¿Alguna vez te ha pasado que, al acudir a una consulta médica, tus síntomas son minimizados, ridiculizados o incomprendidos? ¿Has experimentado discriminación médica o retrasos en los tratamientos solo por el hecho de ser mujer? En junio, publicamos un reportaje especial sobre cáncer de ovario en mujeres jóvenes, donde la periodista Gloria Piña develó los patrones de discriminación que encuentran las mujeres, especialmente aquellas menores de 45 años, a la hora de ser diagnosticadas por cáncer de ovario. En este se revela que, aunque los casos en mujeres jóvenes han aumentado 18%, muchas son acusadas sistemáticamente de ocultar un embarazo antes de que el personal médico considere otras posibilidades. Ese retraso puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.
Pero el cáncer de ovario es solo una expresión de un problema mucho más amplio. El impacto diferenciado que enfrentan las mujeres en materia de salud es histórico y responde a un sistema médico que, durante décadas, ha tomado al cuerpo masculino como modelo universal. Porque sí: el sistema de salud tampoco fue diseñado para nosotras.
¿Qué es el androcentrismo médico?
El androcentrismo médico es la práctica de una medicina pensada para y por hombres. Durante décadas, las mujeres fueron excluidas de los ensayos clínicos y se invirtió muy poco en investigar enfermedades que las afectan de manera específica. A ello se suma una mayor frecuencia de discriminación, omisiones y falta de escucha hacia las pacientes.
El resultado es conocido: diagnósticos tardíos, sobremedicación, tratamientos inadecuados y un mayor riesgo de complicaciones en enfermedades que podrían tratarse oportunamente.
El infarto, por ejemplo, es uno de los ejemplos más claros. En general, suele hablarse de “síntomas silenciosos” o de que las mujeres tardaban más en acudir a consulta médica. Sin embargo, uno de los primeros estudios sobre sesgo de género en medicina, realizado por el New England Journal of Medicine, reveló que las mujeres tenían 50% más de probabilidades que los hombres de recibir un diagnóstico incorrecto en materia cardiovascular.
Años más tarde, se multiplicó la evidencia.
La monografía Perspectiva de género en medicina, coordinada por la Dra. María Teresa Ruiz Cantero, demostró que las mujeres eran erróneamente diagnosticadas con enfermedades mentales y, por lo tanto, se les administraban una mayor cantidad de medicinas psiquiátricas de forma innecesaria.
Por su parte, la Universidad de York, en el Scoping Review 2024, encontró que el diagnóstico de endometriosis tarda, en promedio, 6.6 años, aunque otras investigaciones elevan ese retraso hasta ocho o nueve años.
Otro ejemplo, más reciente, es el del COVID-19. El estudio Towards Precision Medicine: Inclusion of Sex and Gender Aspects in COVID-19 Clinical Studies reveló que casi 8 de cada 10 estudios realizados durante la pandemia ignoraban el análisis por sexo y género. La investigación Sex and Gender Bias in Covid-19 Clinical Case Reports de la Universidad de Illinois también añadió que de 494 reportes clínicos analizados, 45% hablaba únicamente de hombres, mientras que solo 30% se centraba en las mujeres.
Por supuesto, el hecho de que los estudios citados provengan casi en su totalidad de Europa o Estados Unidos forma parte del mismo problema: en México tenemos muy pocos datos sobre el impacto diferenciado en la medicina.
¿Cuándo comenzó a hablarse de este sesgo?
Antes del siglo XX, las mujeres eran explícitamente excluídas de los estudios clínicos bajo el falso argumento de que el ciclo menstrual —y la actividad hormonal— podían “contaminar” los resultados.
Fue en 1991 cuando comenzó a utilizarse el concepto de sesgo médico de género, después de descubrir que las enfermedades coronarias se manifestaban de forma distinta en hombres y mujeres. Mientras ellos eran enviados a estudios cardiológicos, ellas recibían con mayor frecuencia ansiolíticos.
Dos años después, el movimiento feminista estadounidense logró que los institutos de salud incluyeran estudios sobre enfermedades frecuentes femeninas para mejorar el diagnóstico, la prevensión y el tratamiento.
Hoy, más de treinta años más tarde, el androcentrismo médico sigue prevaleciendo con graves consecuencias para la salud y la vida de millones de mujeres.
¿Alguna vez les ha pasado?

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