¿Cómo viven, qué piensan y qué esperan las personas jóvenes de entre 15 y 29 años en el país?
En la actualidad, las y los jóvenes valoran la educación y la familia, pero no al mismo nivel que generaciones pasadas, pues enfrentan diversas dificultades para construir su autonomía. ¿Quiénes pueden costear una vida independiente? ¿Cómo afecta la precariedad laboral en su desarrollo? ¿Cuál es su lugar en el mundo?
Para responder a estas preguntas, el informe Jóvenes México 2026 señala que el 38.7% de las personas jóvenes siente que “no se halla en ningún lugar”, y esta desconexión crece en las mujeres al 42.4%.
Así lo reveló la investigación, impulsada por la Fundación SM en México, que forma parte del Observatorio de la Juventud en Iberoamérica (OJI) para generar conocimiento sobre las juventudes de la región y elaborada por José Antonio Pérez Islas, Enrique Pérez Reséndiz y Mónica Valdez González.
Entre la precariedad y el futuro
El estudio realizó una encuesta representativa a nivel nacional de mil 200 jóvenes de entre 15 y 29 años entre el 15 de abril y el 12 de mayo de 2025. Los resultados arrojaron que las trayectorias de vida de las personas jóvenes se han visto afectadas por múltiples dimensiones como la familia, la educación, el empleo, las relaciones personales, la desafiliación, la cultura digital, la participación social y política, además de la lectura, el medioambiente y el uso del tiempo y las tareas de cuidados cuidados.
En México, solo el 8% de las personas jóvenes vive de manera independiente, mientras que el 76% sigue viviendo con su familia de origen. Una diferencia relevante es que esta cifra crece al 82.3% en el caso de los hombres pero, ¿qué ocurre con las mujeres?
Del 15.9% de personas jóvenes que ha formado una nueva familia, las mujeres suelen acelerar el proceso debido a que el 25.7%, o una de cada cuatro, ha formado una nueva familia, en contraste con solo el 6.4% de los hombres.
Quienes permanecen en casa se enfrentan a problemas de afecto y sexualidad.
Ante este panorama, las personas jóvenes sí persiguen la autonomía. Un 79.7% quiere seguir estudiando, motivadas por la búsqueda de un mejor empleo o movilidad social. Sin embargo, las desigualdades limitan esta aspiración. El 62.4% de quienes interrumpieron sus estudios lo hizo por causas externas: 19% reportó dejar los estudios por la necesidad de trabajar, mientras que el 18.9% lo hizo por falta de dinero.
Y es que la precariedad laboral es otra de las barreras a las que se enfrentan las personas jóvenes ya que, de acuerdo con el informe, el mercado laboral juvenil está marcado por la inestabilidad, los bajos salarios y una tasa de informalidad que asciende al 58.8%.
Juventud y brecha de género
Para las mujeres jóvenes, acceder a una vida digna y autónoma implica una doble asimetría: una por ser una persona joven y otra por ser mujer.
Entre las primeras barreras se encuentra la interrupción de la trayectoria escolar. El 13.5% de las mujeres desertan a sus estudios debido al embarazo o a la maternidad, en contraste con el 1.2% registrado en los hombres.
Como se explica en el informe, esto pone de manifiesto que las responsabilidades de cuidado limitan de forma desigual el desarrollo académico femenino frente al masculino. ¿Quién cuida y qué acciones, tareas y aspiraciones se dejan por asumir estas tareas?

Aunque en recientes años se habla de corresponsabilidad y de una división equitativa de las tareas de cuidados, en los hogares mexicanos persisten patrones muy tradicionales en el trabajo doméstico: la madre cocina y decide el menú en el 44.4% de los hogares, mientras que el padre asume este rol en apenas el 1.7%.
En este sentido, otras tareas como las de limpieza recaen principalmente en las madres en el 29.5% de los casos, en contraste con un 1.9% de los padres. Mientras que las tareas de cuidados aún son asumidos mayoritariamente por las madres, que ejercen el cuidado de menores, adultos mayores o dependientes en el 25.2% de las ocasiones.
Por el contrario, el rol del padre sigue enfocado en proveer económicamente (en el 31.4% de los casos) y en las reparaciones del hogar (32%).
Pero no se trata de que las mujeres no quieran trabajar, sino que la carga de responsabilidades familiares y de tareas de cuidado que asumen las mujeres es profundamente desigual.
Entre los 25 y 29 años, el 73.7% de los hombres trabaja, en comparación con el 53.3% de las mujeres. En este mismo rango etario de mujeres, el 39.7% no estudia ni tiene un empleo remunerado.
Sin embargo, no todas las cifras son desesperanzadoras. El informe reporta que las mujeres, por otro lado, sostienen conversaciones importantes que a menudo pasan desapercibidas por la mayoría de los hombres.
Al 65.8% de las mujeres les gusta leer, superando el promedio nacional juvenil del 58.6% y, ante la crisis ecológica, las mujeres son quienes expresan mayor predisposición a cambiar sus hábitos de consumo personales en comparación con los hombres para mitigar los problemas del medioambiente.
Para conocer más al respecto puedes consultar el informe en el siguiente enlace.
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