Una columna de la Dra. Eufemia Basilio Morales
El uso de polifarmacia en las mujeres es un problema que enmarca una brecha de desigualdad, sumada a las distintas brechas ya existentes. De acuerdo con la OMS y la OCDE, la polifarmacia se define como el uso simultáneo de cinco o más medicamentos por una misma persona, ya sean prescritos, de libre venta o automedicados. El problema surge cuando estos medicamentos no son prescritos por un doctor y la gente se empieza a automedicar, generándose un reto de salud pública, porque puede provocar hospitalizaciones evitables, deterioro cognitivo y mayores costos para familias y sistemas sanitarios.
En México, el gasto en medicamentos representa una proporción elevada del gasto total en salud, especialmente comparado con países de la OCDE. Lo preocupante es que una parte significativa de ese gasto proviene del bolsillo de las familias, no del sistema público, debido al desabasto institucional. De esta forma, los hogares destinan una proporción importante de su ingreso en medicinas, incluso más que a consultas médicas, lo que genera desigualdad, ya que los hogares con menores ingresos enfrentan mayores dificultades para mantener tratamientos prolongados.
Este problema afecta, en mayor medida a las mujeres, debido a que presentan una mayor exposición a la polifarmacia y hacen mayor uso de servicios de salud por medicación relacionada con:
- Salud reproductiva
- Mayor prevalencia diagnosticada de depresión y ansiedad
- Mayor esperanza de vida, lo cual también implica más años propensas a enfermedades crónicas
- Carga de cuidados familiares que puede llevar a automedicación para seguir funcionando laboral y domésticamente.
Estudios nacionales recientes muestran que las mujeres reportan mayores niveles de consumo farmacológico y automedicación, comparadas con hombres. De acuerdo con el ENASEM 2021, las mujeres de 65 años y más presentan una mayor carga de enfermedad que los hombres, reportando con mayor frecuencia un estado de salud regular o malo en relación con los hombres (74.6 % frente a 61.6 %). En este mismo grupo de edad, la polifarmacia también fue más frecuente en las mujeres (40.3 %) que en los hombres (29.6 %). Hasta 2025 no existían estimaciones oficiales nacionales más recientes para estos indicadores.
La polifarmacia puede presentarse en diferentes etapas de la vida de las mujeres: en las mujeres jóvenes, suele asociarse con el uso de anticonceptivos hormonales, tratamientos para trastornos de salud mental como ansiedad o depresión, suplementos para la anemia o deficiencias nutricionales y, en general, con una mayor utilización de los servicios de salud. En las mujeres mayores, se relaciona principalmente con múltiples enfermedades crónicas, como hipertensión arterial, diabetes, dislipidemia, osteoporosis, osteoartritis, enfermedades cardiovasculares, trastornos tiroideos y depresión, entre otras.
Cabe señalar que la carga económica asociada a la polifarmacia no depende únicamente del número de medicamentos prescritos, sino también del acceso efectivo a los servicios de salud. Factores como el ingreso, la cobertura médica y el abasto de medicamentos influyen en el gasto de bolsillo. En las mujeres mayores, la combinación de menores ingresos a lo largo de la vida y una mayor probabilidad de vivir con enfermedades crónicas al envejecer puede hacer que el costo de los tratamientos represente una proporción mayor de sus recursos disponibles, aunado a que muchas veces las mujeres no nos atendemos a tiempo, o lo dejamos pasar por priorizar el bienestar de otros miembros de la familia por encima del nuestro, y que a veces adquirimos medicamentos más baratos, similares o genéricos, debido a la insuficiencia o menor nivel de ingresos, jugando todo esto en contra de nuestra salud.
En conclusión, la polifarmacia en las mujeres trasciende el ámbito de la prescripción médica. Es el resultado de necesidades de salud que cambian a lo largo de la vida, así como de desigualdades sociales y económicas que influyen en el acceso a la atención y a los medicamentos. Reconocer que el sexo y el género también condicionan la forma en que las mujeres enferman, reciben tratamiento y utilizan los medicamentos es fundamental para prevenir los riesgos asociados a la polifarmacia. Avanzar hacia una atención más segura y de mejor calidad requiere promover una prescripción racional, revisar periódicamente los tratamientos, fortalecer la prevención y consolidar un sistema de salud con perspectiva de género, capaz de responder a las necesidades específicas de las mujeres en cada etapa de la vida.

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