A partir de este 2026, la Ciudad de México transicionó a un esquema de separación de basura obligatorio bajo la política de “Basura Cero” y el Programa de Gestión Integral de Residuos de la Secretaría de Medio Ambiente (SEDEMA), para reducir la cantidad de residuos y mitigar los efectos del cambio climático en la capital del país.
Ahora, la ciudadanía debe clasificar la basura en tres categorías: orgánicos, reciclables y no reciclables. Esto con el propósito de fomentar un modelo de economía circular que busca que al menos el 50% de los residuos sean reciclados para 2030, como parte de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que busca erradicar la violencia, proteger el planeta y asegurar la prosperidad de las personas para 2023, a través de 17 objetivos clave entre los que se encuentran estrategias de acción climática y sostenible, así como de problemas ambientales y económicos.
A través de este nuevo esquema, y en conjunto de iniciativas como “Mercado de Trueque”, un programa mensual de educación ambiental que busca promover la separación de residuos y el reciclaje, el gobierno de la CDMX dejaría atrás el modelo lineal de la economía tradicional de “extraer usar y tirar”.
Aunque este nuevo esquema apuesta por una ciudad libre de basura, su implementación también ha despertado dudas sobre a quién le toca hacerse cargo, y es que, como ha señalado el politólogo y activista, Aure´lien Guilaberty en la columna ¿Economía circular incluyente?, el diseño de la nueva Ley General de Economía Circular ha generado críticas “por la rapidez del proceso de dictaminación o su diseño circular poco restrictivo y bastante favorable para las industrias”.

Asimismo, en el texto se señala que 60% de todo lo que se recicla pasa por las manos de personas recicladoras, quienes tienen contacto directo con los desechos. De acuerdo con Data México, aproximadamente 170 mil personas recolectoras de desechos, material reciclable y otros materiales trabajan en el sector del manejo de residuos, sin embargo, de este número más del 73.3% son están en la informalidad con un sueldo promedio de 4 mil 410 pesos mensuales.
¿Qué es la economía circular?
En entrevista con La Cadera de Eva, Karina Caballero Güendulain, Coordinadora de la especialización en Economía Ambiental Ecológica del posgrado de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explica que la economía circular se define como un modelo que busca la eficiencia en el uso de los recursos, fomentando que estos se puedan reusar y reutilizar en lugar de ser desechados tras un solo uso.
A diferencia del modelo lineal tradicional, donde los recursos se extraen, se usan y se convierten en residuos que no se vuelven a utilizar, el modelo circular funciona bajo este esquema: se extrae o toman los recursos, se produce para después consumir, se repara, se rehúsa y se recicla, evitando así la corta vida de objetos.
La Procuraduría del Consumidor, explica que, para lograr esto, la economía circular exige un análisis de toda la cadena de valor desde el inicio, abarcando el diseño, la producción, el consumo energético, la distribución, y el cierre del círculo a través de la reparación y la reincorporación al proceso productivo.
Como explica la especialista, conocer el valor de la economía circular es una tarea compleja, pues “existe un rezago en la creación de indicadores que midan el impacto real de la economía circular en México”, es decir, no se conocen las cifras exactas de cuánto se recupera, reutiliza y ahorra en energía, parte vital para diseñar políticas públicas basadas en evidencia.
A esto se le suma que México es un país en el que la reparación ha sido una tradición que sostiene hogares, desde el calzado y la ropa, hasta bicicletas o automóviles, en las casa mexicanas se repara para prolongar su uso, a diferencia de países otros países en donde los objetos se desechan ante el menor fallo, señala Caballero Güendulain.
A esta “segunda vida” se le conoce como economía circular popular. De acuerdo con la doctora y académica de la UNAM, Louise Guibrunet, este modelo se gesta en actividades económicas realizadas por familias en micronegocios independientes, que ejecutan un modelo de sostenibilidad en el que reutilizar, reparar y reciclar alarga la vida útil de los productos, además, promueven el trueque, el reaprovechamiento de residuos y la reducción de desperdicios alimentarios, todos estos ejercicios de sustentabilidad que contribuye a reducir la cantidad de residuos que llegan a los rellenos sanitarios.
Los efectos sociales
La implementación de la economía circular en la separación de residuos tiene diversos efectos sociales que van desde la carga de trabajo en el hogar hasta las condiciones de vida de los trabajadores de limpieza. De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024, las mujeres dedican en promedio 40 horas semanales a las labores del hogar y tareas de cuidado no remuneradas.
Dado que los trabajos de cuidados suelen recaer en las mujeres, la separación de basura podría convertirse en una tarea adicional que les implique invertir más tiempo en la organización y entrega de los residuos a los camiones recolectores, explica la especialista. Sin embargo, el conflicto trasciende la división del trabajo dentro de los hogares.
Y es que actualmente, esta labor se realiza en condiciones de precarización, pues en México, 28.1% de personas trabajadoras recolectoras son mujeres con un salario promedio de 3 mil 370 pesos, mientras que el 71.9% corresponde a hombres con un salario de 3 mil 640 pesos, según Data México.

“Se requiere una gran inversión en infraestructura adecuada para que las personas trabajadoras no tengan que hacerlo de la manera que lo hacen actualmente, sin guantes, sin cubrebocas, sin un espacio adecuado para hacerlo. Lo hacen ahí a pie de camión”, según Caballero Güendulain.
En agosto de 2025, la jefa de Gobierno, Clara Brugada, anunció la inversión de 490 millones de pesos para construir nuevas plantas de composta al sur de la ciudad y adquirir nuevos camiones para la recolección de basura. Sin embargo, como señala Caballero Güendulain, para que estos efectos sean positivos, es necesario que la implementación de una infraestructura adecuada esté acompañada por la protección de los derechos laborales de las personas recicladoras.
Cambios necesarios
Pero entonces, ¿qué se puede hacer para evitar estas prácticas? Para dignificar el trabajo de reciclaje en México, es fundamental implementar una serie de transformaciones estructurales y legislativas que saquen a los trabajadores de la precariedad laboral actual, explica la especialista, pues las necesidades van desde mejoras físicas y de equipamiento, hasta marcos legales que protejan al trabajador.
Estas son algunas de las áreas que deben mantenerse al frente de la agenda, señala Caballero Güendulain:
Zonas de depósito y tratamiento adecuadas: se requiere infraestructura específica para la recolección, el depósito y el tratamiento de residuos según su modalidad (composta, PET, cartón, etc.). Actualmente, aunque existen ejemplos avanzados como la planta en Azcapotzalco esta es insuficiente para el volumen de residuos generado en la Ciudad de México.
Espacios de trabajo dignos y equipo de seguridad: es necesario crear espacios adecuados para la separación de residuos para que los trabajadores no tengan que realizar esta tarea “a pie de camión” y para garantizar la salud laboral.
Apoyo económico y derechos laborales: es necesario transitar hacia esquemas que garanticen los derechos laborales de las personas recicladoras y brinden apoyo económico para mejorar las condiciones de trabajo, evitando que el modelo se base en el trabajo precarizado.
Caballero Güendulain concluye que no se puede hablar de una economía circular exitosa si esta se basa en el trabajo precarizado, por lo que es indispensable que el Estado intervenga para garantizar derechos laborales, capacitación y equipo de seguridad básico.

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