En 1994 Kyle Rayner, uno de los protoganistas del cómic Linterna Verde, era el personaje del momento. Sin embargo, las historietas auspiciadas por la compañía DC Cómics, abordarían una de las escenas más escabrosas y violentas: una nota firmada por su enemigo Major Force, alertó al superhéroe de que dentro de su refrigerador se encontraba una gran sorpresa. En el interior, su novia, Alexandra DeWitt yacía descuartizada, sus ojos y sus brazos sobresalían de la puerta del refrigerador.

Kyle Rayner, más tarde, en su búsqueda de venganza, se convertiría en uno de los héroes más poderosos y resilientes para después, superar su odio y llevarse las palmas por su historia… Mientras tanto, el cuerpo de Alexandra DeWitt permanece en el refrigerador

Este es uno de los arcos argumentativos que, como calcas, se repiten en los cómics y en las películas; mujeres en refrigeradores, asesinadas con extrema violencia y abusadas que alimentan la historia del héroe principal. Un patrón que una joven guionista de historietas identificaría: Gail Simone

Entrando a principios del milenio, Gail Simone comenzaría a recopilar todas las historias que instrumentalizaron de manera violenta los cuerpos de las personajas que, por lo regular, terminaban sin poderes o mutiladas, dando así origen al término “Women in refrigerators” que después sería aplicado a otros escenarios además de las historietas, por ejemplo, en películas o series.

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Otro ejemplo del uso de este recurso es Gwen Stacy que en todos los universos muere para impulsar la historia de Spiderman, sin embargo, la lista es larga y puedes consultar el sitio aquí

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Batwoman, Elektra, Mirage, Wildcat y una lista interminable de superheroínas que terminan siendo asesinadas, violadas, con pérdida de la cordura o con la pérdida total de sus poderes. Aunque es necesario hacer hincapié en que estos actos de violencia son comunes en las historietas para todos los personajes, existe un punto diferencial importante. Por ejemplo, mientras una de las historias más importantes de Batman es cuando le quiebran la espalda y termina sin la capacidad de caminar por meses hasta que, conmovido por la justicia y la venganza, logra levantarse de su silla y regresa más poderoso que nunca; las mujeres nunca vuelven y tampoco recuperan sus poderes.

En en ese mismo universo de historietas -donde Batman se recupera milagrosamente-, Barbara Gordon "Batgirl" recibe un disparo en el abdomen y, pese a la diferencia de las heridas, ella nunca vuelve a carminar y abandona por siempre su papel como heroína.

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Entonces, ¿qué sucede con esta clase de contenido que instrumentaliza a las mujeres? Para desmenuzar este tema y cuestionar qué sucede con el contenido que consumimos, conversamos con Sonia Herrera, investigadora, docente universitaria y crítica audiovisual especializada en estudios feministas. 

¿En dónde más encontramos este fenómeno?

En entrevista con La Cadera de Eva, Sonia Herrera define este término como algo brutalmente cruel, pero que, al ponerlo en perspectiva, define muy bien el papel que las mujeres han desempeñado históricamente en los medios masivos; papel que se resume en dos vertientes: asesinada o abusada sexualmente

“Es un término que heredamos del cómic pero si piensas en cualquier serie de criminales, thrillers, el 90 y tantos por ciento de los personajes que terminan así son mujeres, tienen que terminar en el refri para que los otros hagan algo”, explica la especialista.

El término de “mujeres en refrigerador” ha servido para poner bajo la lupa cómo se gestan discursos de odio en los cómics, pero, esta violencia simbólica se remonta a décadas y décadas atrás. 

¿En qué piensas cuando hablamos del proceso histórico?: Esto viene de largo, siempre me gusta poner el ejemplo de la ópera de Carmen, es la justificación total de un feminicidio, viene de la tradición de creer que existen crímenes pasionales, viene de esta locura por el amor romántico, viene de mucha historia que ha normalizado de manera muy macabra y perversa la extrema violencia para después, convertirnos en entretención. Se nos puede asesinar para entretener, pero no para denunciar. 

Si no estás identificada con esta ópera que data de los 1800, el contexto es sencillo: José, vándalo y salvaje se enamora perdidamente de Carmen, una mujer que ama la libertad y va contra la institución del matrimonio, un espíritu rebelde que despertará la furia de José que se muestra celoso y desesperado. A continuación, te dejamos aquí el acto final de la ópera que asume el fatalismo de la historia:

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Los medios y su estrecha relación con la vida real

Al hablar de esta relación, Sonia Herrera explica que es necesario pasar por el término de performatividad de Judith Butler, que, sostiene que existe una “producción discursiva”; configuraciones culturales que construyen lo que es “real”, logrando que las personas naturalicemos comportamientos, corporalidades, razas y roles de género hegemónicos en el sistema. 

