El próximo miércoles 8 de abril a las 16:00 horas, el espacio frente a la torre de Rectoría de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se transformará en un punto de encuentro para la memoria y exigencia por el título profesional póstumo de Verónica Soto Hernández, una joven y destacada estudiante de la entonces Escuela Nacional de Enfermería y Obstetricia (ENEO), víctima de violencia feminicida el 1 de noviembre de 2019 en Naucalpan, Estado de México.
Esta no será una movilización más, sino un acto de exigencia pública donde la señora Andrea Soto, acompañada por la colectiva Las Siemprevivas y estudiantes de la comunidad universitaria, alzará la voz para exigir justicia y honrar la memoria y vida de Verónica.
En entrevista con La Cadera de Eva, la señora Andrea Soto señala que “conseguir el título de mi hija es enorme, y no nada más para mí, sino para todas las mujeres de la UNAM, para todas aquellas las que ya no están y para las que están, que luchan por algo de dignidad”.
Una promesa que no llega
La exigencia del título profesional póstumo no es un capricho, es una forma de justicia simbólica; se trata de un grito por la reparación para visibilizar la dignidad de las estudiantes víctimas de feminicidio que mantiene y sostiene su memoria. Este es el caso de Verónica Hernandez Soto y de su familia que, a seis años de injusticia, continúan exigiendo una promesa que no llega.

La exigencia no es arbitraria, nace de un compromiso directo. Como explica Andrea Soto en entrevista, durante el funeral de su hija en 2019, la directora de la entonces ENEO, hoy Facultad de Enfermería y Obstetricia (FENO), se comprometió personalmente a entregarle el título postmortem.
Sin embargo, con el tiempo, la institución se retractó, ofreciendo únicamente un “diploma de pergamino” bajo argumentos burocráticos. En mesas de trabajo con autoridades universitarias, la familia ha enfrentado comentarios insensibles. Un ejemplo claro se suscitó cuando, de acuerdo con el relato de Andrea Soto, una funcionaria la cuestionó preguntándole “para qué quería un cuadro en la pared”, refiriéndose al título de su hija. “Mi hija se paró, puso en alto el nombre de la UNAM y me dicen: 'era su obligación'. Yo creo que cuando tenemos obligaciones y las cumplimos, tenemos derechos también”.
“Los servidores públicos acaban con la poca fuerza que le queda a uno como ser humano, acaban con la esperanza de encontrar justicia”. (Andrea Soto)
Para Andrea Soto, este incumplimiento es una forma de violencia institucional que ignora no solo el dolor de la familia, sino también los méritos de Verónica como estudiante y el esfuerzo colectivo que representó para su familia ser la primera mujer en acceder a la educación universitaria.
“Nos costó; nos costó y me incluyo porque nos costó desvelos. Nuestra situación económica era difícil, trasladarse desde Cuajimalpa hasta Tlalpan era difícil. Hubo mucho esfuerzo; Vero me apoyaba a mí como yo a ella. Yo tenía un negocio pequeño de comida y ella, aparte de sus estudios me ayudaba para que sacáramos su futuro adelante”, cuenta la señora Andrea Soto, y continúa: “Es algo que para mí representa el reconocimiento de toda esa lucha y de todo el esfuerzo que ella vivió en la carrera”.
¡Justicia y memoria!
La memoria de Verónica Soto Hernández no solo reside en sus logros académicos y de excelencia dentro de la institución, su caso se ha convertido, precisamente, en un símbolo de la lucha.

La petición de la señora Andrea Soto y de la colectiva Las Siemprevivas, así como de compañeras universitarias, es un acto en contra de la invisibilización de la memoria de las mujeres estudiantes que con su esfuerzo y dedicación sostienen las instituciones educativas.
Esta exigencia no es imposible, sí tiene precedentes; el pasado marzo de 2026, los padres de Berenice Giles Rivera, estudiante de la Facultad de Estudios Superiores Aragón (FES Aragón) y fotoperiodista, que falleció el pasado 5 de abril de 2025 durante la cobertura del Festival Axe Ceremonia, en el Parque Bicentenario, víctima de negligencia y falta de protocolos rigurosos de seguridad, recibieron el título profesional póstumo de su hija en un acto de memoria.
Para la señora Andrea Soto, el caso de Bere Giles demuestra que la negativa de la UNAM no se debe a un impedimento legal, sino a una falta de voluntad política y una visión limitada de las autoridades que no reconoce el esfuerzo individual y colectivo de cursar una carrera universitaria.
“Vivo para exigir memoria, verdad y justicia para mi hija Verónica Soto Hernández y no pararé hasta mi último aliento”. (Andrea Soto)

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