La creación y difusión de deepnudes (imágenes íntimas falsas generadas o manipuladas mediante inteligencia artificial) constituye una de las expresiones más dañinas de la violencia digital por razón de género en México. Así lo señala el análisis Desinformación por razón de género y deepnudes en México, elaborado por Daniela Rojas y Claudia Del Pozo para la Fundación Friedrich Naumann para la Libertad, que documenta los efectos de estas prácticas.

De acuerdo con el análisis, esta violencia se ha agravado con el desarrollo de herramientas de inteligencia artificial capaces de producir imágenes íntimas falsas o manipuladas. Al respecto, cita datos del INEGI correspondientes a 2024 que estiman que 10.6 millones de mujeres en México fueron víctimas de ciberacoso, una categoría que incluye la creación y divulgación de imágenes íntimas no consensuadas.

Además, de acuerdo con datos de Luchadoras (2020) también citados, 84.46% de las víctimas de la difusión de imágenes íntimas son mujeres; quienes tienen entre 21 y 25 años representan casi 30% de las víctimas.

Violencia digital por razón de género

México cuenta con mecanismos legales para responder a distintas formas de violencia digital. Entre ellos se encuentra la llamada Ley Olimpia, que reconoce como violencia digital, entre otros actos, la difusión de imágenes, audios o videos reales o simulados de contenido íntimo sexual sin consentimiento.

Sin embargo, el reconocimiento legal no ha impedido que continúe extendiéndose. Entre las mujeres y niñas que sufrieron ciberacoso, 43.2% recibió amenazas con publicar información personal o material íntimo como mecanismo de extorsión. En los casos que involucraron amenazas, insinuaciones digitales o imágenes íntimas no consentidas, los hombres estuvieron involucrados en ocho de cada 10 casos.

El análisis retoma datos del State of Deepfakes Report 2023, según los cuales aproximadamente 98% de los deepfakes corresponden a imágenes íntimas no consensuadas y 99% de las víctimas son mujeres y niñas.

En México, el informe documenta casos como el ocurrido en el Instituto Politécnico Nacional en 2023, donde fueron identificadas más de 166 mil fotografías íntimas manipuladas con IA y alrededor de 20 mil videos. Al menos 40% del material correspondía a estudiantes mujeres de entre 17 y 25 años.

Otro caso ocurrió en Zacatecas en 2025, donde al menos 400 estudiantes mujeres denunciaron la creación y difusión de imágenes sexuales generadas con IA a partir de fotografías tomadas de sus redes sociales.

Desacreditar a las mujeres

El análisis identifica distintas formas recurrentes de desinformación por razón de género. Una de ellas consiste en atacar la credibilidad y autoridad de las mujeres mediante narrativas que cuestionan sus capacidades a partir de su género. Estos ataques suelen trasladar el debate público hacia su salud, cuerpo, sexualidad, vida familiar o relaciones personales.

Otra forma es la sexualización y cosificación. Las imágenes manipuladas o creadas mediante IA permiten convertir el cuerpo de una mujer en un mecanismo de humillación pública. El documento señala que una imagen íntima falsa de Mariana Rodríguez, difundida durante el proceso electoral de 2024, llegó a superar los 13 millones de visualizaciones antes de ser retirada.

También aparecen ataques basados en expectativas sobre feminidad, maternidad, apariencia y comportamiento. A esto se suma la acción coordinada de comunidades digitales que pueden amplificar narrativas misóginas mediante cuentas falsas, bots y campañas organizadas, especialmente durante procesos electorales, denuncias de acoso o movilizaciones feministas.

Para las jóvenes participantes, las consecuencias no se reducen al momento del ataque. El estudio identifica miedo, hipervigilancia, autocensura, pérdida de autonomía, aislamiento y desconfianza hacia instituciones educativas, legales y tecnológicas.

Algunas señalaron que sus primeras experiencias de violencia digital ocurrieron desde los últimos años de primaria o durante la secundaria.

La respuesta institucional constituye otro de los problemas señalados. De las 3,205 investigaciones iniciadas por violencia digital entre 2020 y 2025, 95% no llegó a juicio; solo 3.6% de los presuntos responsables fueron juzgados y se dictaron condenas en 0.5% de los casos, de acuerdo con las cifras citadas por el informe para la Ciudad de México.

Una disputa por quién puede ocupar el espacio público

La conclusión del estudio es que los deepnudes y la desinformación de género forman parte de una arquitectura más amplia de violencia digital. Los ataques combinan discursos, imágenes, herramientas tecnológicas y campañas coordinadas para deslegitimar, sexualizar, aislar y disciplinar a mujeres que participan en espacios públicos o cuestionan determinadas jerarquías y normas de género.

El efecto, sostiene el análisis, trasciende a cada víctima. El miedo a convertirse en objeto de ataques, la autocensura y la hipervigilancia pueden reducir la disposición de mujeres y niñas a participar en espacios cívicos, asumir posiciones de liderazgo o mantener una presencia pública.

Así, Rojas y Del Pozo plantean una respuesta coordinada entre instituciones públicas, sistema de justicia, plataformas digitales, instituciones educativas, partidos políticos y organizaciones de la sociedad civil.

Entre sus propuestas está armonizar las definiciones estatales sobre violencia digital y privacidad sexual y establecer un estándar nacional para la desinformación de género y el abuso mediante imágenes íntimas generadas con IA.

También plantean un protocolo nacional que determine acciones inmediatas, preservación de evidencia, medidas de protección y responsabilidades institucionales. Se propone además capacitar obligatoriamente a fiscales, jueces y personal investigador; crear protocolos judiciales específicos para preservar y verificar evidencia digital, y evaluar riesgos.

Para las plataformas tecnológicas, recomienda mayor transparencia en la moderación, acceso a datos anonimizados para investigación, criterios de evaluación con perspectiva de género y mecanismos más exigibles de rendición de cuentas.