Esta performatividad nos fragmenta y crea la idea de cómo debe de gestionarse nuestro comportamiento, nos incita a alcanzar sus modelos hegemónicos y nos disciplina a permanecer en estas categorizaciones de clase, color, edad, religión y heteronormatividad. Cuando hablamos de performatividad, no se trata de un acto que ejercemos las personas, sino que se trata de una imposición de los poderes mediáticos / sociales que nos reiteran las normas y se instauran en el pensamiento colectivo.

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Una vez con esto sobre la mesa, Sonia Herrera explica que los medios que consumimos no siempre reflejan nuestra realidad, sino que la construyen a través de la performatividad. Este hecho crea una tolerancia y naturalización de la violencia en contra de las mujeres, migrantes, personas racializadas o en situación de vulnerabilidad

A continuación, intercede otro pilar importante: la objetivación de la mujer

¿Alguna vez has visto una película de true crime / horror que inicia con el feminicidio de una mujer?, tal vez, una trabajadora sexual. A este fenómeno, la especialista nos acerca explicando cómo la figura feminizada se convierte solamente en un cuerpo. Desconocemos su nombre o quién es, su papel en la película será ser abusada, vejada y asesinada, su muerte es la excusa para que se desarrolle la historia. 

“¿Por qué hacen esto?, pudiendo hacer cualquier cosa para dar desarrollo, pero no, es una codificación que incluso pasa inadvertida porque somos entretenimiento o motivo para la acción del héroe. Lo hemos normalizado tanto que esto ya nos resulta normal e incuestionable”, expone Sonia Herrera.

Al preguntarle el porqué nos resulta tan difícil cuestionar estas prácticas, la especialista responde de manera concreta: Porque siempre ha sido así, eso hace que nos cueste mucho reaccionar y mirar el contenido con una mirada crítica, pero detrás de ese “siempre ha sido así” se entraña mucha violencia.

Cuestionar para erradicar

Entonces, si los medios de comunicación ejercen performatividades en todas las personas y cuestionar el contenido que consumimos puede resultar completo, ¿qué es lo que podemos comenzar a hacer? El primer paso, es precisamente, realizarnos esta pregunta y saber interpretar las realidades que vemos en las películas, series o historietas. 

Sonia Herrera hace especial hincapié en que no se trata de apelar a la cancelación total de los productos audiovisuales violentos, sino más bien, saber educar la mirada. 

Por ejemplo, yo sé que no quiero que Dumbo salga del catálogo de Disney y que nadie más la vuelva a ver, lo que sí quiero es tener la capacidad de educar a mi hijo para descifrar y entender que ahí se abordan mensajes racistas y misóginos.

Como docente universitaria, comparte con La Cadera de Eva un ejercicio que también puedes practicar en casa y que, para ella, representa un trabajo muy sano y paralelamente, también bastante complejo. El ejercicio va así: Dedica un par de horas a volver a las películas, series o contenido que disfrutabas a tus 14 o 16 años, entiende qué es lo que ves, cuestiónalo y puede que te lleves sorpresas muy gratas -o puede que no-, en cualquiera de los dos escenarios, estás dando el primer paso para entrenar tu mirada.

Entonces, por una parte, tenemos el trabajo que tú como persona expectante puedes realizar, indagar y criticar, por otra parte, se encuentra la responsabilidades de quienes producen este contenido altamente violento y es aquí donde entra otro problema porque el cine, muchas veces, se cimenta en imágenes gráficas y la instrumentalización de los cuerpos para contar historias. 

 ¿Sabes dónde está el cambio?, pregunta Sonia Herrera y responde subsecuentemente: En crear ficciones que muestren otras maneras de ser y estar en el mundo, deben de haber más relatos y narrativas diversas, menos violentas y menos hegemónicas. Y es muy difícil porque hay muy poco contenido que te haga decir: qué ejecución tan buena para contar determinada violencia, pero no. Pienso por ejemplo, en esas secuencias explícitas de violaciones sexuales, ¡sí, ya sé lo que es una violación!, no necesito salir con las tripas revueltas y con las piernas temblando. 

Ahora sí, con estas herramientas sobre qué es la performatividad, los ejercicios para cuestionar y entendiendo la aversión contra figura feminizada en la historia del cine, cómic, series, teatro y ópera, se da la pauta para comenzar tu revolución contra el poder mediático. 

A continuación, las recomendaciones que la misma Sonia Herrera tiene para ti y que han transformado la manera en que concebimos las narrativas; películas y series conmocionantes, recrudecidas y poderosas que narran historias de profundas violencias sin oprimir, exponer ni instrumentalizar las cuerpas de las mujeres. 

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