Cuando se habla del sufragio femenino mexicano, comúnmente se recuerda el de julio de 1955, fecha en la que las mujeres de México emitieron por primera vez su voto durante las elecciones federales.
Esta fecha marcó un hito histórico para el país, sin embargo, la lucha por el sufragio femenino en México inició a finales del siglo XIX. Desde entonces, las mujeres han exigido ser parte de la vida política del país.
Este 17 de octubre se cumplen 73 años desde que en 1953, bajo la presidencia de Adolfo Ruiz Cortines, se promulgaran las reformas constitucionales a los artículos 34 y 115 para establecer el sufragio universal en México y así garantizar el derecho de las mujeres a votar y ser elegidas en elecciones federales.
Te contamos.
Las pioneras del sufragio femenino mexicano
La participación de las mujeres para lograr la promulgación del voto femenino en México fue el resultado de décadas de organización colectiva y movilización política.
A finales del siglo XIX, Laureana Wright y Mateana Murguía comenzaron a difundir las primeras ideas sobre el sufragio femenino mediante la publicación del semanario Violetas del Anáhuac, considerada la primera publicación feminista en México.

Estas publicaciones buscaban concientizar sobre el derecho de las mujeres a la ciudadanía y a la participación en la vida pública.
Con el estallido de la Revolución Mexicana, las mujeres formaron parte activa de los proyectos políticos posrevolucionarios y cuestionaron la falta de igualdad de derechos frente a los hombres.
Ejemplo de ello son las diversas coaliciones y sociedades formadas exclusivamente por mujeres como el Club Femenino “Lealtad”, que se oponía a la reelección de Porfirio Díaz, formado en Ciudad de México en el año 1908 por las profesoras Esther Huidobro, Dolores Sotomayor, María Arias Bernal y Eulalia Guzmán, o el Club Femenil Antirreeleccionista “Las Hijas de Cuauhtémoc”, fundado por Dolores Jiménez y Muro.
En este contexto, promovieron congresos feministas, rechazaron la exclusión del sufragio femenino en la Constitución de 1857 y exigieron el voto femenino ante el Congreso Constituyente por medio de figuras como Hermila Galindo, un parteaguas en la búsqueda por el derecho al voto femenino y quien junto con Artemisa Sáenz fundó el semanario “Mujer Moderna”, para exponer rigurosas publicaciones sobre el sufragio femenino.

Mujeres y activistas como Hermila Galindo, Elvia Carrillo Puerto, Margarita Robles, María Ríos Cárdenas y Esther Chapa se movilizaron dentro y fuera de las calles a través de mítines políticos, manifestaciones y huelgas de hambre
La lucha continuó y en 1917, Hermila Galindo solicitó al Congreso Constituyente la inclusión del voto femenino, así como la reforma del artículo 34 de la Constitución. A pesar de la importancia de eventos como el Primer Congreso Feminista en Yucatán en 1916 y la postulación de las mujeres sufragistas como candidatas a elecciones locales antes de que el derecho fuera una realidad, no fue hasta 1923 que Elvia Carrillo Puerto fue elegida como diputada local en Yucatán.
Hacia el 17 de octubre de 1953
En 1935 se fundó el Frente Único Pro Derechos de la Mujer, una organización con el objetivo de combatir los prejuicios de la época para reformar el artículo 34 de la Constitución de 1917 para conseguir el sufragio femenino.
Más tarde, en 1933 y a lo largo de los gobiernos posrevolucionarios, las activistas sufragistas enviaron de forma constante peticiones y solicitudes a las cámaras del Congreso de la Unión para exigir reformas a la Constitución.
La persistencia de estas movilizaciones logró demostrar a la opinión pública la relevancia de la participación política de las mujeres y en 1947 lograron la adición al artículo 115 constitucional que otorga el derecho a la mujer de votar y ser votada en elecciones municipales. Este avance parcial reflejó resistencias ideológicas y prejuicios de la época: existía el temor de que las fuerzas conservadoras o la Iglesia influyeran en el voto de las mujeres.
Sin embargo, seis años después, el 17 de octubre de 1953 se publicó la reforma constitucional que reconoce la ciudadanía plena a las mujeres mexicanas. Alcanzar el voto no fue fácil; requirió la valentía y persistencia de las mujeres sufragistas, combatir estereotipos de género que continúan vigentes y desarmar la idea patriarcal de que las mujeres no tienen la agencia de decidir o las aptitudes para ser votadas.
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