Lo primero que me llama la atención de Yol Segura, escritore no binarie que acaba de publicar en Almadía el poemario Tiene adentro algo que brilla, es que ordena sus libros por colores, y eso ya dice mucho de su forma de escribir. Yol busca el hecho poético más que la razón científica; trabaja con la política de las cosas que no son tan evidentes, ahí donde se cruzan los afectos con la política.
Así, en Tiene adentro algo que brilla, aborda el cuerpo, el género, la luz, el cielo, el barroco, a Velázquez y a Sor Juana; en sus palabras, una de las poetas más brillantes que ha existido en la historia de la humanidad.
Compartimos un ratito con elle para hablar de todo lo que evoca el poemario.
¿Por qué Juana Inés de Asbaje?
Tiene adentro algo que brilla trata, entre otras cosas, de pensar los cuerpos de las mujeres y de las personas en general en una serie de condiciones específicas, y para esto Sor Juana me servía muchísimo. Hay mucho político en su figura que me parece muy interesante. Lo que la hace una escritora tan importante es que a cada generación le habla desde lugares distintos, y a mí me interesaba hablar de qué dice Sor Juana de nosotres como personas queer, como personas que escriben, que intentamos transformar el mundo, un poco para nosotres, pero también para les demás.
Desde ahí hay un hallazgo poético que tiene que ver con pensar a Sor Juana como una persona no binaria. Y yo sé que no estamos listes para esa conversación, pero a la vez estamos listísimes para esa conversación.
En el contexto específico de este libro, estoy intentando buscar referentes que han sido borrados de la historia; es decir, no hubo manera de que borraran a Sor Juana de la historia, pero sí ha habido múltiples maneras de borrar su corporalidad. Es desde ahí desde donde encuentro una posibilidad enunciativa. En ese sentido, este libro es uno de los que más dice de mí en términos de quién soy yo en este momento.
¿Cuándo empiezas a escribir?
Con cinco años. Mi papá me regaló un librito que contaba una historia solo con ilustraciones y a mí me pareció una gran idea hacer el texto de esas ilustraciones. Ese es el primer recuerdo que tengo de hacer cosas con palabras.
A partir de ahí, hubo un proceso largo de no tomarme en serio la escritura o de no saber que podía convertirla en una profesión. Yo crecí en un pueblo en el que no había bibliotecas ni referentes. Fue hasta muchos años después que entendí cómo hacerlo. Si hace diez años exactamente publiqué mi primer libro de poesía, mira el camino que me tomó llegar hasta ahí.
Como acabas de decirlo, empiezas publicando poesía, ¿qué es para tí la poesía?
Es la posibilidad de encontrar sentido en elementos que en la vida cotidiana están separados. Hay mucho de la técnica cinematográfica de montaje a la hora de escribir poesía, que es en sí la misma técnica de un meme. Un meme te causa risa porque lo que hace es presentarte una imagen conocida, la descontextualiza, le agrega texto y ahí, en ese encuentro, hay espacio para el humor.
Creo que eso mismo es la poesía y por eso me indigna cuando se entiende como algo alejado de la realidad, para unas cuantas personas solamente. Porque todas tenemos, de alguna u otra forma, la experiencia poética en la vida.
En ese sentido, ¿cómo desmontar la idea, alimentada por las élites, de que la poesía es una escritura compleja e ininteligible?
Sacándola de la página. Es importante transformar los mecanismos de circulación de lo poético, para eso las redes sociales sirven muchísimo. Odio las redes sociales para casi todo, excepto cuando las abro y encuentro un poema.
También tiene que ver con insertarla en la vida cotidiana; por ejemplo, disfruto mucho, en una conversación random, compartir poemas con mis amigas, tipo: “lo que dijiste me hizo pensar mucho en un poema de Jimena Arnolfi que dice tal”. Eso provoca un encuentro distinto con la poesía, porque dejas de verlo como algo que está sucediendo en un contexto acotado para estar en la vida cotidiana.
Sacralizar la poesía hace que perdamos la posibilidad de lo cotidiano y eso sí está dado por ciertas élites intelectuales, porque hay un potencial muy subversivo en la poesía, y ellos lo saben y justo por eso les interesa mantenerlo abstraído de todo lo demás.
Si como dice Audre Lorde, la poesía es es la herramienta para transformar el silencio en lenguaje y acción y por eso mismo es el espacio en el que las mujeres y las minorías nos podemos encontrar, ¿Cómo es tu encuentro contigo misme en ese espacio llamado poesía?
