¿De qué manera el cambio climático vulnera a las niñas, niños y adolescentes? ¿Cuál es el impacto que tiene en la salud y en el ámbito educativo? ¿Qué implica crecer en medio de una crisis ambiental?
El informe La infancia y adolescencia frente al cambio climático en México, elaborado por UNICEF México y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) examina, precisamente, los riesgos y consecuencias que el cambio climático implica para este grupo etario.
Los resultados del informe son alarmantes: en México, 90% de las niñeces y jóvenes adolescentes se enfrentan a, al menos, dos riesgos climáticos severos, siendo los más frecuentes las sequías y las olas de calor.
Las niñas y niños menores de 5 años son los más susceptibles debido a que su cuerpo, cerebro y sistema inmunológico se encuentran en pleno desarrollo. Paradójicamente, explica en el informe, son quienes menos han contribuido al desarrollo del conflicto, lo que les coloca en una posición de injusticia ambiental.
Crecer entre desigualdades
México se sitúa en el puesto 54 de 200 países en el Índice de Riesgo Climático de la Infancia (IRCI) de UNICEF, ubicándose en un nivel de riesgo alto con una puntuación de 7.25 puntos en una escala del 0 al 10.

Los aspectos más graves, siendo la contaminación del aire, las sequías, las olas de calor, las tormentas tropicales y el calor extremo son los casos más severos, con puntuaciones de 9.61, 7.94, 6.65, 5.47 y 4.86, respectivamente.
La crisis climática no afecta a todas y todos por igual; amplifica las brechas socioeconómicas preexistentes y afecta de manera desproporcionada a las personas que viven en situaciones de vulnerabilidad.
Las niñeces y adolescencias en situación de pobreza o de comunidades indígenas quedan atrapadas en un ciclo donde cada desastre destruye sus escasos medios de vida y servicios básicos, particularmente en estados como Campeche, Chiapas, Oaxaca, Quintana Roo, Veracruz y Yucatán, región en la que más del 60% de las y los menores viven en condiciones de pobreza.
¿Cómo se ven las afectaciones en la salud de las y los menores?
Las consecuencias son multidimensionales y se manifiestan desde aspectos de salud hasta la brecha de género.
Durante la primera infancia, que contempla el rango de entre 0 a 5 años de edad, las y los niños se convierten en el eslabón más vulnerable frente al cambio climático. Según se explica en el informe, al poseer un metabolismo que ingiere y absorbe más agua por unidad de peso corporal y contar con un sistema inmunológico y termorregulador aún en desarrollo, su organismo reacciona de forma más severa ante los choques ambientales.

Ejemplos de ello ocurre en fenómenos distinguibles, como en el caso de lluvias intensas e inundaciones, que se asocia con un aumento del 1.9% en la tasa de mortalidad infantil por enfermedades diarreicas y de un 1.4% en la morbilidad por infecciones respiratorias en menores de 5 años.
Este fenómeno también eleva la mortalidad infantil general en un 0.9% y la mortalidad en en mismo grupo etario en un 0.8%.
Otras relaciones en el deterioro de la salud son:
Olas de calor y temperaturas extremas: un aumento del 10% en el número de días cálidos al año incrementa en 1% la tasa de mortalidad infantil por enfermedades respiratorias. En la vida cotidiana, el estrés térmico prolongado produce deshidratación, golpes de calor, disfunción muscular o renal y agrava enfermedades digestivas, respiratorias y cardiovasculares.
Sequías: provocan escasez hídrica y alimentaria, derivan en malnutrición y enteropatías medioambientales (trastorno inflamatorio crónico) que impiden absorber nutrientes.
Contaminación del aire: la inhalación constante de partículas y ozono desencadena desde partos prematuros y bajo peso al nacer en mujeres gestantes, hasta asma y daño pulmonar permanente. En la adolescencia esta exposición se manifiesta en la disminución de la velocidad del procesamiento cerebral y se vincula con problemas neuroconductuales y trastorno por déficit de atención.
¿El cambio climático afecta de manera diferenciada a las niñas?
¿Quién cuida en medio de las crisis de cuidados? Las niñas y adolescentes, como las mujeres adultas, se ven condicionadas a mayores afectaciones debido a la sobrecarga de trabajo de cuidados, las barreras de infraestructura y los roles de género.
Esto se observa en espacios de desarrollo como la escuela: ante la presencia de eventos meteorológicos extremos, la matrícula de niñas inscritas se reduce hasta en un 2.6% en el primer grado de primaria.
Esto se debe a que, durante emergencias u olas de calor, las niñas y adolescentes asumen mayores tareas domésticas y de cuidado en sus familias, lo que perjudica sus oportunidades educativas y de desarrollo personal.
Las asimetrías también son visibles en el área de la salud menstrual, pues la escasez de recursos, especialmente de agua potable, afecta hasta al 22.2% de las escuelas de educación básica y al 25.5% de educación media superior.
Ante este panorama, el informe enfatiza la necesidad de transformar la forma en que el Estado contempla a la infancia. Esto implica dejar de verles únicamente como población vulnerable y reconocer su derecho a participar activamente en el diseño de las políticas climáticas que definirán su futuro.
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