Guardar una prenda vieja para darle otro uso, llevar algo a cada casa que visitamos o preparar la comida con ciertas recetas: algunos hábitos están tan incorporados que no nos preguntamos cuál es su origen. Muchas de esas costumbres no fueron idea de nuestra generación, sino que se han heredado durante años hasta incorporarse en la rutina.

Por necesidad, por tradiciones familiares o para usos de un mundo que ya cambió, estos hábitos de nuestros abuelos siguen apareciendo en la vida y en las decisiones diarias, incluso cuando no somos conscientes de dónde comenzaron. Algunos ejemplos incluyen:

Perfumes

No todos los perfumes se usan para las mismas ocasiones: esto pensaban nuestros abuelos y es algo que, muchas veces, también pensamos en la actualidad.

Generaciones anteriores sabían muy bien que los perfumes de uso diario (como la fragancia Madras) no debían confundirse con los aromas para ocasiones especiales (como Eau de Parfum).

Mientras que en el 1900 la aparición de los aromas sintéticos hizo que los perfumes fueran más accesibles, las décadas entre 1920 y 1940 vieron el surgimiento de marcas como Chanel No. 5 y Dior, que entrelazaron la alta costura con el lujo en perfumería. Esta tendencia continuaría con las propuestas audaces de compañías como Perry Ellis. Tendríamos que esperar a la posguerra, entre 1950 y 1960, para contar con perfumes de precios más accesibles y mayor variedad en las líneas de productos masculinos, como Lacoste, un clásico que seguiría lanzando versiones como el perfume Lacoste Red. Los 90s vieron una tendencia de fragancias minimalistas y unisex, que dieron paso a una personalización de los perfumes. Actualmente, se pueden encontrar marcas de renombre en convivencia con nuevas propuestas de gran atractivo y que, en numerosas ocasiones, ponen su atención en los métodos de prueba ecológicos.

La tendencia actual ha quitado la asimilación de que el perfume determina un estatus social, ya que cada persona tiene a su alcance una variedad que permite una gran personalización: se pueden elegir marcas de larga historia o propuestas nuevas, se pueden elegir distintos tipos y categorías de perfume. También es más fácil el acceso a grandes marcas y ya no es necesario preguntarse dónde conseguir Perry Ellis, Chanel o Dior. Sin embargo, se mantiene la idea de que el perfume puede variar según la elegancia de la ocasión y de que cada aroma es una impronta personal.

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Ropa

A través de las épocas, la ropa transmitió mensajes y mostró la importancia y estatus de los usuarios. Antes, la creación y elección de indumentaria era un proceso mucho más largo e incluía etapas como ir a la modista y conseguir distintos tipos de ropa para cada ocasión (para trabajar, la “ropa de domingo”, la informal). El ciclo de la vida de la ropa también era prolongado: se hacían arreglos, se compartían entre hermanos y se adaptaban para pasar a los nuevos miembros de la familia. En ese entonces, había una cultura del cuidado y del ahorro, ya que comprar indumentaria nueva suponía algo más excepcional que lo que consideramos hoy en día.

El siglo XX mostró la transición entre la confección a medida o en casa de la ropa hasta la industrialización, a través de la cual la ropa se volvió más accesible sin perder calidad. El siglo XXI, por su parte, mostró la aparición de las compras online de ropa, que pasó a ser un bien de consumo que se adquiere rápido y se desecha fácilmente.

Hoy en día, la ropa no muestra la pertenencia a un estatus social particular, pero no hemos perdido algunas costumbres propias de la generación de nuestros abuelos: guardar la ropa “por si acaso”, comprar algunos talles más holgados para dar lugar a un cuerpo que crece o buscar usos a las prendas más viejas para evitar desecharlas.

La rapidez para adquirir ropa derivó a que la moda cambie mucho más rápido y que cada prenda se descarte con mayor facilidad. Sin embargo, nuevas tendencias como la moda circular apuntan a un cuidado del ambiente y de la economía.

Electrodomésticos

No siempre existió la posibilidad de programar el lavado de ropa mientras volvías del trabajo: el uso de electrodomésticos fue cambiando algunos ritmos de vida, aunque ciertos hábitos se mantengan, como intentar reparar antes de descartar.

Desde su aparición, los electrodomésticos significaron una ayuda a la automatización de tareas del hogar: los refrigeradores, las planchas o los lavarropas hacían que el mantenimiento de la casa fuera más rápido de realizar y más fácil de mantener. Después de mediados de 1900, las radios marcaban el entretenimiento en el hogar. Todos los objetos eran macizos, robustos, pesados y ocupaban gran espacio. A pesar de tener pocas funciones, al estar armados con piezas mecánicas y no con un entramado tecnológico tan complejo, eran más fáciles de reparar.

Actualmente, los distintos objetos que componían el hogar han reducido su tamaño, aumentado la cantidad de funciones y avanzado en su tecnología. Así, la televisión “de tubos” (que destacaba por su gran profundidad) dio paso a tecnologías de pantalla como la LED o la QLED y a las smart TV, que permiten ingresar a servicios de streaming o a juegos desde la comodidad de tu living. Otros electrodomésticos, como el lavarropas, ahora pueden programarse de manera inteligente o a distancia, por lo que ya no es necesario activarlos de manera manual.

Además, los usuarios ahora pueden elegir entre distintas tecnologías de heladera, de cocinas (a gas o eléctricas) o entre gran variedad de planchas, por nombrar algunos ejemplos. Objetos como cafeteras, freidoras de aire y otros electrodomésticos nuevos han poblado las cocinas. Las estufas y ventiladores dieron paso a aires acondicionados, que regulan automáticamente su temperatura. Esto demuestra no solo un gran avance tecnológico, sino que también evidencia una conciencia ecológica que busca la eficiencia energética para cuidar el ambiente.

El avance de la tecnología hace que los electrodomésticos sean más difíciles de reparar. A pesar de todo, al igual que generaciones anteriores, los usuarios siguen priorizando la reparación de estos objetos en vez de comprar automáticamente uno nuevo.

Algunas costumbres se mantienen con el tiempo: al igual que nuestros abuelos, buscamos calidad y comodidad, al igual que nuestros abuelos, buscamos ropa, perfume y un hogar que nos represente.

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