La historia de México incorporó este 7 de enero seis nuevas figuras al Paseo de las Heroínas, en Paseo de la Reforma, con la develación de esculturas dedicadas a mujeres de pueblos originarios —del mundo prehispánico al periodo colonial—, ausentes durante siglos del espacio público.

El acto fue encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien calificó la iniciativa como “un acto de justicia histórica y de profundo significado simbólico para la nación”, al reconocer a mujeres que sostuvieron la vida política, cultural y comunitaria de sus pueblos, pese a la exclusión y la violencia.

El Paseo de las Heroínas fue inaugurado originalmente en 2020 cuando Sheinbaum era jefa de Gobierno de la Ciudad de México y contaba originalmente con 13 esculturas y una dedicada a heroínas anónimas. Desde entonces, el corredor ha rendido homenaje a figuras como Margarita Maza, Josefa Ortiz de Domínguez, Sor Juana Inés de la Cruz, Carmen Serdán y Hermila Galindo. Con la incorporación de seis nuevas esculturas, el espacio se amplía y refuerza la visibilidad de las mujeres indígenas en el espacio público.

¿Quiénes son las seis heroínas del Paseo de la Reforma?

  • Tz’ak-b’u Aha, conocida como la Reina Roja, fue una gobernante maya que concentró el poder político en Palenque entre 615 y 683. Identificada como “Señora de la Sucesión”, su mandato coincidió con un periodo de prosperidad para su pueblo.

  • Tecuichpo-Ixcaxochitzin, también llamada Isabel Moctezuma, hija de Moctezuma II, fue una mujer nahua que vivió la transición del mundo mexica al orden colonial. En su testamento de 1550 dejó constancia de su oposición a la esclavitud, un acto que ha sido leído como uno de los primeros gestos emancipatorios documentados en el contexto colonial temprano en América.

  • La Señora 6 Mono,  perteneciente a la nobleza mixteca, fue guerrera y gobernante del señorío de Jaltepec. Su liderazgo, registrado en códices mixtecos, se ejerció en un periodo de conflictos regionales, en el que defendió el territorio y la continuidad política de su linaje.

  • Xiuhtzatzin, asociada a la tradición tolteca, es referida en fuentes históricas como gobernante de Tollan-Xicocotitlán hacia finales del siglo IX. Aunque la información sobre su figura es limitada, se le atribuye un papel relevante en la consolidación de Tula como centro político, económico y cultural del Altiplano Central.

  • Malintzin, intérprete, mediadora y figura política clave durante la conquista, utilizó su dominio de varias lenguas para negociar entre pueblos originarios y los españoles. Su papel histórico ha sido reducido durante siglos al estigma de la traición; sin embargo, su reconocimiento contemporáneo busca restituir su agencia, inteligencia estratégica y capacidad de resistencia en un contexto de violencia colonial.

  • Eréndira Iquikunari, figura emblemática de la tradición purépecha del siglo XVI, es recordada por encabezar la defensa de su pueblo frente a la invasión española. Aunque su existencia histórica se sitúa entre el registro documental y la memoria oral, su figura se ha convertido en un símbolo de resistencia y del papel de las mujeres en la defensa del territorio.

  • Durante su intervención, Sheinbaum señaló que estos monumentos buscan reconocer a las mujeres indígenas que, desde sus comunidades, han sostenido durante siglos la vida cultural, social y espiritual del país. Destacó su sabiduría, su relación con la tierra y sus formas de organización, que han resistido pese a la exclusión y la violencia.

    Sheinbaum sostuvo que la presencia de estas esculturas en una avenida históricamente ocupada por héroes masculinos y gestas militares es también un mensaje contra el racismo, el clasismo y el machismo. “Honrarlas aquí es reconocer que la transmisión cultural no pertenece solo al pasado, sino al presente y al futuro”, dijo.

    La inclusión de Malintzin fue uno de los ejes del acto. Durante años fue presentada como símbolo de traición, en un relato marcado por el racismo y el machismo. La Presidenta señaló que, en realidad, se trató de una mujer indígena que utilizó su conocimiento de las lenguas para sobrevivir en un contexto de violencia, invasión y despojo. “Reconocerla hoy no abre viejas heridas; es cerrar una deuda histórica”, afirmó.