“Menos mal no nos casamos, así no nos separamos nunca”, le dice Luci, interpretada por Tania Alves, a su queridísima amiga Lívia, cuyo personaje encarna Analu Prestes en Señoritas (2025), la última película de la cineasta brasileña, Mykaela Plotkin.

Señoritas, disponible en las salas de la Cineteca Nacional a partir del 7 de agosto, cuenta la historia de Lívia, una mujer adulta mayor de 70 años cuya vida, monótona y rutinaria, se ve sacudida cuando su amiga Luci regresa a Brasil. En esta película, Plotkin nos invita a repensar la idea convencional de la adultez, especialmente para las mujeres.

¿En la “tercera edad” el deseo desaparece? ¿El cuerpo se habita de manera diferente? ¿Se apacigua la curiosidad que se asocia a la juventud? Desde la sensibilidad, la picardía y la comicidad Señoritas se convierte en una inspección minuciosa de otra posibilidad de experimentar la vejez.

“La libertad está en otro lugar”

“La libertad está en otro lugar. ¿Por qué no se habla de eso?”, dice Plotkin durante el estreno de la película en la Cineteca Nacional de México, un espacio que se ha convertido en su hogar y en el que, por primera vez en América Latina, se proyecta el largometraje.

La libertad está en otro lugar; está en la autonomía económica, la libertad financiera, la franqueza de contar con recursos para disfrutar de una vejez digna. En estos casos, cuando la seguridad económica es una certeza para las mujeres como Lívia, una arquitecta retirada, la libertad, o al menos una fracción de ella, se encuentra en la independencia y autodeterminación femenina

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Señoritas toma a sus dos protagonistas, mujeres adultas mayores, como el centro de este escenario.

Lívia, mujer, adulta, madre, abuela. Casada, sí, con un hombre, pero también con los mandatos patriarcales de una “feminidad” apacible y templada. Luci, por otro lado, se reconoce como una mujer que disfruta de esa libertad estigmatizada que Lívia observa al principio de la película. 

Como su nombre, cuya definición se asocia con el significado de “la que es de color azul pálido”, como el color de la cocina que habita Lívia y del título de la película, la protagonista se enfrenta a una revolución avasalladora de contradicciones sociales: debe desafiar la rutina de años y la dedicación a la familia como esposa, madre y abuela

Lívia, en un principio, es pálida al no enunciar abiertamente que anhela más que la vida tradicional de una mujer de la tercera edad, pero finalmente ligera al reconocerse como mujer, sujeta en busca del placer, amiga incondicional, amante, traviesa y liviana. 

“Usar personajes mayores es una manera de llevar al extremo una falta de libertad que tenemos como mujeres y como seres humanos, que constantemente estamos atrapadas en los tabúes”. (-Mykaela Plotkin)

Derribando el prejuicio edadista de género

Para las amigas, las primeras veces, el deseo y la secrecía individual y colectiva de añorar otras formas de habitar la adultez mayor fuera de los roles de género tradicionales y los prejuicios edadistas, Señoritas es un apapacho que surge de ese “azul pálido” que se ha impuesto a las mujeres y se transforma en exploración, comunión y gozadera

“Yo fui esa niña”, recuerda Plotkin, cuya niñez pasó rodeada por su abuela y sus amigas. Cuando, entonces, el sueño era la euforia de la juventud, se dio cuenta de que la liberación no necesariamente se traducía en el vigor de las primeras décadas de la vida humana, sino en la comunidad entre amigas adultas mayores. 

Señoritas, para los ojos más jóvenes, en ocasiones incomoda, pero también se posiciona como una representación necesaria de la vejez para las mujeres que amplía el universo narrativo de la vida digna para todas. 

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