Cada 30 de agosto, en el marco del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, la pregunta regresa: ¿qué falta para que la omisión estatal y la impunidad dejen de ser el rasgo estructural que reproduce esta tragedia? ¿Cuando dejarán de obligar a las buscadoras a arriesgar sus propias vidas?
Detrás de cada cifra de desaparición en México hay una historia desgarradora, un hogar incompleto y una búsqueda insaciable. La magnitud de esta crisis comenzó a medirse con mayor crudeza a partir del 16 de mayo de 2022, cuando el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNL) alcanzó en sus registros la cifra de 100 mil personas desaparecidas.
Apenas cuatro años después, este 27 de agosto de 2026, el portal de la RNPDNL suma 133 mil 029 personas desaparecidas y no localizadas. El 91% de todas las desapariciones registradas han ocurrido en este siglo, entre el año 2000 y el presente y, más alarmante aún, el 58% han ocurrido entre 2018 hasta mayo de 2026.
¿Qué es la desaparición forzada?
La desaparición forzada se define internacionalmente como la privación de la libertad de una persona —ya sea por arresto, detención, secuestro o cualquier otra forma— cometida por agentes del Estado, o por personas y grupos que actúan con la autorización, el apoyo o el consentimiento implícito de las autoridades, de acuerdo con la Organización de las naciones Unidas (ONU).
Este acto va seguido de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o del ocultamiento de la suerte o el paradero de la persona, dejándola sin la protección de la ley.

Para comprender la complejidad del fenómeno, la ONU señala tres elementos que componen la desaparición forzada: la privación de la libertad contra la voluntad de la persona; la participación directa o indirecta de agentes gubernamentales, y la negativa de las autoridades a reconocer el acto o a revelar el paradero de la víctima.
En México, la violencia sigue una tendencia sostenida; en 2024 se reportaron 12 mil 632 desapariciones, mientras que en 2025 las cifras fueron similares, con 12 mil 373 casos. La cantidad de sentencias por desaparición forzada en México es alarmantemente baja. Históricamente, ha rondado cifras mínimas, reflejando niveles de impunidad superiores al 99%, como señala Impunidad Cero.
¿De qué forma afecta a las mujeres?
A nivel nacional, el 78% de las personas desaparecidas son hombres y el 22% son mujeres. Sin embargo, en entidades como el Estado de México las mujeres representan cerca del 40% de los reportes, y en Tabasco superan el 41%.
Como explicó el psicólogo David Arturo Sánchez Garduño en esta columna para La Cadera de Eva, quienes defienden los territorios y la vida se enfrentan a un “sistema necropolítico de voracidad insaciable”, donde los límites entre lo legal e ilegal se desdibujan por completo.

Al centro de este mapa difuso y opaco se encuentra el suplicio que viven las madres y familiares buscadoras, que se ven obligadas a realizar una “triple jornada” de trabajo remunerado, trabajo doméstico y de cuidados y la labor de búsqueda manual y de inteligencia en campo, en donde asumen un rol que le corresponde al Estado, sin recursos y bajo constante peligro de muerte.
Las mujeres atraviesan la desaparición forzada bajo riesgos constantes. Entre 2010 y 2025, 24 mujeres buscadoras —15 de ellas madres— fueron asesinadas y dos desaparecidas, según reportó la Fundación para la Justicia en mayo. Porque en México, buscar a un ser querido víctima puede costarte la vida.
Según el informe Desaparecer Otra Vez de Amnistía Internacional, quienes persisten y resisten en la lucha contra la impunidad, se enfrenta a diversos tipos de violencia; el 97% de las mujeres buscadoras ha reportado sufrir violencia física, sexual o económica vinculados a su labor de búsqueda. La desaparición no solo deja un vacío en el alma y una lucha constante por la justicia, deja su huella en la salud de quienes no se cansan y siguen buscando hasta encontrar respuestas.
Al menos el 80% de los familiares de personas desaparecidas desarrollan problemas de salud a raíz de la desaparición y el 79% padece enfermedades crónicas como cáncer, diabetes o hipertensión. Además, sufren altos niveles de depresión, insomnio y miedo constante.
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