Magda inicia su día a las 5:30 de la mañana, hora en la que se prepara con sus hijos, sale de su vivienda en el municipio de Texcoco para llegar a la alcaldía Miguel Hidalgo en donde trabaja como empleada del hogar ganando 5 mil pesos mensuales por limpiar una casa, cocinar y planchar dos docenas de ropa. Antes tendrá que hacer una escala para dejar en la primaria a Guillermo y Karol, sus dos pequeños de 7 y 9 años. Esta escala implica un gasto adicional en pasajes, caminar más de ida y vuelta al transporte público por calles invadidas por puestos de comida. El regreso a su casa no tiene hora fija, pero no le preocupa tanto porque su hermana Martha recogerá a sus hijos en la escuela, les dará de comer, les ayudará en sus tareas y los acompañará hasta la hora de dormir.
La forma en la que Magda vive el tiempo, el espacio y las distancias en la metrópoli es diferente a la experiencia cotidiana de Arturo, un hombre casado, con dos hijos que también cursan la primaria, que en auto o en bicicleta se traslada de la colonia Narvarte a la Juárez para trabajar en un despacho. La esposa de Arturo lleva a sus hijos a la escuela y también pasa por ellos al salir.
La planeación urbana de la Ciudad de México se hace pensando en Arturo como la persona promedio que la habita. Magda y muchas mujeres que cuidamos de otras personas, multiplicando nuestros trayectos y recibiendo “apoyo” de nuestros familiares, no aparecemos en las políticas, planes y programas de desarrollo urbano y territorial.
MUJERES DEDICAMOS MÁS TIEMPO A LOS CUIDADOS
Nosotras dedicamos más horas semanales al trabajo de cuidados y al trabajo doméstico. Ambos tipos de trabajo son necesarios para la reproducción y sostenimiento de la vida a lo largo de su ciclo, generan bienestar físico y emocional en las personas y esto se traduce en producción, plusvalía y desarrollo económico. En el caso de Magda, ella desempeña los dos. En un hogar que no es el suyo recibe un pago. En su propia casa y en la relación con su hermana recibe un servicio que ella no podría pagar. La solidaridad entre ellas implica afectos convenientes para el Estado que debería crear servicios para los cuidados, principalmente para las personas con menos ingresos que recorren distancias largas y se emplean en la informalidad.
Las mujeres cuidamos a otros por la idea arraigada de que el trabajo para la reproducción de la vida nos corresponde a nosotras de manera “natural”. Esto se conoce como “feminización del trabajo de cuidados”. Cuando en las teorías sobre la ciudad se habla de la separación de lo público y de lo privado se desconoce al trabajo doméstico y de cuidados como un problema que debe ser del interés común, más allá de los arreglos familiares dentro de una casa. La ética de los cuidados corresponde a toda la sociedad y de esa forma las ciudades deberían partir de una planeación que los considere prioritarios.
LOS CUIDADOS NO SON UNA SITUACIÓN PASAJERA
En la Ciudad de México, donde la población ha envejecido un 75% en 15 años, la maternidad en mujeres menores de 19 años es de 12.6% y la población en situación de calle aumentó 15% durante la pandemia, los cuidados no deberían verse como una situación pasajera que puede afrontarse con la dedicación de las mujeres y la solidaridad entre los capitalinos, como dicen algunos políticos.
Es necesario el equilibrio de las responsabilidades entre el Estado, los actores privados, las comunidades, los hogares y en ellos, la distribución equitativa de las tareas entre mujeres y hombres. Se requiere pensar la Ciudad de México como una “ciudad de cuidados” desde la realidad presente en la cual 5 de cada 10 personas viven en algún grado de pobreza, 19 de cada 100 hogares cuentan con una alguna persona con discapacidad física o mental, 17 de cada 100 personas en situación de calle tiene una discapacidad física por la cual fueron abandonadas por sus familiares, 7 de cada 10 niños y niñas viven en hogares pobres y las mujeres que encabezan hogares con mayor número de dependientes representan un 47%. (Evalúa CDMX, 2019).
Las mujeres de 25 a 45 años dedicamos semanalmente 51- 53 horas al trabajo de cuidados, mientras que los hombres de ese mismo rango de edad dedican 19-22. Los servicios, equipamientos, infraestructuras y personal calificado para los cuidados cercanos a la vivienda y a los centros de trabajo son indispensables. Su calidad no puede estar sujeta al valor del suelo, sino de las inversiones público-privadas que deberían ser obligatorias para las zonas con mayores desigualdades en nuestra ciudad.
LOS CUIDADOS EN LA PANDEMIA
La pandemia nos reveló la crisis de los cuidados a partir de aumentar las cargas de trabajo en el confinamiento o arriesgándonos a contagiarnos afuera. Una ciudad de cuidados se planifica pensando en cambiar las lógicas del trabajo a distancia y presencial desde la cultura organizacional en los centros de trabajo y en las posibilidades de negociación al interior de las familias. Estas últimas no están libres de tensión y conflictos. De acuerdo con datos del Banco Interamericano de Desarrollo, en México se ha registrado un aumento de 60% en las denuncias de violencia sexual y basada en género durante la pandemia en los hogares. Los hogares no siempre son los espacios solidarios para cuidarse mutuamente. Por eso se necesitan redes de apoyo formales contra la violencia.
Por último, la Ciudad de México debe mejorar la integración de sus modos de transporte desde una perspectiva del trabajo de cuidados y ofrecer interconexiones eficientes, trayectos peatonales seguros y accesibles, poniendo atención a la movilidad inter-barrial de acuerdo a las características de cada colonia. Lo doméstico ha quedado fuera del gran paradigma de la movilidad sustentable, es necesario incorporarlo preguntando y recuperando las experiencias de quienes sabemos, es decir, de nosotras, las cuidadoras.
Especialista en políticas públicas, evaluación de programas sociales y planeación territorial con perspectiva de género. Consultora en desarrollo inmobiliario. Columnista en temas de ciudad. Ex- servidora pública en áreas de Movilidad e Igualdad de Género. Actualmente forma parte del Seminario de Sociología Política de los Cuidados del Instituto Mora.
Twitter: @Utopia_Urbana

