El año pasado, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció que durante 2026 se construirían 200 Centros de Educación y Cuidado Infantil (CECI) como parte del Sistema Nacional y Progresivo de Cuidados que está impulsando su gobierno. Se informó que para 2030, la meta será llegar a 1000 centros. Los CECI han sido concebidos como espacios para garantizar el derecho al cuidado de las infancias en condiciones dignas y seguras, están basados en un modelo de atención y cuidado que busca promover el desarrollo integral y el bienestar de niñas y niños de 43 días de nacidos hasta los 4 años de edad. 

Son tres las modalidades a través de las cuales se ampliará la oferta de servicios de cuidado infantil. Los CECI en los que el IMSS realizará la prestación directa (al sustituir al modelo vecinal-comunitario, es decir, los servicios subrogados), los CECI en empresa, en los cuales, las empresas participan en la prestación de los servicios para las y los hijos de su población trabajadora y, los CECI operados por el IMSS-DIF, que brindarán servicios a población asegurada y no asegurada.

La ampliación de la oferta de estos servicios es fundamental. Como se recordará, en 2019 el gobierno federal desmanteló la amplia red de estancias infantiles que se había constituido como parte del Programa de Estancias Infantiles de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL). Las casi 10, 000 estancias que había en todo el país fueron sustituidas por transferencias monetarias. El gobierno justificó la conclusión del programa señalando que se buscaba combatir la corrupción en el manejo de los recursos asignados a los particulares que operaban las estancias. Sin embargo, el objetivo de lograr una gestión eficaz de los recursos públicos, tuvo costos que, sobre todo, han afectado de forma crítica a las mujeres y las infancias.

Cuando el combate a la corrupción recae en las mujeres y en las infancias 

Al cerrarse las estancias, se canceló una alternativa para el cuidado de las y los niños fuera del ámbito familiar, una medida que afectó, de forma específica, a las mujeres que no cuentan con prestaciones laborales (entre las cuales se encuentran las guarderías). El carácter regresivo del cierre atentó contra el derecho de las infancias a tener acceso a servicios de cuidado, no contribuyó a desnaturalizar la feminización del trabajo de cuidados ni procuró generar otras estructuras de sostén que contribuyeran a restituir lo que se cerraba. Por el contrario, se promovió abiertamente, por parte de altos funcionarios públicos, que la responsabilidad del cuidado recayera en las mujeres como si su trabajo fuera un recurso disponible e ilimitado dentro de las familias. 

Al tener posibilidades restringidas para el cuidado infantil fuera del hogar y sostenerse en trabajo femenino, ¿qué pasa al interior de las familias, como se organizan para resolver los cuidados cotidianos? Hay arreglos diversos, en los que participan de forma diferencial la madre y el padre u otros integrantes del hogar. Sin embargo, la tendencia predominante es recurrir a las redes de mujeres de las propias familias, como las abuelas, una opción que no siempre está al alcance, como en el caso de las jefas de familia que son migrantes. 

También dificulta que las mujeres puedan insertarse o mantenerse activas en los ámbitos laboral o escolar, una situación que toma tintes particulares según la zona en donde habiten y que refuerza las desigualdades sociales y de género. Da lugar también, a dobles jornadas de trabajo extenuantes que tienen efecto en la salud física y emocional de las mujeres, aspectos que suelen desestimarse cuando se analiza la importancia de contar con alternativas para desfeminizar los cuidados.

El tamaño del desafío que se tiene por delante

El desafío que representa reconstituir una nueva estructura de servicios de cuidados, puede dimensionarse a través de algunos datos. Por ejemplo, en 2019, la zona oriente del Estado de México, conformada por once municipios (entre los cuales se encuentran Ecatepec, Chimalhuacán, Chicoloapan, Valle de Chalco y Chalco), tenía 506 estancias infantiles de la SEDESOL. Dos municipios de esta zona, Ecatepec y Nezahualcóyotl, llegaron a tener, cada uno, más de 100 estancias de este tipo, lo que indica que existía una demanda significativa. 

Actualmente, según el Sistema de Información de Cuidados (SIDECU) en la zona oriente hay diversas instituciones (como el IMSS, el ISSSTE o los DIF municipales) que prestan servicios de cuidado infantil para menores de cuatro años, aunque el acceso en los dos primeros casos, está dirigido sólo a derechohabientes de dichas instituciones.  La distribución de estos servicios es muy variable, por lo que hay municipios que no cuentan con más de dos o tres guarderías públicas, como es el caso de Chimalhuacán o Chicoloapan, mientras que, en otros municipios, como Nezahualcóyotl, hay alrededor de 15 guarderías y estancias infantiles. 

Justamente, para contrarrestar la insuficiencia de servicios en la zona oriente, se tiene proyectado iniciar, en el último cuatrimestre de este año, la construcción de CECI en Chalco, Neza, Tlalnepantla, Valle de Chalco, Chicoloapan, Ixtapaluca y Texcoco. Sin duda, la apertura de estos centros abrirá alternativas, aunque sus alcances serán limitados, si se comparan con la cobertura que alcanzaron a tener las estancias infantiles de la SEDESOL.

El panorama presentado muestra la urgencia de que se impulse de forma sostenida el sistema de cuidados promovido por el actual gobierno. El reto de ampliar la oferta es importante, como también lo es garantizar la calidad de los servicios. Asimismo, sigue siendo un pendiente inaplazable, el facilitar y promover la redistribución de los cuidados al interior de las familias.