En la era de la inmediatez y de la conectividad, procurar, sostener y cuidar nuestros vínculos afectivos se convierte en una tarea que día con día enfrenta múltiples desafíos. Pregúntate, ¿cuándo fue la última vez que pasaste tiempo de calidad con una amiga? ¿Cómo se procura ese vínculo? ¿Qué entendemos por redes de apoyo y cómo las sostenemos?
Para responder a estas preguntas la psicóloga clínica con perspectiva de género y escritora, Olga González, nos propone regresar a nuestra tribu: a reexplorar los vínculos que nos apapachan, que nos ayudan a combatir la soledad y nos aligeran la vida.
Nuestras amistades, vínculos y redes de apoyo están pagando el precio de la autoexigencia en la era del capitalismo voraz. Por ello, en Tribanas (2026) —libro publicado por la editorial Grijalbo—, y a partir de un proceso de autoanálisis personal, social, cultural y antropológico, Gónzalez explora cómo la cultura del rendimiento y la hiperproductividad, nos hace postergar las cosas importantes de la vida por alcanzar logros.
En entrevista con la Cadera de Eva, la autora nos advierte que la comunicación digital no es un sustituto de la presencialidad y nos invita a “intencionar el encuentro, intencionar el tejido” para sanar los vínculos mutuos y así “defender juntas los derechos ganados”.
¿Bajo qué circunstancias comenzaste a escribir este libro? ¿Hubo algún evento específico que impulsó la necesidad de escribir sobre las redes entre mujeres?
Todos mis libros nacen de procesos personales con los que me siento identificada. Con el de Detox Digital (2020) fue mi propia adicción a las redes. Con Tribanas (2026) fue mi experiencia de vivir una vida aparentemente llena de amor y rodeada de personas queridas, pero sintiendo que algo me faltaba. Experimentaba una fuga de energía, parálisis creativa y un cuestionamiento constante sobre si estaba rindiendo al máximo, comparándome con los ritmos de otras mujeres.

En el libro hablas mucho de las heridas entre mujeres y la importancia de sanarlas. ¿Por qué era importante para ti abordar este tema y cómo se presentan estas heridas en nuestra vida cotidiana y en nuestros vínculos familiares y amistosos?
Es el terreno que me toca como psicóloga clínica. No se puede hablar de las emociones sin considerar los problemas estructurales. En mi práctica diaria veo que las mujeres nos hemos lanzado a una lucha necesaria por nuestros derechos, pero cuando nos miramos entre nosotras, encontramos terrenos poco explorados como las rivalidades y la competencia, elementos que las redes sociales han avivado debido a nuestras inseguridades. El sistema patriarcal impacta directamente en nuestras heridas de la infancia y en nuestras relaciones.
Además, las carencias en la crianza y los traumas tempranos adormecen los circuitos del cuidado, lo que nos impide conectarnos. Esto se suma a la violencia relacional que vivimos desde niñas, como cuando en el recreo te dejan de hablar sin que sepas la razón. Así se construye la falsa creencia de que la peor enemiga de una mujer es otra mujer. El libro es un llamado a la unión; ante los retrocesos de derechos a nivel mundial, necesitamos un frente unido, y para lograrlo debemos sanar nuestras heridas mutuas en lugar de vigilarnos o competir.
¿Qué tan importante es el cuidado en las relaciones amistosas y cómo influye la comunicación en ellas?
Las relaciones interpersonales son sumamente delicadas. A veces creemos que por ser amigas debemos ejercer una honestidad brutal que termina hiriendo. Escribí un capítulo entero sobre cómo conversar, ceder los turnos al hablar, reforzar lo que el otro dice y cambiar de tema, porque la era digital ha erosionado gravemente las habilidades sociales.
Si no cuidamos nuestra forma de comunicar y de relacionarnos, caemos en el victimismo de sentirnos excluidas sin ver nuestra propia conducta. Las interacciones digitales facilitan la comunicación, pero también generan muchas malinterpretaciones. Por eso considero indispensable este aprendizaje de habilidades sociales, especialmente para las nuevas generaciones.