Yo llego a lo poético casi en un cien por ciento a través de conversaciones con gente que quiero. Ahí se abre lugar para lo que nos mueve, nos duele, nos preocupa, nos obsesiona; de ahí voy juntando fragmentos de vida.
Por ejemplo, para este libro yo hice una investigación sobre Sor Juana para un documental y en ese camino fui sacando pedacitos de ella que a mí me resonaban más allá de lo poético: ¿por qué tenía que defender tanto si era hombre o era mujer? ¿Por qué tenía que posicionarse sobre eso? ¿Por qué le escribía poemas de amor a la Marquesa y todo el mundo decía que sus poemas eran imitación de sus contemporáneos?
Puede ser que sí, pero también puede ser que no, y a mí me gusta más ese puede ser que no. Puede ser que ella deseara de una forma muy subversiva en ese contexto y, como no podemos volver al pasado y preguntarle si le gustaba la Marquesa, sí podemos construir una Sor Juana que, en efecto, le daba sus besos a la Marquesa y que no se pensaba ni como hombre ni como mujer.
Entonces, el encuentro conmigo misme también tiene que ver con una pregunta identitaria que rehúye lo identitario. ¿Quién soy despojade de las exigencias de la sociedad binaria? Me interesa la visibilidad de una persona lesbiana no binaria, pero no me interesa que ese sea mi único lugar de enunciación.
Me siento muy cercane a la figura de Sor Juana en el sentido de ser una persona demandando el sitio para escribir, para publicar, para pertenecer al circuito de lo literario, viniendo de un contexto en el que eso no estaba permitido.
En mi afán de hacer aparecer cosas en el mundo, mi intención es hacer aparecer esto para que, en el mejor de los casos, habilitemos conversaciones en donde otras, otres, se encuentren también en la figura de Sor Juana, viéndola como algo que nos pertenece desde lo queer y desde un presente anticolonial.
Asumiendo la tradición como algo con lo que también se puede trabajar, es decir, esa tradición que nos excluyó también tiene la potencia de hacernos aparecer en ella.
¿En qué dispositivo de escritura te sientes más cómode, la narrativa o la poesía y cuál crees que tiene más apertura para la experimentación queer?
Me siento igualmente incómode en todos los dispositivos de escritura. Es verdad que llevo más tiempo haciendo poesía y por eso tengo más experiencia haciéndola, sabiendo qué mecanismos me funcionan para componer poemas. Pero cada cosa que quiero escribir demanda un dispositivo específico; es decir, no me imagino escribiendo esto como una novela ni como una tesis, pero lo que estoy escribiendo en este momento solo podría salir en un dispositivo narrativo.
Las literaturas queer que más me interesan son las literaturas experimentales. Esa experimentación sucede en la poesía, pero también en la narrativa y en el ensayo. Lo experimental es casi inherente a lo queer, porque lo queer, como modo de experimentar el mundo —y no como identidad o práctica sexual—, todo el tiempo te obliga a estar cuestionando el mundo y, en ese sentido, los dispositivos literarios también son susceptibles de cuestionarse.
Lo queer y la experimentación van siempre de la mano; en ese sentido, intento replicar ese procedimiento en cualquier cosa que escriba.
¿Cómo fue el proceso de escritura del poemario?
A la hora de escribir poesía, la curiosidad es muy importante. Como te dije, yo tenía fragmentos de Sor Juana en la cabeza y en mi celular, y un día me encontré con la bucarofagia y ahí fue cuando dije: ¿qué es esto?
Las meninas, que es uno de los cuadros más vistos, tiene ahí el jarrito. En ese momento me pregunté: ¿cómo es que no está nadie hablando de algo que es tan evidente? Ese fue el momento en que Sor Juana y Velázquez se conectan: el barroco. Coexistieron en el mundo, estaban simultáneamente vivos. Yo no sabía cómo los iba a conectar, pero sabía que estaban conectados.
Después de observar muchísimo, encontré la intersección en los búcaros. Incluso un caballero le regala un búcaro a Sor Juana preguntando si no ha pensado que no es mujer, porque una inteligencia como la suya solo puede caber en un cuerpo de hombre. Ahí todas mis citas y mis fragmentos de Sor Juana cobraron sentido.
La conexión entre Primero sueño, los búcaros y no ser mujer es una conexión poética; no está unida en el campo semántico cotidiano, pero sí en lo poético. Fue un proceso de composición muy largo.
El poemario es muy parecido a un texto científico del siglo XVIII, basado totalmente en la observación, de ti, de tu cuerpo, del cielo, de Sor Juana, ¿cómo nace esta forma de contarte desde ahí?
