En México, históricamente la concepción de la paternidad ha sido asociada a la idea del “proveedor económico”, una postura directamente relacionada con el machismo y la división estereotipada por género de los trabajos de cuidados

Aunque durante mucho tiempo hablar de los estereotipos que rodean a la crianza había sido un ejercicio limitado e insuficiente, repensar la paternidad en la era de la manosfera y del avance de grupos ultraconservadores se convierte en una urgencia. De acuerdo con datos del INEGI de 2021 tan solo en nuestro país hay 21.2 millones de hombres que se identifican como padres de, al menos, una hija o hijo que reside en la misma vivienda.

¿Cuántos hombres hablan con sus hijas e hijos? ¿Cuántos conocen sus gustos y preferencias? ¿Quiénes ejercen la mayoría de las tareas de cuidados? ¿Hay espacio en la paternidad mexicana para el afecto, el cariño y la ternura? La figura del “macho”, aunque en apariencia anticuada, aún constituye buena parte de cómo se ejerce la paternidad en México. 

En esta visión se percibe casi exclusivamente al padre como proveedor y autoridad , lo que ha provocado que se abandonen las áreas afectivas y de corresponsabilidad, fundamentales para la crianza

Nos preguntamos: ¿cómo caminar hacia una paternidad responsable, afectuosa y presente? ¿Existen otras formas de concebir la paternidad? Para responder a estas interrogantes platicamos con Ricardo Ayllón, director de GENDES, una organización enfocada en el trabajo con masculinidades para la prevención de la violencia y la promoción de relaciones igualitarias.

¿Qué es la paternidad integral?

La paternidad no es solo proveer, es un acto humano en el que se entrelaza el cuidado, los vínculos y la coparticipación. Para hablar de una paternidad diferente es necesario dejar atrás la tradición. “En Gendes hablamos de paternidades integrales que engloba tanto el ser un padre presente, el ser un padre afectivo, el ser un padre con una responsabilidad, es decir, no solo la parte económica, sino la parte afectiva y una presencia activa”, explica Ayllón en entrevista con La Cadera de Eva. 

Foto: Cuartoscuro
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¿Qué implica una paternidad integral? Ayllón la describe como un modelo de crianza que busca superar el rol tradicional del hombre. Este concepto propone un ejercicio de la paternidad basado en tres esferas fundamentales que deben coexistir: 

  1. Presencia activa y corresponsabilidad: consiste en un compromiso real y diario con todas las tareas que implican la crianza y el hogar, dejando de ser un simple “ayudante” para convertirse en un corresponsable. Esto incluye cuidados básicos como involucrarse en el baño, cambio de pañales, alimentación y aseo de las y los hijos. Conocer detalles específicos como el peso y la talla de las infancias, llevarlos al médico, administrar medicinas y participar activamente en sus actividades escolares, así como buscar un reparto equitativo de las tareas con la pareja para disminuir la carga mental y física que históricamente se ha asignado a las mujeres.

  1. Afectiva y emocional: se pone énfasis especial en el vínculo amoroso, rompiendo con los mitos de la masculinidad hegemónica que impiden a los hombres expresar sentimientos. Algunos ejemplos de ellos son expresiones abiertas del afecto; decir “te amo”, abrazar a los hijos y mantener un contacto físico cercano sin miedos o prejuicios sobre la orientación sexual. En esta esfera también se prioriza promover relaciones basadas en el respeto y la comunicación, eliminando formas de violencia o maltrato que a menudo se arrastran de generaciones anteriores. La presencia amorosa del padre es fundamental para la autoestima, identidad y fortaleza emocional de las niñeces.

  1. Responsabilidad económica integrada: si bien el rol de proveedor económico es el que históricamente ha definido a los hombres, en la paternidad integral este no debe ser el único eje de la relación familiar. Se busca integrar la proveeduría con la presencia y el afecto, permitiendo que el padre sea una figura completa que participe en todos los ángulos del desarrollo de sus hijos

Estereotipos y paternidad

Los estereotipos alrededor de la paternidad en México están profundamente arraigados en una visión tradicional de la masculinidad que limita el rol del hombre en el núcleo familiar. No solo se trata del mito del proveedor, sino de una cadena de machismo que no permite que muchas personas ejerzan una paternidad integral y plena. 

A lo largo de la historia, las labores domésticas y de cuidado se han atribuido de manera obligada a las mujeres. Recordemos que las mujeres mexicanas dedican más del doble de tiempo que los hombres al cuidado infantil. Mientras las madres destinan entre 33 y 40 horas semanales, los hombres invierten cerca de 14 a 18 horas a la semana, según la Encuesta Nacional Sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024.

Foto: Cuartoscuro
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Como señala Ayllón, esto genera el estereotipo de que el hombre es un “ayudante”, y no un corresponsable. Aquí es cuando entran los estereotipos de género, que también permean las estructuras de trabajo y organización en el hogar. 

Otro factor que perpetúa la asimetría sistémica se encuentra en un conflicto aún menos socializado: las licencias de paternidad

En México, la ley otorga únicamente 5 días de licencia por paternidad. Aunque se ha promovido una reforma para extender este periodo a 20 días, Ayllón señala que sigue siendo poco tiempo comparado con las necesidades reales de crianza. Aún así, existe el prejuicio de que los hombres que toman permisos de paternidad los usan como “vacaciones” y no para el trabajo real que implica cuidar a un recién nacido y a la pareja.

Esto tiene una consecuencia social, y es que incluso cuando las empresas ofrecen permisos, muchos hombres no se atreven a tomarlos por miedo a ser juzgados por su masculinidad o compromiso laboral.

Redistribución de cuidados y género

Hablar de paternidades integrales implica hablar de género. Este modelo busca romper con la visión tradicional del hombre basada en el machismo, la desigualdad y la violencia. “Todo parte de la mirada tradicional de ser hombres. Desde ahí nos vamos educando desde cómo ser pareja hasta colaborador de trabajo y, por supuesto, cómo ser papá”, explica Ayllón. “Partimos de una desigualdad, de una violencia, de un aprendizaje machista de cómo ser papá. Cuando hablamos de paternidades integrales y de buscar estas alternativas desde ser hombres, buscamos que sea sin violencia, que sea desde el buen trato y que haya esta igualdad de condiciones”.

Foto: Cuartoscuro
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La paternidad integral busca y apuesta por una corresponsabilidad real que disminuya la carga mental y física de las mujeres, equilibrando las condiciones de vida en el hogar. Ejercer una paternidad distinta requiere que el hombre cuestione los estereotipos de género que le impiden ser afectivo o cercano a sus hijos por miedo a vulnerar una supuesta “hombría”.

“Cuando hablamos de disminuir la carga mental, física para las mujeres, para las parejas... estaríamos impactando de una manera importante a las desigualdades para ir equilibrando lo que va sucediendo en casa”.

¿Qué podemos hacer para llegar ahí? Aunque la tarea no es fácil, sí existen bases a las cuales aferrarnos para transitar hacia paternidades integrales. Entre estas alternativas, Ayllón recomienda: 

  • Cuestionar los modelos hegemónicos de género: el primer paso es cuestionar los modelos tradicionales de “ser hombre”.

  • Visibilidad de nuevos modelos: medios de comunicación y las redes sociales tienen la tarea de mostrar modelos alternativos y visibles de padres presentes y responsables que sirvan como referencia para otros hombres y para los hijos e hijas

  • Acompañamiento institucional: integración de esfuerzos de sensibilización a la par de la creación y fortalecimiento de políticas públicas

¿Qué piensas? Te leemos en los comentarios.