En México, cada 10 de mayo se celebra el Día de las Madres, una fecha profundamente arraigada en la cultura popular, aunque también cuestionada por activistas feministas que han señalado cómo esta conmemoración suele romantizar la maternidad y reforzar estereotipos de género ligados al cuidado y al sacrificio femenino.
El origen del Día de las Madres en el país también revela su dimensión política y comercial. La celebración fue instituida en 1922 por iniciativa de Rafael Alducin, entonces director del periódico Excélsior, con el respaldo de la Iglesia católica y la Secretaría de Educación Pública (SEP). Desde entonces, la fecha ha sido utilizada para promover una idea estereotipada de una maternidad vinculada a los valores familiares tradicionales y al consumo.
Y es que más allá de su dimensión simbólica, la fecha también representa uno de los periodos de mayor consumo en el país. Tan solo en la Ciudad de México, se prevé que la celebración del Día de las Madres en 2026 genere una derrama económica de 5 mil 901 millones de pesos, lo que representa un incremento de 9.8 % respecto a lo registrado en 2025, de acuerdo con estimaciones de la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de la Ciudad de México (Canaco CDMX).
Sin embargo, la experiencia de ser madre no se reduce a un día de celebración: ser madre en México significa vivir una realidad de asimetrías profundas.
La maternidad y los cuidados
La maternidad sigue siendo un eje central en la vida de las mujeres mexicanas. De acuerdo con cifras de Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), siete de cada diez mujeres de 15 años o más son madres, mientras a nivel nacional la cifra asciende a 38.4 millones de madres. Como te contamos en esta nota, la estructura de los hogares ha cambiado, y actualmente uno de cada tres hogares tiene a una mujer como jefa de familia, lo que significa que muchas madres sostienen solas tanto el aspecto económico como las labores de cuidado.
Para muchas mujeres, la maternidad también implica una penalización económica y laboral. Menos de la mitad de las madres en México cuentan con un empleo remunerado (45.2 %) y, quienes sí trabajan, perciben un ingreso promedio mensual de apenas 7 mil 296 pesos.
Además, las madres suelen enfrentar una brecha salarial frente a las mujeres sin hijos, quienes pueden llegar a ganar hasta 16 % más. A esto se suma una mayor tendencia de las mujeres con hijas e hijos a incorporarse en la economía informal y en sectores históricamente precarizados, como el comercio minorista y los servicios de alimentos, donde predominan los bajos salarios, la falta de seguridad social y las jornadas extensas.
A esto se suma una problemática cada vez más socializada: la doble jornada impulsada por la falta de un sistema nacional de cuidados y la distribución inequitativa de trabajos no remunerados en el hogar. La maternidad, usualmente, conlleva la invisibilización del trabajo doméstico, un acto comúnmente asociado al deber y categorizado popularmente como un “acto de amor”.
Maternidad entre los contrastes y desigualdades
Ser madre también implica habitar una construcción histórica, política y cultural que ha promovido la figura de la mujer abnegada, sacrificada y subordinada al cuidado de otras personas, invisibilizando que las maternidades son diversas y se experimentan de maneras distintas según la edad, la condición económica, la discapacidad, el territorio o el acceso a derechos.
En México, estas desigualdades se reflejan en distintos tipos de maternidad que suelen permanecer fuera de la conversación pública. Por ejemplo, el 6.8 % de las madres habla alguna lengua indígena y el 2.7 % se identifica como afrodescendiente.
Otro ejemplo es que el país mantiene una de las tasas más altas de embarazo adolescente entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) con un 14.8 %, una situación que interrumpe las trayectorias educativas y laborales de niñas y jóvenes.
A ello se suman las barreras que enfrentan las madres con discapacidad, quienes viven múltiples formas de exclusión. De acuerdo con datos del INEGI, 34.2 % de ellas no tiene acceso a servicios de salud, además de enfrentar obstáculos para acceder al empleo, a redes de cuidado y a una atención libre de discriminación, mientras que el 39.2 % de las madres sin discapacidad carecen de acceso a servicios de salud.
¿Eres madre y vives una maternidad fuera del estigma hegemónico? Te leemos en los comentarios.

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