Es una ciencia premétodo científico, precartesiana, que es algo que me parece más integral y más cercano a mi modo de entender el mundo, que tiene que ver con renunciar a los modelos establecidos para conocer cosas.
Por eso este libro es un libro de poemas y no una tesis, para no cuadricular el conocimiento para que quepa en los marcos de la academia, y para mí un libro de poemas es todo menos una cuadrícula y en ese sentido la observación del mundo es anterior a ir al procedimiento científico como tal.
Es mucho más cercano a la curiosidad de una criatura intentando explicarse cosas que a la necesidad de confirmación que tiene la ciencia, con su obsesión con las certezas y sistematizar cosas, que ha llevado a sesgos muy problemáticos. La poesía es justamente el antídoto contra eso, pero conserva la necesidad de conocer cosas.
En el poemario haces una disección del género, del cuerpo, de las identidades, es una anatomía del género, ¿cuál es tu método para mirar esa anatomía?
La anatomía del género es visible cuando despojas el cuerpo de las lecturas sociales, porque ahí no te queda nada.
En efecto el género es una construcción social, pero en esa construcción lo que hay son constantes limitaciones para experimentar el cuerpo. Por eso el no binarismo me parece tan potente para pesar específicamente a Sor Juana, porque es justo el rechazo a la categorización de su cuerpo, cuando dice: “si es que no soy mujer, que ninguno lo verifique”, ahí ella no está afirmando que es mujer, pero también está diciendo a nadie le importa.
La disección del género, desde Sor Juana, tiene que ver con esta frase feminista que hemos gritado tanto de, “si Sor Juana viviera con nosotras estuviera”, pues por eso me gusta pensarla como no binaria. Porque creo que si su contexto hubiera posibilitado serlo, lo habría elegido. Sor Juana me permite explorar el género en toda su potencia, no solo en lo que constriñe, sino también en lo que de libertad se abre cuando decides fugarte del género que te asignaron.
Cierras el poemario diciendo, “cuántas formas tenemos que encontrar para traducirnos” ¿Estamos obligadas las disidencias a esa traducción?
No. Pero hay una posibilidad de diálogo que yo reclamo, que tiene que ver con que también me interesa hablar con la gente cisheterosexual, porque basicamente estamos todes en el mismo mundo y, mientras encuentro mucha potencia con las conversaciones con mis comunidades, también encuentro la urgencia y la necesidad de tener conversaciones con quienes no comparten mi sistema de valores.
Es muy cansado, agobiante y no lo hago todo el tiempo, pero la convivencia con personas hegemónicas cishetero, me ha implicado reaprender cómo dialogar con esas personas que muchas veces desde ciertos activismos y feminismos se convierten en una materialización del enemigo y creo que todes encarnamos un poco al enemigo, con nuestros sesgos, nuestros prejuicios, nuestra forma de excluir a otres, porque por más que hacemos el intento, nos descubrimos teniendo sesgos.
Por más que tengo claro que no siempre tenemos que traducirnos y creo que hay experiencias que mis amigas cishet jamás van a entender, sí me interesa el ejercicio de la traducción porque precisamente creo que si el mundo cishet mirara más las problemáticas, las preguntas y los diálogos que tenemos en las disidencias, todes ganaríamos. Quiero decir, las disidencias llevamos siglos haciendo reflexiones sobre el amor, ahí hay mucha pontencia que sería bueno que exploraran desde la cisheterosexualidad. Cuando hablo de la traducción tiene que ver con eso, con que mi experiencia al mismo tiempo que es súper distinta a la tuya tampoco es tan distinta, porque tenemos los mismos miedos ante este sistema, y aunque se revista de otras cosas, el corazón de eso, es el mismo.
Me interesa conciliar como estrategia política, porque cuando vivimos en nuestras burbujas parece que el mundo es como lo pensamos y no es así, y ahí está la potencialidad; un fascista piensa que todo el mundo es como él y eso es lo peligroso. Traducir es una intención de salida ante un panorama que me parece cada vez más desolador, individualizante, aislante y artificial, y con artificial me refiero a esta pérdida de contacto con lo humano que tenemos cada vez más.
La poesía sirve para traer lo que hay de personas en nosotres, porque un poema no lo puede hacer una inteligencia artificial, lo puede emular, pero todes sabemos que no es. Creo que a veces, podemos beneficiarnos mucho de tener conversaciones fuera de nuestras comunidades, para resolvernos la pregunta de, si el mundo está de la chingada, ¿qué hacemos con eso?

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