Abrir “horizontes de vida”
Por Angélica Dávila Landa
Es indudable que estamos ante un mundo con múltiples crisis que amenazan la posibilidad de sostener nuestras vidas individuales y colectivas, así como el bienestar, la justicia y la dignidad que precisan para hacerlo de la mejor manera posible. En ese sentido, es importante recuperar, construir e impulsar distintos espacios compartidos de reflexión y de acción para poder comprender estas múltiples crisis y para aprender también cómo se defiende y se cuida de las vidas humanas y no humanas en ellas.
Es así que en esta columna queremos compartir uno de estos espacios: el libro “Horizontes de vida y disrupción del metabolismo social frente a la subsunción real del capital” coordinado por Laura Elena Ortega y Alonso Gutiérrez, publicado en este año. Este libro, como un compilado de diferentes investigaciones, nos permite comprender cómo muchas de estas crisis surgen de las injusticias y las desigualdades de las sociedades capitalistas que habitamos todos los días. Nos permite dar cuenta que, en ellas, no todas las vidas se consideran igual de valiosas para ser vividas y para ser cuidadas, y nos enseña las tramas dolorosas por las que se lastiman e incluso se extinguen cotidiana y normalizadamente. Pero del mismo modo, nos abre a los “horizontes de vida” que, en medio de esta devastación, las personas, los grupos y las comunidades construyen para colocar la vida al centro de sus existencias, hacerla posible y brindarle el cuidado que necesita para seguir. Así, con mucho cariño, a través de las palabras de una de sus coordinadoras, Laura Ortega, les compartimos un poco más sobre esta obra tan importante como urgente para darnos luz sobre cómo seguir.
Sostener la vida en común
Por Laura Elena Ortega
Al transformar históricamente la naturaleza para sus propios fines, el ser humano ha modificado las condiciones que hacen posible su propia existencia. ¿Cómo hemos llegado a reorganizar la relación entre la sociedad y la naturaleza de tal manera que resulte insostenible?
Las formas en que los distintos grupos humanos acceden y transforman los bienes naturales superan sus necesidades biológicas. Se basan históricamente en la organización de relaciones políticas, económicas y culturales para la distribución de los recursos y la producción. Una lógica ilusoria sobre la posibilidad de sobrevivir en un planeta con capacidad de regeneración ilimitada ha animado la reproducción violenta de relaciones socioecológicas constituidas por la contaminación, el agotamiento o la destrucción de los recursos vitales. El imperativo de crecimiento irrestricto de la riqueza privada que domina nuestra época ha tomado control sobre los requerimientos materiales y energéticos. El capitalismo como modelo civilizatorio, mediante la progresión técnica y económica, subordina tanto el trabajo como los vínculos sociales y económicos de las relaciones de producción para garantizar la acumulación y su expansión sostenida, generando una radical transformación de los espacios y de la naturaleza. Esta dinámica de sometimiento se nombra subsunción.
La obra “Horizontes de vida y disrupción del metabolismo social frente a la subsunción real del capital” coordinada por Laura Elena Ortega y Alonso Gutiérrez, editada por Lengua de Gato Ediciones, reúne trabajos presentados en el V Congreso Latinoamericano de Ecología Política en 2024. En conjunto muestra un análisis sobre la configuración de soportes económicos, políticos y sociales que amenazan la vida o que colocan a los trabajadores y a las poblaciones en una irreductible vitalidad que pueda mantenerse, aunque enferma o disfuncional, pero productiva.
Los tres capítulos iniciales abordan reflexiones centrales para enmarcar la obra. En primer lugar, analiza la producción de territorios malsanos y su implicación en salud colectiva, las alternativas de horizontes de vida dignos y la noción de la determinación social de los procesos de salud-enfermedad para comprender, más allá de los agentes biológicos-físicos-químicos como causa de daño, la expresión en la corporeidad humana (biológica y psicológica) del modo específico de apropiación de la naturaleza, bajo las formas de organización social en un contexto histórico concreto (López et al., 2008). En el siguiente trabajo, se analiza la fractura de la relación metabólica entre sociedad y naturaleza que caracteriza este periodo histórico referido como Capitaloceno. El tercer capítulo realiza una propuesta desde la dialéctica para precisar que, si bien el capital es destructivo, requiere y produce ciertas formas de vida para sostenerse.
Más adelante, los trabajos examinan formas en que los proyectos del capitalismo global degradan la relación de la sociedad con los territorios a través del despojo, la transformación productiva y la aglomeración de desperdicios. Se presentan los casos de afectación múltiple por el tiradero de Peñasco en San Luis Potosí y el basurero Los Laureles en Jalisco; las violencias extractivas en el proyecto de la Refinería Miguel Hidalgo en el Valle del Mezquital y el proyecto petrolero Aceite Terciario del Golfo en Veracruz y Puebla; se analiza el contradictorio proceso de transición productiva en la Amazonía que sucumbe al rentismo de la economía ecuatoriana. Se reconstruye la histórica lucha por el acceso a la salud de los trabajadores y víctimas ocultadas de la industria del asbesto en América Latina. En estos aportes, se evidencian las jerarquías establecidas desde los órdenes de poder sobre lo que se considera valioso cuidar como sociedad y sobre aquello que puede ser sacrificado. Las relaciones desiguales por clase, género y etnia imponen a ciertos grupos soportar condiciones precarias de vida y formas diferenciales de enfermar y de morir para sostener un patrón civilizatorio presentado como desarrollo. Donde la injusticia y el racismo ambiental crea un espacio social que niega la humanidad o la existencia digna a las personas. Bajo esta lógica, algunos cuerpos, territorios y formas de vida reciben protección, mientras otros son tratados como desechables.
Pero también se abren las miradas sobre la manera en que las personas afrontan y resisten, en lo cotidiano, los procesos destructivos y patogénicos del territorio. Los capítulos finales abordan las luchas de justicia ante la crisis de la basura y la instalación de un parque solar, ambos en Oaxaca. Este diálogo explora las posibilidades colectivas para construir modos de vida dignos y saludables, frente al avance de las dinámicas de expoliación, explotación, desprecio y exclusión. El propósito de esta obra colectiva es reflexionar sobre la creación de horizontes desde lo común, desde nuestros cuerpos y territorios frente al supuesto destino manifiesto que se ofrece como única posibilidad.

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