¿Es necesario el consentimiento para un acercamiento físico o para una relación sexual? La pregunta puede parecer obvia. Pero, en pleno 2026, no lo es. Teníamos dudas, pero un posteo en redes sociales bastó para darnos suficientes pruebas.
En México, la violencia sexual afecta de manera desproporcionada a niñas y mujeres, pues 7 de cada 10 mujeres han vivido algún tipo de violencia en su vida; mientras que la mitad de mujeres han sido víctimas de violencia sexual. Este es el día a día de miles y miles de mujeres en nuestro país y ante este escenario insistir en hablar sobre consentimiento es una herramienta de prevención.
En el marco del Día del Amor y la Amistad, en Impunidad Cero publicamos un carrusel sobre consentimiento sexual. A la fecha supera las 120 mil visualizaciones y más de 700 comentarios, entre los cuales, lamentablemente, algunas personas cuestionan la misma idea del consentimiento. Hay quienes escribieron que el consentimiento debe otorgarse “a cada segundo”, porque cualquier distracción “ya es abuso”. Otros afirmaron que ahora habría que firmar documentos por adelantado para evitar “denuncias falsas”. A partir de ahí, los comentarios escalaron hacia expresiones cada vez más agresivas, que rechazamos y no replicaremos.


¿Qué es el consentimiento?
El consentimiento es la manifestación libre y voluntaria de aceptar, permitir o compartir algo. Para hablar de consentimiento sexual debemos tener en cuenta que éste debe ser libre, sin coacción, amenazas, manipulación o presión de ningún tipo. Informado, lo que significa que todas las partes deben conocer qué actividad sexual se va a realizar. Entusiasta y afirmativo, es decir, que se expresa el deseo de participar con un “sí”. La ausencia de un “no” no significa “sí”. Específico y reversible, esto se refiere a que consentir una acción no significa consentir todas y el consntimiento puede retirarse en cualquier momento.
Es necesario recalcar que no existe consentimiento si la otra persona es menor de edad, está dormida, inconsciente o bajo el influjo de alcohol u otras sustancias.
También es importante señalar que el consentimiento no es exclusivo de las mujeres ni de relaciones heterosexuales. Es para cualquier vínculo. Sin embargo, como hemos señalado antes, los altos niveles de violencia contra las mujeres nos hacen poner especial énfasis en casos contra mujeres.
Un problema estructural sin fronteras
Otro punto a destacar de los comentarios que pudimos ver en nuestra publicación, es que una gran mayoría de usuarios eran de Argentina, España y Colombia. Esto muestra que no se trata de un problema local. De acuerdo con estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, en la región de las Américas, una de cada ocho mujeres entre 15 y 49 años ha vivido violencia sexual.
¿Por qué genera tanta incomodidad seguir hablando de consentimiento? ¿Se percibe como un límite frente al deseo propio? ¿Como una barrera frente a la idea de que la otra persona “debe algo”? Esto nos lleva a otra reflexión incómoda: ¿cuántas de estas personas que hoy descalifican el consentimiento han cometido o normalizado conductas abusivas bajo la idea de que no habrá consecuencias, ya sea por impunidad o por ignorancia?
La masculinidad en entornos digitales
Cuando una persona concibe el acceso al cuerpo de otra como un derecho y no como un acuerdo, se abre la puerta a conductas abusivas, tanto en espacios físicos como digitales. En años recientes ha crecido la visibilidad de comunidades como la llamada “incel” y la denominada manosfera, en donde algunos hombres comparten frustraciones vinculadas al rechazo afectivo o sexual.
El problema no es la frustración en sí, sino su traducción en discursos misóginos que normalizan la deshumanización y la violencia contra las mujeres. Desde Impunidad Cero lo hemos repetido en varias ocasiones: la violencia de género escala, y normalizar la violencia contra las mujeres puede ser la antesala de agresiones cada vez más graves.
La importancia de la prevención
La persistencia de ideas de posesión y control sobre el cuerpo de las mujeres muestra que los estereotipos de género siguen arraigados en una estructura social patriarcal que normaliza la desigualdad. La violencia sexual forma parte de este entramado y se agrava cuando quienes deciden denunciar enfrentan un sistema de justicia que, en lugar de protegerlas, las revictimiza.
La ENDIREH 2021 expone que muchas mujeres no denuncian delitos sexuales por miedo a represalias o amenazas, por desconfianza en las autoridades, por temor a no ser creídas o a ser culpabilizadas, e incluso por vergüenza. Estos factores no solo inhiben la denuncia, también perpetúan la impunidad.
Por todas estas razones, no existe ni puede existir un debate sobre el consentimiento. Ponerlo en discusión sería cuestionar el derecho básico de toda persona a decidir sobre su propio cuerpo. Lo que sí debemos mantener en la conversación pública es la afirmación constante de que el consentimiento es necesario en cualquier relación.
Eso implica enseñar a los hombres a no violentar y a comprender que nadie tiene derecho sobre el cuerpo de otra persona. Implica también que las mujeres dejemos de normalizar la violencia que vivimos y denunciemos cuando sea posible. No es no.
Si tú o alguna persona que conoces necesita información para denunciar un delito sexual, visita www.denuncia.org

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