Durante la última semana, las redes sociales se inundaron de comentarios alrededor de una imagen en la que, Meghan Trainor, intérprete de la famosa canción de body positive, All About That Bass, sostiene desnuda a una bebé recién nacida, el pasado 18 de enero. 

La imagen, que a primera vista podría leerse como la de una madre que acaba de pasar por un parto, corresponde en realidad a una fotografía de Trainor sosteniendo a su tercera hija, Mikey Moon, quien nació mediante un proceso de gestación subrogada.

“Nuestra pequeña Mikey Moon Trainor finalmente llegó al mundo gracias a nuestra increíble madre sustituta. Estamos eternamente agradecidos a todos los médicos, enfermeras y equipos que hicieron posible este sueño”, escribió la cantante junto a su esposo, Daryl Sabara, en una publicación de Instagram. 

En una entrevista con la revista People, Meghan Trainor afirmó que, aunque la gestación subrogada no era su primera opción para el nacimiento de su tercera hija, fue la “única forma segura” de que su familia creciera. 

Sus declaraciones detonaron una oleada de reacciones adversas. La publicación del anuncio se llenó de comentarios críticos hacia la gestación subrogada e incluso de gifs y referencias a El cuento de la criada,  la serie distópica que retrata un régimen autoritario donde los cuerpos de las mujeres son apropiados y controlados para la reproducción. Y con ello nació la pregunta incómoda: ¿cuando hablamos de gestación subrogada también hablamos de la explotación de los cuerpos de las mujeres y personas gestantes? 

El dilema de la gestación subrogada

El señalamiento no es casual. En redes sociales, usuarias cuestionaron el carácter desigual de la gestación subrogada al subrayar que esta práctica se sostiene sobre brechas económicas y de género. Varias de ellas apuntaron que las mujeres con mayor poder adquisitivo rara vez ponen sus cuerpos a disposición para gestar a hijas o hijos de otras personas, lo que refuerza la idea de que la subrogación opera en un marco donde la capacidad reproductiva de mujeres en situación de vulnerabilidad se convierte en un recurso transaccional. 

Algo similar ocurrió tras el anuncio del nacimiento del hijo de la escritora y autora feminista, Chimamanda Ngozi, mediante gestación subrogada, cuando la discusión pública volvió a polarizarse. 

En ambos casos, la reacción evidenció cómo la gestación subrogada se ha convertido en un terreno en donde confluyen debates sobre autonomía reproductiva, desigualdad económica y el riesgo de normalizar un modelo que se sostiene, en gran medida, sobre cuerpos de mujeres racializadas y precarizadas.

Entender el panorama completo de la gestión subrogada es complejo. De acuerdo con el artículo La vulneración de las mujeres que ejercen gestación sustituta… los conflictos de la gestación subrogada confluyen alrededor de tres ejes principales: la vulnerabilidad de las mujeres, el vacío legal en la mayor parte de México y la explotación económica de un mercado que opera con poca regulación.

En México, la gestación subrogada solo está regulada en Tabasco y Sinaloa, mientras que en San Luis Potosí y Querétaro está expresamente prohibida, según el artículo, mientras que en el resto del país no hay leyes claras, lo que deja a las gestantes en una situación de indefensión jurídica y favorece que la práctica se realice de manera clandestina.

Uno de los conflictos más evidentes es el de las contrataciones y la profunda desigualdad en los pagos. La UNAM ha advertido que la gestación subrogada se ha consolidado como una industria global multimillonaria, con altos riesgos de explotación, pues mientras las clínicas y agencias intermediarias pueden cobrar hasta 60 mil dólares por procedimiento, la retribución que reciben las mujeres gestantes es marginal en comparación, en una “industria” que podría alcanzar hasta los 129 millones de dólares a nivel mundial, de acuerdo con el informe, Surrogacy Market Global Forecast, 2025-2034.

El turismo de la subrogación

El turismo de subrogación o turismo reproductivo es un fenómeno ocurre cuando personas de otros países viajan a lugares con regulaciones laxas o inexistentes para contratar el servicio de gestación. 

De acuerdo con el artículo, La falta de regulación jurídica como motivante del turismo reproductivo en México, publicado en la Revista CONAMED (2025), México se ha convertido en un “epicentro” y “paraíso” del turismo reproductivo por la ausencia de un marco legal federal que regule las Técnicas de Reproducción Asistida (TRA).

Esto se debe a que los procedimientos pueden ser entre un 40% y 80% más baratos que en Estados Unidos y así es cómo lo hacen: empresas transnacionales, que a menudo no están asentadas legalmente en México, actúan como intermediarias entre los “padres de intención” y las gestantes.

Las reclutadoras de estas agencias suelen incurrir en prácticas que vulneran los derechos de las mujeres, amparadas en la falta de supervisión estatal y en vacíos legales persistentes. 

Quienes cargan con las consecuencias son las mujeres gestantes, en su mayoría jóvenes en contextos de precariedad económica, a quienes se capta mediante contratos poco claros, con cláusulas abusivas y sin garantías reales ante posibles complicaciones médicas o frente al abandono del proceso por parte de los padres de intención. 

Los comentarios de indignación en los casos de Meghan Trainor y de celebridades que  acuden a la maternidad subrogada responden a la ausencia de una regulación con enfoque de derechos humanos y perspectiva de género, pues la gestación subrogada continúa operando como un negocio que privatiza las ganancias y abusa de los cuerpos de las mujeres más vulnerables.