¿Cuántas veces te has preguntado si es tu culpa que él ya no te hable? ¿Cuántas veces te has preguntado qué hiciste mal para que él se alejara de ti o que te fuera infiel?
Existen situaciones de violencia contra las mujeres que se siguen normalizando, hacerlas responsables por las decisiones que toman o no los varones al relacionarse de manera sexo-afectiva, refuerza creencia de que la culpa sobre que la relación no funcione es de la mujer.
La idea de que las personas nos pertenecen y de que los hombres son seres sin poder de decisión cuando de una infidelidad se trata, es patriarcal.
¿Qué es el patriarcado?
Según la socióloga feminista Margarita Mantilla, una definición puntual de patriarcado es: estructura social donde impera la dominación masculina, la cual brinda todas las condiciones para la inferioridad femenina.
Es decir, todos los varones tienen una posición de poder sobre las mujeres que permite que ellas sean subordinadas generando condiciones de desigualdad y de violencia.
Lo anterior se traduce en la cultura machista, esa que dicta: por “naturaleza" las mujeres son inferiores a los hombres. Y aquí, cabe pensar que nada es natural, pues hasta lo natural está atravesado por las imposiciones sociales.
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No es tu culpa, ni tampoco la de otras mujeres
Existen ideas construidas, reproducidas y reforzadas por la sociedad que cuando hay situaciones de violencia, a los varones se les quita toda la responsabilidad y se les justifica como si las mujeres fueran culpables de todos sus males y errores.
Un ejemplo de estas prácticas patriarcales donde la culpa recae en las mujeres es cuando un hombre es infiel a su pareja.
Encubrir a un hombre cuando es infiel, es una forma de seguir reproduciendo las prácticas de guardar silencio en situaciones que violentan a las mujeres. Aunque la infidelidad puede tener diversas implicaciones, el guardar silencio es ignorar que existe un problema del que el varón no se está haciendo cargo.
Generalmente surgen comentarios como “ella no lo cuida”, “seguro no se arregla” o “ella no lo atiende bien”, los cuales perpetúan los mandatos de género que indican que las mujeres deben ser sumisas y abnegadas ante su pareja.
Creer que una mujer es “robamaridos” o “baja novios”; al creer estas ideas se le culpa a la otra mujer que también fue engañada, cuando en realidad la decisión de mentir y ser infiel fue tomada de manera consciente e irresponsable por parte del varón.
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Ellos son responsables
Pensar que un hombre se deja seducir y que no es capaz de sí mismo; ellos también son seres pensantes que tienen la responsabilidad de ser conscientes sobre su entorno y construirse como seres autónomos que piensan, analizan, reflexionan y que deben actuar aceptando que habrá consecuencias.
Comparar a la esposa o novia con la mujer con la que el hombre fue infiel es una manera de poner a las mujeres en competencia, reafirmando la idea patriarcal de que las mujeres se dividen en malas y buenas, o que unas son útiles para ser esposas y otras para ser amantes.
Quitarle responsabilidad a los hombres de sus acciones sólo ocasiona que las mujeres sigan viviendo y aceptando la violencia física, psicológica, patrimonial, sexual, laboral o económica que ellos ejercen sobre ellas.
Los discursos que culpabilizan a las mujeres de las decisiones que toman los varones también es una forma de opresión y manipulación donde las mujeres siguen sometidas a la idea de ser “buenas”. Es decir, mujeres que aceptan todo tipo de violencia sin quejarse o protestar mientras ellos viven su vida de manera libre.
Cuestionar estos discursos y sobre todo no ser parte de acciones que puedan dañar a otra mujer es fundamental para erradicar la violencia patriarcal.
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