Una columna de Amada Inés Rubio Herrera

Yucatán al sur del país, es un estado que se caracteriza por su riqueza biocultural,  paisajes naturales, tradiciones y una población originaria que a lo largo de generaciones ha preservado sus raíces mayas. Según los últimos datos del INEGI (2026), más de la mitad de sus habitantes, 56. 5%, se consideran indígenas y una parte importante de ese total habita fuera de Mérida, la capital.

En los territorios del interior, principalmente donde permanecen formas vida rural marcadas por el trabajo en el campo, es común observar modos de vida organizados en torno a las necesidades de cuidado humano y no humano. En principio, la literatura especializada define a los cuidados como como aquellas actividades que procuran el bienestar físico y emocional de las personas (Mascheroni, 2022; Batthyány, 2021), priorizando el componente humano; sin embargo, cuando conversamos con mujeres rurales de Yucatán, los cuidados se complejizan y no se reducen a ese elemento, sino que se relacionan con un forma holística de mantener la vida en su conjunto. Para ejemplificar, retomaré el caso de las abejas.

Las abejas meliponas (Melipona beecheii) o abejas nativas son parte del paisaje cultural y ecológico de esos territorios. Sus cuidados envuelven prácticas y sentidos que, para las mujeres, principales encargadas de cultivarlas, son importantes en la vida diaria. En Chacsinkín, al sur de Yucatán, algunas de ellas conversaban que las abejas son seres de respeto, se les cuida garantizando su permanencia mediante el alimento que consumen de plantas de los solares (terrenos de traspatio) y alrededores; además, las vigilan para que no se infecten con plagas de moscas u hormigas. También las mantienen libres de sensaciones que puedan estresarlas, como envidias o “mal de ojo” que, intencionales o no, afectan el bienestar de las abejas. Por eso, sus abejas son “sensibles”, captan emociones y afectos; “se les protege”.

El cuidado de estos insectos involucra la dedicación de horas de trabajo continuo, ampliándose en época de cosecha. Ese tiempo no se agota con el mantenimiento de las abejas y se extiende al proceso de convertir los derivados de la miel y la colmena en productos que las mismas mujeres salen a vender fuera de sus comunidades. Esta relación con las abejas meliponas se ha observado en distintos municipios de Yucatán, entendiendo su cuidado como un ciclo complejo que implica un costo material y también simbólico pues involucra los mismos afectos de las mujeres hacia esos seres, a quienes llaman “hijitas”, “reinitas” y más que “animales”.

El cuidado no humano que nos enseñan las mujeres de los mundos rurales de Yucatán recuerdan uno de los planteamientos más relevantes de los ecofeminismos sobre las relaciones de interdependecia y ecodependencia (Herrero, 2011). No existen vidas humanas que sobrevivan en solitario sin relaciones de cuidado y al margen de la naturaleza. Los seres humanos se conectan entre sí y con el entorno. Se necesitan de los recursos y ecosistemas para garantizar la continuidad de la vida humana, la cual es frágil y depende determinantemente de los ciclos que la sostienen, como la biodiversidad.

Para esas mujeres, el cuidado involucra este reconocimiento de la vulnerabilidad humana y de su dependencia con la naturaleza. La vida humana es importante, pero no por encima del entorno ni de otros seres que lo integran. Cultivar a la abeja maya  es una forma de sostener la vida misma, sin abejas, tal y como lo expresan, NO HAY VIDA.

Lecturas sugeridas:

Batthyány, Karina. 2021.“Miradas latinoamericanas al cuidado. Introducción”. En Miradas latinoamericas a los cuidados, coordinación de Karina Batthyány, 11-52. Buenos Aires: CLACSO. Siglo XXI editores.

Herrero, Yayo. 2011. “Propuestas ecofeministas para un sistema cargado de deudas”. Revista de Economía Crítica (13): 30-54.

INEGI, 2026. Panorama sociodemográfico de Yucatán. Encuesta intercensal 2025. México: INEGI.

Mascheroni, Paola. 2022. Estado del arte sobre cuidados en contextos de ruralidad en América Latina y el Caribe. Argentina: CLACSO.