México carga con una pesada cadena, una cadena que, aunque intentamos ocultar, siempre resuena cuando socialmente nos escuchamos hablar sobre cuestiones raciales y estratificación. Esta cuestión se comenzó a entretejer en las raíces del pueblo mexicano desde hace cientos de años; un regalo que el colonialismo en las Américas nos dejó como legado. 

Las personas afroamexicanas han sido negadas, invisibilizadas y excluidas por un país donde se anida el racismo en nuestro lenguaje, nuestras acciones como sociedad y se alberga también en nuestras instituciones. 

Una prueba fehaciente de este desconocimiento y discriminación, es que hasta hace apenas unos años (2015), se incluyó en los censos poblacionales la opción para identificarse como persona afroamexicana. Pasaron cientos de años para que las instituciones de estadística más grandes del país decidieran mirar a un sector rezagado y hablar de “autodescripción identitaria afrodescendiente”. 

Es así que, por primera vez en la historia de nuestro país, se supo que el 1.16% de nuestra población se identifica como afromexicana. Por eso, antes de continuar en un ejercicio de reflexión, vamos a deshilar el origen del prejuicio, la identidad, la violencia institucional y la resistencia de las comunidades afromexicanas.

¿Qué es ser una persona afromexicana?

En una búsqueda de primera mano, el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI),  señala que las personas afroamexicanas son quienes descienden del continente africano y que se autoreconocen así por sus costumbres, culturas y tradiciones. 

La Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, señala que el origen de las personas afromexicanas deviene de la época colonial, cuando hombres y mujeres originarios de África fueron obligados a trabajar en condiciones de esclavitud. 

Es aquí, donde es necesario detenerse y cuestionar cómo, en la memoria colectiva del mexicano el tema del esclavismo, el prejuicio, la estigmatización y la estratificación ha quedado arraigada a las comunidades afromexicanas. El colonialismo alimenta el estereotipo y se traduce en violencia, desventajas económicas, educativas, segregación y exclusión. 

Las  definiciones institucionales son horizontales, nos hablan de esclavismo y de una ascendencia que ya es conocida, por lo que es necesario indagar aún más en lo que sí es ser una persona afrodescendiente, lejos del lenguaje cuadrado, del estigma y de los significados que se dan en la otredad y qué mejor, que con la voz de mujeres pertenecientes a este sector poblacional. 

Irais García, mujer afromexicana  y líder comunitaria en una entidad de Oaxaca, se define así misma como una parte de la historia y de la resistencia, se nombra con la palabra “fuerza”. A la par, también indica que aunque la comunidad afro es lucha, también representa la injusticia social y la exclusión. 

¿Tú, yo, racistas?: sí

Cuando integrantes de un grupo dominante intentan conservar sus privilegios, se utiliza la imposición de parámetros, prejuicios y estereotipos sobre un grupo que está en desventaja. 

Parámetros como que las personas blancas son más bonitas, honestas y exitosas, mientras que las afrodescendientes son ignorantes, poco fiables, o “trabajadores resistentes” (vestigios del esclavismo que hasta nuestros días estigmatiza), desembocan en una perpetuación del racismo, actos que en el desfortunio, hemos aprendido a replicar generacionalmente. 

El Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia (IMDHD)  recoge los tres tipos de racismo más preponderantes en nuestro país. 

Racismo individual: Este tipo de violencia se ejerce cuando se trata a una persona mejor o peor, según su origen étnico o apariencia física. En México, la apariencia física tiene un peso tan importante en la sociedad que el valor como personas no es un derecho humano que sea respetado por el mero hecho de serlo, sino que debe ser determinado por cómo lucimos. 

“Las escuelas favorecen a los alumnos con cierto tono de piel, mientras que las infancias, reproducen expresiones racistas que se aprenden en casa, como por ejemplo, la expresión de parecer indio”. (IMDHD)


Nuestro lenguaje, nuestras prácticas y nuestro racismo normalizado abona a que México se convierta en un país donde las personas afromexicanas se sientan ajenas; en México sólo da orgullo cuando se habla de las personas blancas que habitan en algunas regiones de nuestro país, pero parece impensable que los afrodescendientes de Oaxaca, por ejemplo, sean también parte de nuestra identidad como mexicanos.



Racismo institucional: Acciones públicas que favorecen únicamente a un sector poblacional, pero ignoran, excluyen e invisibilizan a otras, siendo las comunidades afrodescendientes e indígenas los sectores más rezagados. 

Uno de los ejemplos más fehacientes es que no se tome en cuenta la participación de las personas afromexicanas en cuestiones de políticas públicas, que no existan servicios de calidad en las regiones donde habitan o que se niegue su participación. 

El náhuatl, el chol, el totonaca, el mazateco, el zapoteco, el otomí, el tzotzil, el tzeltal, el maya y el mixteco, son las lenguas que más hablan las personas afromexicanas, sin embargo, ¿cómo es que el gobierno plantea incluirlas en la toma de decisiones  si ni siquiera existe una visibilización de su lengua? 

“No contar al grupo étnico de afromexicanas en los censos poblacionales, por ejemplo, repercute en que estas personas no tengan ni siquiera acceso a información de su identidad e incluso, desconocen el acceso a oportunidades y proyectos que fomenta el Gobierno”, señala Iraís García.

