En México, el fútbol se vive y siente en cada rincón del país. El deporte se ha convertido en un espacio de comunión popular y cultural con una capacidad única para unir a las personas y moldear identidades de las personas. 

Sin embargo, el fútbol arrastra consigo un gran enemigo patriarcal: conductas machista y patriarcales, desde la brecha salarial entre jugadoras mujeres y hombres, el acoso a periodistas mujeres y la discriminación contra grupos de la comunidad LGBTQ+.

En el marco de la Copa del Mundo 2026, y la participación de México como sede mundialista junto a Canadá y Estados Unidos, resurgen, además, discursos de odio. A pesar de los esfuerzos institucionales por promover el respeto, aún se normalizan expresiones discriminatorias que afectan tanto a quienes practican el deporte como a quienes lo disfrutan o trabajan en él. 

El impacto del odio futbolero

Más allá de la emoción en la cancha, tras bambalinas, en canteras, en la celebración familiar, persiste la discriminación y, por lo tanto, la exclusión de miles de jóvenes que buscan espacios seguros. 

De acuerdo con The Trevor Proyect, la organización líder en intervención en crisis y prevención del suicidio para las juventudes LGBTQ+, esto es crítico, considerando que el 55% de las juventudes LGBTQ+ en México reporta haber sufrido discriminación por su identidad u orientación.

A esto se suma que quienes sufren esta discriminación tienen un riesgo mucho mayor de intento de suicidio: el porcentaje asciende a 45% frente a 24% de quienes no la viven.

Edurne Balmori, quien se desempeña como la directora ejecutiva de The Trevor Project México, señala para La Cadera de Eva que los mensajes que se generan en el entorno del fútbol impactan mucho más allá de los 90 minutos de juego, influyendo en la identidad y el sentido de comunidad de las personas.

“Hablar de inclusión en el deporte no es solamente una conversación sobre diversidad. También es una conversación sobre bienestar, salud mental y pertenencia. El fútbol tiene una oportunidad enorme para demostrar que la pasión por este deporte puede unirnos más allá de nuestras diferencias y que todas las personas merecen sentirse bienvenidas dentro y fuera de la cancha”.

Línea Dorsal contra la LGBTQfobia

Ante este panorama surge la iniciativa “Línea Dorsal”, una respuesta estratégica ante la persistente LGBTQfobia y discriminación, que busca transformar este deporte en un entorno de cuidado, respeto y salud mental. 

Como parte de la iniciativa, jugadores de diversos equipos y ligas cambian temporalmente sus números oficiales en las camisetas. En su lugar, portan en sus dorsales los dígitos que conforman la línea de atención en crisis de la organización. De esta manera, las alineaciones de los partidos se transforman en una vía directa para acercar información de ayuda a miles de espectadores.

Su objetivo es visibilizar que las juventudes LGBTQ+ existen en todos los ámbitos, incluido el deportivo, y recordarles que no están solas.

“Es una invitación a reconocer que los espacios deportivos también pueden ser espacios de cuidado. Sabemos que muchas juventudes LGBTQ+ siguen enfrentando rechazo, discriminación o aislamiento, y queremos que sepan que no están solas, solos ni soles. Línea Dorsal busca tender un puente entre una de las pasiones más grandes del país y la importancia de cuidar nuestra salud mental. Porque a veces un mensaje visto en el momento adecuado puede hacer una diferencia enorme en la vida de una persona”.

Crear espacios para todxs

Para promover espacios sin discriminación en el fútbol, Edurne Balmori, destaca que la clave no es solo actuar de manera reactiva ante incidentes, sino realizar un trabajo constante y colectivo. La inclusión no debe limitarse a reaccionar cuando ocurre una conducta discriminatoria; por el contrario, se debe construir todos los días a través de acciones, mensajes y decisiones que aseguren que cada persona se sienta bienvenida.

“Si logramos que esa pasión vaya acompañada de respeto, empatía y cuidado, el deporte puede convertirse en uno de los mejores ejemplos de cómo convivir en una sociedad más incluyente para todas las personas”, explica Balmori y señala que crear un entorno de unión y gozo es una tarea en la que deben participar todos los actores del deporte como clubes, federaciones, atletas, medios de comunicación, patrocinadores y la afición. 

“Cuando una persona sabe que puede participar, competir, celebrar o simplemente disfrutar de un partido sin miedo a ser juzgada por quién es, se fortalece algo muy importante para cualquier ser humano: su sentido de pertenencia”.

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