras autoritarias

¿Qué hacían las mujeres en el movimiento del 68?

Esta parte de la historia estudiantil es poco conocida pues, el trabajo de cuidados -como hasta nuestros días- no fue considerado lo suficientemente importante para ser nombrado. 

Las mujeres en el 68 comenzaron a organizarse para cuidar a sus colegas, recolectaban alimentos, preparaban alimentos, organizaban las tareas no remuneradas y tejieron una serie de cuidados para prever la seguridad de todas y todos los participantes. 

¿Entonces siguieron replicando roles, pero al interior del movimiento?, en realidad, las mujeres cuidaron como un acto político

Con el paso de los días las mujeres comenzaron a apropiarse de otros espacios, explica Alessa Pech y Osvaldo Romero, pues también realizaron un posicionamiento sumamente poderoso: salieron a las calles y se comenzaron a congregar en espacios de otras mujeres. Muchas de ellas nunca habían salido a las calles para enviar un mensaje político, siendo esto un hito en la historia de nuestro país. 

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Comenzaron a divulgar información e invitar a otras a la lucha en espacios donde otras mujeres se congregaban como los mercados, algunas rutas transporte público, escuelas de educación básica, calles y tianguis. 

“Sí, cocinar era nuestra función y lo hacíamos bien. Pero también rompimos con ella. Nos salimos de nuestro papel y convocamos a reuniones espontáneas en los mercados y en las esquinas de las calles, en distintas colonias” (Susana Rivas, militante del 68 para "El olvido de las mujeres asesinadas en el movimiento estudiantil de 1968 en México" escrito por Alessa Pech y Osvaldo Romero)

Otro papel importante que realizaron las mujeres fue el del espionaje y mensajería. El rol de género resultó provechoso en este escenario, pues las mujeres podían entrar y salir de algunas instituciones que habían sido ocupadas, dejar mensajes a otras brigadas y pasar frente a los cuerpos castrenses que desconocían que las mujeres también eran parte del movimiento estudiantil. Algunas mujeres de clase media - alta también fueron parte importante del movimiento, prestaban autos y casas como espacios seguros para refugiarse, dormir y llevar a cabo reuniones. 

Tras las detenciones de los líderes del movimiento el 2 de octubre, las mujeres fueron una red vitalicia, les cuidaron, visitaron y llevaron alimento de manera organizada. Su papel fue fundamental en la lucha estudiantil, sin embargo, a lo largo de la historia su papel ha sido reducido al mínimo, algo que Deborah Cohen y Lessie Jo Frazier acotan de la siguiente manera:

"Para que los hombres pudieran erigirse como líderes y voceros del movimiento se requería que la militancia de las mujeres se viera como pasiva, una maniobra que acabó por borrar su participación y hacer invisibles sus tareas". (“México 68: hacia una definición del espacio del movimiento, La masculinidad heroica en la cárcel y las mujeres en las calles")

A lo largo de la historia sus tareas y su trabajo ha sido invisibilizado; sus luchas y sus nombres fueron echados al olvido. 

No sólo se trató de mujeres que cocinaban, se trató de mujeres que cuestionaron el autoritarismo y a todo un sistema que sintió una amenaza real ante su emancipación; vivieron el movimiento, fueron abusadas, encarceladas, asesinadas, acosadas sexualmente, agredidas, minimizadas por sus propios colegas y su familia. 

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A 55 años del movimiento estudiantil, la violencia del Estado no se olvida y tampoco se olvidan a las decenas de mujeres que, desde su trinchera, sostuvieron con sus cuidados, fueron espías, defendieron, tomaron las calles, resistieron y pelearon contra un monstruo de muchas cabezas.