Este 22 de julio, la Fiscalía General de la República (FGR) llevó a cabo la destrucción de mil 77 pastillas de fentanilo en el estado de Yucatán como parte del programa institucional para la eliminación de narcóticos.
Las pastillas de fentanilo, cuyo origen corresponde a diferentes casos, fueron decomisadas y trasladadas a plantas especializadas en el Estado de México para su eliminación bajo protocolos específicos de seguridad.
En los últimos años, el fentanilo ha pasado de ser un fármaco esencial en la medicina a representar uno de los mayores desafíos de seguridad y salud pública en México y el mundo. Ante este panorama surge una pregunta: ¿México tiene la capacidad de controlar el avance del fentanilo?
¿Qué es el fentanilo?
De acuerdo con el Drug Fact Sheet (por sus siglas en inglés, DEA), el fentanilo es un opioide sintético. Químicamente, pertenece a la clase de las 4-anilido piperidinas y se caracteriza por su extrema potencia: es hasta 100 veces más fuerte que la morfina y aproximadamente 50 veces más potente que la heroína.
Desarrollado originalmente en 1959, se utiliza legalmente para tratar dolores crónicos severos, como analgésico preoperatorio y como anestésico general en cirugías, por lo que generalmente se encuentra en presentaciones legales en forma de parches transdérmicos, soluciones inyectables y pastillas.
Sin embargo, debido a su bajo costo de fabricación y alta rentabilidad, se ha convertido en una de las principales drogas de producción clandestina. En el mercado negro se suele encontrar como polvo de diversos colores o pastillas falsificadas que imitan otros medicamentos como la oxicodona, conocidas comúnmente como M30.
¿Cuáles son los riesgos del consumo de fentanilo?
Los efectos del fentanilo son variados; aunque estos dependen de su uso controlado bajo supervisión médica o de forma ilegal, el fentanilo actúa sobre los receptores del sistema nervioso central que produce diversos estados y reacciones en el cuerpo como relajación y euforia, sueño profundo, confusión y mareos, náuseas y vómitos, la constricción de las pupilas y dificultad para orinar.
Sin embargo, el fentanilo fabricado de manera ilícita implica riesgos significativamente mayores porque se suele desconocer la dosis exacta contenida en las pastillas o polvos. Según la DEA, tan solo 2 miligramos conforman una dosis potencialmente letal para una persona promedio.
Entre los efectos más peligrosos está la depresión o insuficiencia respiratoria, donde la respiración se vuelve lenta y superficial, impidiendo que el oxígeno llegue al cerebro, así como la rigidez muscular y, finalmente, una sobredosis.
¿Cuál es la situación actual en México?
Se ha registrado un crecimiento exponencial en los casos atendidos por consumo de fentanilo ilícito, concentrados principalmente en el norte del país; en 2021 se registraron 184 casos, mientras que en 2022 y 2023 la cifra ascendió a 333 y 430 casos respectivamente, según el Informe de la demanda y oferta de Fentanilo en México: generalidades y situación actual, elaborado por la Secretaría de Salud (SSA) y la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (CONASAMA).
Este informe señala que entre 2013 y marzo de 2024, se atendieron 5 mil 901 personas por urgencias relacionadas con el uso de opioides, siendo el 2023 el año con mayor número de casos (759). Aunque las cifras son elevadas, no se tiene registro diferenciado de intoxicaciones específicas por fentanilo hasta 2023, cuando se implementó un nuevo sistema de monitoreo en el que se registraron 22 urgencias por intoxicación aguda de junio de 2023 a enero de 2024.
Estas cifras no resultan extraordinarias: Aunque históricamente se consideraba a México solo como un lugar de tránsito, el consumo interno está en aumento, especialmente en la zona fronteriza. Hoy, México funciona como un corredor estratégico para el tráfico de fentanilo hacia Estados Unidos, con rutas que inician en China, pasan por laboratorios mexicanos y cruzan la frontera norte.
Según el informe de la SSA, Baja California se ha convertido en el epicentro de esta droga en el país, pues el estado lidera los decomisos a nivel nacional. Entre 2018 y mayo de 2026, se incautaron más de 13.5 millones de pastillas en la entidad.
Además, es una de las entidades con mayor concentración de personas consumidoras. El Servicio Médico Forense (SEMEFO) de Baja California detectó que, de los cuerpos analizados que dieron positivo a alguna sustancia en la entidad, el 39% presentaba fentanilo.
¿Cuáles han sido los avances para el uso del antídoto del fentanilo en México?
El antídoto principal para revertir las sobredosis de fentanilo es la naloxona. El Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) lo define como “un medicamento que revierte de manera rápida las sobredosis por opioides” al que puede accederse gratuitamente y sin receta en Estados Unidos y se consigue en farmacias, supermercados, organizaciones civiles y servicios de emergencia.
La naloxona funciona como antagonista del receptor opioide que actúa desplazando al fentanilo de los receptores del cerebro. Su efecto ocurre en cuestión de dos a tres minutos, al restaurar la respiración normal y prevenir la muerte, sin embargo, para combatir el fentanilo se requieren dosis muy elevadas.
De acuerdo con la iniciativa de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Detener las sobredosis de forma segura (SOS), la sobredosis es la principal causa de defunción entre personas que consumen drogas por inyección, por lo que hacen hincapié en que quienes puedan presenciar una sobredosis tengan “acceso a la naloxona y recibir instrucciones sobre su administración para que puedan utilizarla en el manejo de emergencia de una presunta sobredosis de opioides”.
En México, la naloxona ha estado clasificada como una sustancia psicotrópica bajo la Ley General de Salud, lo que dificulta su acceso A pesar de ello, este 17 de julio de 2026, la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados aprobó un dictamen para eliminarla de la lista de sustancias psicotrópicas y permitir su disponibilidad como antídoto de emergencia, lo que implica un avance para la liberación de la reforma después de estar frenada por tres años debido a la postura del expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien consideraba el antídoto como un paliativo que no atendía las causas de fondo de la adicción.
Aunque la reforma ya fue aprobada en comisiones con 30 votos a favor, todavía falta que sea votada y aprobada por el Pleno de la Cámara de Diputados para que su venta libre sea una realidad en farmacias y otros establecimientos.
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