¿Alguna vez has estado tan cansada que lo único que deseas es llegar a casa y descansar, pero sabes que no es posible? En tu mente, seguro enlistas las tareas que aún debes realizar en el hogar, pues el trabajo —en este caso el no remunerado— no termina: debes lavar trastes, preparar comida para el día siguiente y, en caso de tener una niñez a tu cargo, ocuparte de los cuidados que necesita.
En México, el trabajo del hogar no remunerado representó 26.3 % del producto interno bruto (PIB) en 2023, de acuerdo con el INEGI, y en 2025, el 71.5% del valor total que el trabajo no remunerado que aportó a la economía mexicana (26.3%) fue realizado por las mujeres.
El Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE) en México recopila estas cifras en el nuevo folleto divulgativo Avalancha de cuidados. Lo invisible de nuestras decisiones reproductivas con el propósito de ampliar la conversación sobre la problemática del trabajo de cuidados no remunerado y su impacto en la autonomía reproductiva y la vida de las mujeres y personas con capacidad de gestar.
Es así como se pregunta y desglosa de manera asequible: “¿Qué son los trabajos de cuidados?, ¿a quién le corresponden? y ¿qué tienen que ver con mis decisiones reproductivas?”.
Para conocer más al respecto platicamos con Verónica Esparza, coordinadora del área de investigación en GIRE.
“Las decisiones reproductivas no ocurren en el vacío”
En el insumo, GIRE plantea que la presión por asumir las tareas de cuidado y de trabajo no remunerado se refleja como el supuesto “destino reproductivo de las mujeres”, y que, combinado con la división sexual del trabajo, “se ha impuesto a las personas con capacidad de gestar una cadena de responsabilidades de cuidado que parece inevitable”.
“Hemos confundido la capacidad biológica de gestar con una obligación y la maternidad con la obligación de cuidar” (. -Verónica Esparza )
Esparza explica que existe un vínculo directo y profundo entre la “avalancha de cuidados” y la autonomía reproductiva; las decisiones reproductivas y las posibilidad de construir un proyecto de vida están atravesadas por condiciones reales: sociales, económicas y culturales.
Contrario a la creencia común, hablar de autonomía reproductiva no se limita únicamente al hecho de decidir si tener o no hijas o hijos; implica contar con las condiciones óptimas para ejercer esa decisión de manera libre, sin que las tareas de cuidado recaigan exclusivamente en las mujeres.

“De no ser así, sucede lo que nombramos como avalancha de los cuidados, en donde la presión constante en el “destino reproductivo”, ha impuesto a las personas que tienen capacidad de gestar una cadena de responsabilidades de cuidado que parece inevitable y que desborda”, señala Esparza en entrevista.
Como se señala en el insumo, esta doble carga está relacionada con la idea de que las mujeres son cuidadoras por “naturaleza”. Otro dato revelador es que el 31.1% de las mujeres de 15 a 49 años que cursaban un embarazo en 2023 (ENADID), no deseaba embarazarse o hubiera preferido esperar más tiempo para hacerlo.
“Una de las reflexiones centrales de este insumo es que las decisiones reproductivas no ocurren en el vacío”.
Avanzar hacia la redistribución de cuidados
¿Es posible hacer realidad un mundo en donde los cuidados no se transformen en una avalancha de tareas insostenibles para las mujeres, que repercuten en su autonomía reproductiva? En este insumo GIRE va más allá del diagnóstico y plantea líneas de acción fundamentales como:
Garantizar que las gestaciones sean realmente libres: nadie debería enfrentar presión social, familiar o cultural para convertirse en madre. El marco jurídico debe garantizar el derecho a decidir, incluyendo el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva, así como al aborto seguro, legal y gratuito.
Generar/contar con las condiciones óptimas para que las decisiones se lleven a la práctica: no basta con querer o no tener hijos; se necesitan servicios de salud integrales, métodos anticonceptivos, atención médica antes, durante y después del parto, y acceso a aborto seguro según las necesidades. También hacen falta condiciones laborales que permitan cuidar sin perder ingresos ni seguridad en el empleo, como licencias de maternidad y paternidad remuneradas.
Reconocer la corresponsabilidad del Estado: el cuidado no debe recaer exclusivamente en las familias y las mujeres. El Estado tiene la obligación de impulsar políticas públicas que distribuyan mejor estas tareas, ofrecer servicios accesibles de cuidado infantil, apoyos para personas cuidadoras y condiciones laborales compatibles con el cuidado.
Además, Esparza invita a cuestionar las normas culturales y dejar de asociar el cuidado con una responsabilidad feminizada. Esto requiere que los hombres asuman una responsabilidad activa y cotidiana, y que las instituciones, las comunidades y el Estado participen en sostenerlo.
“Mientras la responsabilidad de cuidados se siga distribuyendo de manera desigual y no existan condiciones sociales e institucionales que las sostengan, la autonomía reproductiva seguirá enfrentando límites. Reconocer esta relación es fundamental para avanzar hacia una agenda de justicia reproductiva que coloque los cuidados como una responsabilidad compartida”, finalizó Esparza.
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