Cada 20 de junio, el mundo se tiñe de amarillo. El llamado Yellow Day, asignado a esta fecha, tiene su origen en el psicólogo británico Cliff Arnall, quien propuso la tercera semana de junio como la más favorable para la felicidad, considerando factores como el aumento de horas de sol, las temperaturas agradables y la cercanía de las vacaciones. Aunque no existe evidencia científica sólida que respalde la existencia de un día objetivamente más feliz que otro, la iniciativa ha ganado popularidad en distintos países y se ha convertido en una invitación colectiva a detenerse, respirar y celebrar el bienestar.

La pregunta que pocas veces se hace es: ¿para quién está pensada esa celebración?

La felicidad no es una experiencia uniforme. Está influenciada por condiciones materiales, cargas invisibles y estructuras que distribuyen de manera desigual el tiempo libre, el descanso y la posibilidad de disfrutar la vida cotidiana. En México, esa desigualdad tiene rostro de mujer. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT, 2024), las mujeres destinan 29.2 horas semanales a labores domésticas no remuneradas, frente a 11.8 horas de los hombres, una brecha de 17.4 horas adicionales cada semana dedicadas a cocinar, limpiar, cuidar y sostener hogares que la economía no contabiliza ni la sociedad reconoce. Según el INEGI, por cada hora que una mujer dedica al hogar, un hombre dedica solo 25 minutos.

Este trabajo invisible no es menor. Según la Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares del INEGI, en 2024 el valor económico de estas labores equivalió al 23.9% del Producto Interno Bruto del país, y las mujeres aportaron el 72.6% de ese total. Son cifras que hablan de una economía sostenida, en buena medida, por manos femeninas que no cobran, no descansan en verano y difícilmente tienen una tarde libre para salir a disfrutar el sol que, según la fórmula del Yellow Day, debería hacerlas más felices.

El bienestar emocional tampoco escapa a esta brecha. De acuerdo con el Módulo de Bienestar Autorreportado (Biare, 2025), también del INEGI, las mujeres reportan mayores niveles de preocupación, depresión y ansiedad que los hombres: 30.2% de ellas declaró haberse sentido preocupada recientemente, frente a 22.6% de los hombres. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión es dos veces más frecuente en mujeres que en hombres, una tendencia que no es biológica sino estructural: tiene que ver con la violencia, la sobrecarga de cuidados, la precariedad económica y la falta de tiempo propio.

Nada de esto anula la posibilidad de celebrar el Yellow Day ni la importancia de buscar momentos de alegría colectiva. Al contrario, hace más urgente preguntarse cómo construimos sociedades donde el bienestar no sea un privilegio de quienes tienen tiempo libre, sino una condición accesible para todas las personas. Festejar el día más feliz del año con conciencia significa también reconocer que la felicidad plena, la que no se agota en una tarde de sol sino que se sostiene en el tiempo, requiere que las cargas se distribuyan de manera justa, que el trabajo de cuidar se valore y que las mujeres tengan, por fin, el derecho real de detenerse.