Hoy en día estamos viviendo tiempos difíciles en nuestra vida cotidiana, entre crisis de salud, crisis económicas, incluso laborales. Podemos sentir que nuestra vida está en un carrito de la montaña rusa emocional. A veces con miedo, a veces con tranquilidad, a veces con tristeza y seguramente, también con enojo, una emoción que aparece de forma recurrente.

Sin embargo, no todas las personas nos damos cuenta de las emociones que estamos sintiendo; menos aún, logramos expresar lo que nos va pasando por dentro. Como hombres, generalmente es justo lo que nos sucede: no contactamos del todo con las emociones y no tenemos éxito en expresarlas. Ojo: no es que no sintamos, pues somos seres humanos y contamos con un repertorio emocional;  más bien, la sociedad y la cultura nos han enseñado a ocultar o negar nuestras emociones o a pensar que algunas de ellas no son apropiadas para los hombres.

Emociones de los hombres y sus efectos

Por aprendizajes culturales se nos enseña que un hombre no debe sentir dolor ni expresar tristeza. Seguramente has escuchado la clásica frase “los hombres no lloran”. La tristeza, emoción básica y universal de la conducta humana, en nuestra cultura tradicional se relaciona con debilidad, minusvalía, cobardía o incluso con actitudes no heterosexuales, más cercanas a lo tradicionalmente femenino. Entonces hemos aprendido a no llorar, porque hacerlo es de débiles, de afeminados; no es “cosa de hombres”.

La misma situación aplica a algunas otras emociones como el miedo, el afecto, incluso la alegría. Sólo hay una emoción que se permite socialmente expresar y vivir: el enojo,  generalmente manifestado a través de distintas formas de violencia, desde la emocional hasta la física.  Existen efectos colaterales, al provocar en las personas que nos rodean miedo, dolor y tristeza, generando impactos emocionales, las más de las veces, en la pareja y en los hijos o hijas.

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¿Qué hacer ante estas situaciones?

Es cierto que las dificultades de la vida cotidiana no se resolverán del todo al contactar  con las propias emociones.  Sin embargo, convertirnos en nuestros propios observadores para ir analizando, descubriendo y, por lo tanto, manejando aquello que pensamos y sentimos, permitirá conocer qué es lo que nos mueve a actuar de determinada manera  y a tener cada vez mayor control de las respuestas que elegimos tener ante las situaciones que enfrentamos (Polit, 2009). Si logramos un autoconocimiento y manejo emocional, lograremos no ejercer violencias y seremos capaces de convivir en ambientes favorables de unión, cooperación y cercanía.

Por lo tanto, aquí van algunas recomendaciones para mejorar la salud emocional.

-Promover respiraciones profundas, ayudará a tener mayor contacto con tu cuerpo y, por ende, con tus emociones

-Reconocer las emociones que estás sintiendo

-Validarlas para ti mismo, aceptar qué es lo que estás viviendo

-Alejarte del mandato machista, mirar que eres un hombre que si siente dolor, miedo, alegría y tristeza. Ayudará a que reconozcas sin ningún prejuicio tu vida emocional

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-Buscar la ayuda de una persona especialista en salud mental, ya sea del campo de la psicología o psiquiatría, que pueda acompañarte y apoyar en estos procesos, en especial cuando sientes que la situación está saliendo de tus manos

-Entender que alguien que se encuentra en procesos de psicoterapia es una persona que se responsabiliza y busca su propio bienestar y de la gente que le rodea

-Hacer alguna actividad física; el cuerpo que va unido a las emociones, mejorará la sensación de bienestar emocional

-Acercarse a técnicas de meditación o al yoga; Esto favorecerá un contacto emocional y permitirá un eficaz manejo de las emociones.

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De esta manera, podemos hacer frente a las realidades que a veces sentimos nos rebasan. Y mantener un bienestar emocional, mental para nosotros mismos y la gente que nos rodea.

GENDES pone a disposición de los hombres la siguiente línea telefónica para atención a situaciones de tensión o malestar emocional: 52 64 20 11

*Escrito por Ricardo Ayllón; Coordinador de Metodología en @gendesac