Andamos entre calaveras y diablitos estos días. A las infancias les divierte ser zombie o vampira por un día y las calles se llenan de criaturas monstruosas en busca de dulces. Pero más allá de estos festejos, ¿qué pasa cuando los monstruos no son ficción y las historias de terror están respaldadas por estadísticas?
Empecemos por México. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021, del INEGI, el 70.1% de las mujeres de 15 años y más ha experimentado al menos una situación de violencia a lo largo de su vida. La violencia psicológica que conduce a lo que llamo feminicidio emocional encabeza la lista, con 51.6%, seguida de la sexual, con 49.7%. No es una película de terror, aunque podría ser.
El espanto tampoco es exclusivo de México. Según el informe de ONU Mujeres y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, publicado en noviembre de 2025, cerca de 50 mil mujeres y niñas fueron asesinadas por sus parejas o familiares durante 2024. Eso equivale a un promedio de 137 víctimas al día: aproximadamente una cada diez minutos.
Pensemos un momento en esa cifra. Mientras alguien prepara la cena, lleva a sus hijos a la escuela o se dispone a dormir, en algún lugar del mundo una mujer está perdiendo la vida a manos de alguien de su entorno familiar. El hogar, ese espacio que asociamos con protección y descanso, puede convertirse en el escenario de la violencia más extrema.
Y no hace falta llegar al asesinato para hablar de terror. Hay otro que opera en silencio: el que erosiona la confianza, controla las decisiones, aísla de las amistades, administra el dinero o convence a una mujer de que todo lo que ocurre es culpa suya. La violencia psicológica no siempre deja marcas visibles, pero puede restringir profundamente la autonomía y la libertad, de eso se trata mi libro. Que no se vea no significa que no exista.
También está el monstruo de la desigualdad económica, que no usa capa ni hace ruido, pero tiene una extraordinaria capacidad para limitar vidas. La Organización Internacional del Trabajo estimó que, en 2023, 708 millones de mujeres en el mundo estaban fuera de la fuerza laboral debido a responsabilidades de cuidados no remunerados. Entre los hombres, la cifra era de 40 millones.
Estos días son de miedo… para divertirse. Pero en la rutina cotidiana el miedo restringe la libertad. Cuando una mujer cambia de ruta para volver a casa, comparte su ubicación en tiempo real, evita salir de noche o calcula cómo rechazar una insinuación sin ponerse en riesgo, está tomando decisiones bajo una amenaza que no debería formar parte de su vida cotidiana. No es una cuestión de fragilidad individual; es una señal de que la seguridad y la libertad no están garantizadas en condiciones de igualdad.
Por eso, este Halloween propongo cambiar un el juego. En lugar de preguntarnos cuál es el monstruo más aterrador de una película, preguntémonos qué violencias hemos normalizado, cuáles desigualdades seguimos justificando y qué podemos hacer para desaprenderlas. Sin disfraces, nombremos el problema con todas sus letras.

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