Racismo Sistémico: Un tipo de violencia que se extiende por todos nuestros ámbitos: en nuestras políticas, nuestros medios masivos de comunicación, nuestra familia y educación; se cimenta en un racismo normalizado. 

Un ejemplo para observar esta cuestión lo encontramos al momento de encender nuestra televisión y encontrarnos con que los programas más consumidos de la TV abierta tienen en común, que los personajes suelen ser personas blancas, con cabello lacio, castaño o rubio. Según información de la Gaceta UNAM, el 97% de las producciones mexicanas posee a un protagonista blanco. 

El pensamiento imperativo cierra la puerta para que personas afromexicanas ocupen espacios en nuestros medios, en la política, en cargos públicos, en instituciones y participen activamente en la toma de decisiones. 

Uno de los números más alarmantes se dio a conocer en 2017 a través de la Encuesta Nacional sobre Discrimininación del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), que apuntaló a un serio problema de racismo

Más de 16 millones de mexicanos declararon haber sido discriminados en algún momento, siendo la causa principal el tono de piel, manera de hablar, peso, clase social y género.

"Las mujeres afromexicanas hemos estado luchando por los espacios de toma de decisiones, sin embargo, los espacios ganados han sido coptados por los compañeros hombres. Eso se tiene que saber, que nosotras no estamos en los espacios en donde deberíamos estar” (Mijane Jiménez Salinas, integrante de la Colectiva de Mujeres Afromexicanas en Movimiento (MUAFRO)

En entrevista con la activista afromexicana y feminista, Sheyla Zamudio Beltran explica que México es sin lugar a dudas, un país racista, clasista y que además, criminaliza y estigmatiza a las personas afrodescendientes. 

“Vivimos en un país racista y clasista, y mayor prueba no hay que las vivencias que han tenido mis compañeros y yo en nuestro día a día. El  simple hecho de existir y que ya te estén discriminando por cómo te ves, cómo hablas o por tu corporalidad, desde ahí lo vivimos. He sufrido racismo y lamentablemente personas muy cercanas a mí que también lo han vivido e incluso, han sido detenidas al momento en que las autoridades no reconocen que hay negros en México y les piden su identificación oficial, ¿por qué?, porque existe un perfilamiento racial”, explica la activista.

Mujeres afromexicanas: resistiendo, luchando y sobreviviendo a la violencia

Irais García señala que las principales violencias que se viven en México como mujer afrodescendiente son la económica, la sexual, la institucional y la psicológica. Una de las pruebas más contundentes se refleja en el gran número de deserción escolar y la falta de oportunidades para las mujeres pertenecientes a este sector. 

“Existe una deuda histórica con ellas, que se encuentran resistiendo y a la espera de tener acceso a mejores oportunidades”, señala la líder comunitaria oaxaqueña, Irais García. 

El machismo, la violencia y el patriarcado nos atraviesa a todas las mujeres que viven en México y por supuesto, las afromexicanas no son la excepción. En su cotidianidad del campo, las compañeras viven constantes situaciones de abuso de poder, discriminación por género y violencia sexual. 

La Secretaría de Gobernación reconoce en una conversación con Beatriz Amaro Clemente, mujer afrodescendiente e integrante de la  Colectiva de Mujeres Afromexicanas en Movimiento (MUAFRO), que uno de los temas fundamentales a las que se enfrentan las mujeres de esta comunidad es la falta de derecho al territorio. 

Una de las prácticas más comunes en los estados con mayor concentración de mujeres afrodescendientes, Oaxaca, Veracruz y Guerrero, es que no existen programas que favorezcan a las mujeres que se dedican al campo. Algunos de los programas gubernamentales sí llegan, pero no llegan a sus manos, sino que favorecen a los dueños de las tierras que son mayoritariamente hombres. 

La mujer afromexicana resiste en los campos de nuestro país, cultivando, cosechando y trabajando jornadas extenuantes sin apoyo del Estado, cuidando de sus hijos del hogar.

Aunado a esto, la violencia sistémica que azota a estas comunidades se traduce también en la falta de servicios de salud y de atenciones básicas libres de discriminación. 

Beatriz Amaro Clemente señala que es necesario reconocer el trabajo de las mujeres que en sus comunidades difunden la medicina tradicional y que ejercen labores como parteras, pues son una parte importante para que las mujeres reciban atenciones oportunas, especialmente, en zonas remotas  sin acceso a servicios básicos.

Las mujeres afromexicanas son parte de nuestra identidad nacional y constructoras vitales de territorios y comunidades en México. Resisten, acompañan a otras mujeres, crean redes de apoyo, son madres, amigas y compañeras de vida. Sobreviven en sus saberes y su mera existencia es bandera contra un sistema que históricamente las ha dejado a la sombra. 

Nombrémoslas y construyamos un pensamiento donde afromexicana, es sinónimo de resiliencia, lucha y amor. 

"Estamos resistiendo desde que existimos, cuando salimos a la calle y vivimos al día a día, cuando nos enfrentamos al bullying, a la discriminación, al racismo, cuando levantamos la voz para contar nuestras experiencias que es muy doloroso, también eso es resistencia. Durante mucho tiempo estuvimos ocultos socialmente pero ya no más,  así nos ocultaron, nos borraron de la historia pero nunca hemos dejado de existir, aquí estamos y vamos a resistir.” (Sheyla Zamudio Beltran mujer joven, afromexicana y activista feminista).