Argentina ha sido, históricamente, pionera en movilización social y conquista de derechos. Desde las abuelas de Plaza de Mayo —que enfrentaron a la dictadura cívico-militar argentina durante la década de los setenta buscando a sus hijos e hijas desaparecidas— hasta la marea verde, el movimiento de mujeres por el derecho al aborto que traspasó fronteras y conquistó las calles y las movilizaciones de toda la región.

Sin embargo, desde la llegada del presidente ultraderechista Javier Milei al poder, los embates en contra de los derechos conquistados han sido constantes y feroces: el desmantelamiento de los programas de prevención de la violencia de género y la eliminación del Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad son solo ejemplos de una política mucho más amplia. Esta narrativa ha sido particularmente violenta cuando se trata de derechos sexuales y reproductivos. De esta coyuntura parte el podcast narrativo Lo que el río trae, realizado por las periodistas Viviana Lorente y Sonia Tessa. En esta serie sonora de tres episodios no solo se describen los obstáculos a los que se enfrentan las mujeres argentinas, sino que también se exploran las redes comunitarias construidas desde el feminismo y los ecos que hermanan a toda Latinoamérica.

La producción pública de medicamentos para abortar: episodio I

En Santa Fe —una provincia del noreste argentino—, un laboratorio estatal tomó una decisión que entonces parecía improbable: fabricar los medicamentos necesarios para abortar. En 2018, el Laboratorio Industrial Farmacéutico (LIF) empezó a producir misoprostol. Cinco años después sumó la mifepristona. Con ambos medicamentos, se convirtió en la primera institución pública de América Latina en producir el esquema completo para la interrupción segura del embarazo.

La experiencia santafesina adquirió una nueva dimensión después de la aprobación de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, en 2020, cuando el Estado nacional comenzó a comprar esos medicamentos para garantizar su distribución en todo el país. Pero esa política cambió con el gobierno de Javier Milei: las compras nacionales se interrumpieron y las provincias tuvieron que encontrar sus propias formas de sostener el acceso.

El primer episodio de Lo que el río trae reconstruye esa historia desde las voces de quienes participaron en ella: funcionarias y funcionarios, profesionales de la salud y activistas que durante años trabajaron para hacer posible una política que hoy enfrenta un escenario completamente distinto.

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Los puentes que supimos construir: episodio II

Hay derechos que existen en el papel, pero que se vuelven mucho más difíciles de ejercer cuando falta un medicamento, una consulta o un centro de salud cerca.

Un anticonceptivo que no llega, un tratamiento para abortar que deja de estar disponible o una consulta que se vuelve inaccesible pueden transformar una decisión sobre el propio cuerpo en una carrera contra el tiempo.

En el segundo episodio de Lo que el río trae, Viviana Lorente y Sonia Tessa se alejan de las instituciones para mirar qué ocurre en los territorios cuando las políticas públicas no alcanzan o empiezan a desaparecer.

Las respuestas aparecen en otros lugares: en los barrios, en las organizaciones feministas, en las redes de promotoras de salud y en las colectivas que acompañan a quienes necesitan información, medicamentos o simplemente saber que hay alguien del otro lado.

Son redes que no surgieron de un día para otro, pero que sí se construyeron a partir de experiencias compartidas. En este episodio se narran algunas de esas historias a partir de preguntarse qué sucede con los derechos cuando quienes deberían garantizarlos se retiran. Y, sobre todo, quiénes aparecen para sostenerlos.

Imaginar para volver a florecer: episodio III

El último episodio de Lo que el río trae es un gran espejo donde se refleja la región entera. Mientras las derechas radicales ganan elecciones, los derechos se convierten en uno de sus principales campos de batalla.

El retroceso no ocurre únicamente en las leyes. También aparece en los discursos, en las instituciones, en los presupuestos y en las formas de nombrar —y controlar— nuestros cuerpos.

En el episodio Imaginar para volver a florecer,  Viviana Lorente y Sonia Tessa dialogan con distintas referentes de la región quienes comparten experiencias, estrategias y aprendizajes frente a un escenario que trasciende las fronteras nacionales. Testimonios como el de Ana Priscila Alves, integrante de la Marcha Mundial de las Mujeres en Río de Janeiro, Brasil, o el de Mónica Roa, fundadora y directora de la organización Puentes, describen las redes que se sostienen, los saberes que circulan y las alianzas que se construyen incluso en los momentos más adversos.

Porque los feminismos también han aprendido a moverse cuando cambian las reglas. A encontrarse entre territorios, a compartir herramientas y a convertir el cuidado y la organización colectiva en formas de resistencia.