¿Qué entendemos realmente por redes de apoyo y qué repercusiones tienen para sostener la vida pública y privada?
Una red de apoyo no tiene que estar conformada exclusivamente por amigas íntimas. Puede incluir a la vecina que te riega las plantas o cuida a tu mascota; es un entramado de generosidad mutua. Cuando no existen estas redes, vemos casos trágicos como el de Lindsay Clancy, donde la soledad extrema y la falta de un entramado de apoyo social y afectivo no fueron detectados a tiempo.
Las mujeres atravesamos procesos biológicos y emocionales muy particulares como la primera menstruación, partos, crianza, cáncer de mama, desamor que requieren el acompañamiento de la tribu. Actualmente, el sistema capitalista nos exige hacerlo todo solas y premia la autoexplotación y la hipereficiencia, lo que invisibiliza a la mujer que decide llevar una vida sencilla y descansar. Esta exigencia genera una profunda soledad y erosiona nuestros vínculos principales.

¿Por qué era importante para ti dar a tu libro el nombre de “Tribanas” y cómo surgió este nombre?
El libro originalmente tenía otro título que no me convencía. Durante una reunión en mi casa con escritoras que admiro profundamente experimenté esa sensación de ligereza, aceptación incondicional y apoyo mutuo que surge entre mujeres. Pensé que este sentimiento de hermandad era como una tribu, pero la palabra se me quedaba corta para describir la acción de apoyarnos, inspirarnos y compartir cuidados. Empecé a jugar con los términos y surgió “Tribanas”.
Al día siguiente busqué el significado en internet y descubrí que, además de ser un apellido de origen catalán, define a una herramienta, como la broca o la barrena, que sirve para perforar, sostener y anclar. Fue un momento de revelación increíble porque la palabra describía exactamente lo que hace una tribu femenina.
En el libro nos regalas pequeños rituales, preguntas de reflexión y ejercicios escritos para invitarnos a hacer comunidad. ¿De dónde surge la necesidad de incluir estas dinámicas prácticas?
Surge de mi formación como psicóloga clínica. Creo firmemente en hablar de los problemas pero también en trabajar activamente para resolverlos. Quise proveer herramientas prácticas para que las lectoras puedan incorporarlas en su vida diaria y sanar.
Por otro lado, desde hace años escribo poesía y cuentos, pero no me atrevía a publicarlos porque tengo amigas escritoras de gran calibre como Sofía Segovia, Tamara Trottner o Sophie Goldberg. Fueron ellas mismas quienes me impulsaron y empoderaron para compartirlos. Esto demuestra la importancia de estar en la mesa correcta con mujeres que te alientan.
Finalmente, ¿cómo podemos reconstruir nuestra tribu y volvernos “tribanas” solidarias? y, por otro lado, ¿por qué es tan importante seguir eligiéndonos entre mujeres, especialmente en un país como México?
Reconstruir nuestros vínculos es difícil hoy en día debido a la digitalización, que nos da la falsa sensación de estar presentes mediante un "me gusta" o un mensaje de voz, sustituyendo el esfuerzo del encuentro físico. Debemos ser conscientes de que contar con una red de apoyo sólida mejora el sistema inmunológico, prolonga la vida hasta 15 años, acelera la recuperación de enfermedades y previene la ansiedad y la depresión. Mi objetivo no es dar una receta exacta de cómo reconstruir la tribu, sino despertar la conciencia para que cada quien encuentre sus propios medios. Debemos intencionar el encuentro y el tejido de nuestras relaciones.
Respecto a México, nuestros derechos están en la cuerda floja y bajo constante amenaza debido a ciertos liderazgos globales. Lo más preocupante es que están surgiendo figuras femeninas que lideran movimientos antifeministas porque no comprenden cómo las afecta el sistema patriarcal, lo cual fragmenta nuestra unión. Si nos mantenemos unidas y dejamos de dividirnos por nuestras decisiones de vida, podremos conservar lo ganado y protegernos mutuamente.
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