Encontrar el amor en una ciudad donde trabajamos más de ocho horas diarias, hacemos traslados eternos y llegamos demasiado cansadas para socializar ha convertido a las apps de citas en uno de los principales puntos de encuentro sexoafectivo.
Porque sí… En un país donde el tiempo libre es casi un privilegio y conocer gente fuera del trabajo parece misión imposible, aplicaciones como Bumble, Tinder o Hinge terminaron convirtiéndose en la alternativa moderna para intentar vincularnos.
El problema es que basta pasar unos minutos dentro de cualquiera de estas apps para descubrir que la mitad de los hombres heterosexuales parece haber tomado el mismo curso intensivo de machismo emocional impartido por el Temach.
Es decir, abrir Bumble puede sentirse como escuchar a tres coaches de masculinidad gritándote al oído al mismo tiempo. Perfiles que dicen buscar mujeres “sin dramas”, “femeninas”, “que se cuiden”, “que no quieran trato de princesas”, “sin hijos” y, por supuesto, “con sentido del humor”: aunque casi siempre se refieren a tolerar comentarios misóginos disfrazados de chistes.
Otros aclaran que “solo quieren fluir”, “pasarla bien”, “cero intensidad” o “buena vibra”, como si cualquier expectativa mínima de responsabilidad afectiva fuera automáticamente una amenaza contra su tranquilidad.
Y quizá lo más inquietante no es la misoginia, sino la manera en que se disfraza. El discurso conservador no desapareció; simplemente aprendió nuevas palabras.
Los hombres, que antes rechazaban explícitamente a las mujeres independientes, ahora hablan de fortalecer la “energía femenina”. Los que no quieren responsabilizarse afectivamente dicen que buscan a alguien “que no haga dramas”. Los que esperan disponibilidad absoluta ahora dicen que quieren una mujer “en paz con su feminidad”.
El machismo contemporáneo a veces aparece en perfiles de Bumble, en videos sobre “mujeres de alto valor” o en hombres que aseguran buscar una relación sana mientras piden mujeres emocionalmente silenciosas, disponibles y fáciles de administrar.
Las apps de citas volvieron el machismo deslizable.

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