Amix, hace un par de semanas se viralizó la noticia de que “por primera vez en la historia de la humanidad” científicos habían mapeado el sistema nervioso del clítoris. El grupo liderado por Ju Young Lee, investigadora asociada del Centro Médico Universitario de Ámsterdam en los Países Bajos, logró visualizar la compleja red nerviosa del clítoris, compuesto por tejido eréctil, venas y arterias.

Esta noticia nos emocionó tanto que incluso hablamos al respecto en nuestras redes sociales pero, ¿realmente es la primera vez que conocemos la forma y magnitud del clítoris?

¡La respuesta es no! Y esto se debe a que históricamente el clítoris ha sido minimizado y patologizado desde una perspectiva antropocentrista. Así nos lo hizo saber Laura Citlalli Murillo Córtes, fundadora y responsable de Clitoralia, un proyecto que surgió en 2016 y que tiene como objetivo la  divulgación científica y social sobre el clítoris para combatir mitos y tabúes.

La información anatómica ha existido durante siglos. No se trata de una falta de hallazgos, sino de un “ir y venir” en la divulgación de los mismos debido a la censura, como explica Murillo en entrevista con La Cadera de Eva. Por ello, hoy platicamos sobre lo que ya sabíamos del clítoris pero que ha sido invisibilizado a lo largo de la historia. 

Clitoris, un universo explorado, mas no divulgado

Así es amix, la historia del clítoris es tan vieja como la humanidad, y es que desde la Grecia Antigua ya se reconocía el placer femenino y la existencia del clítoris. De hecho, el nombre proviene del griego “kleitorís” que se traduce como un “monte pequeño”. En entrevista con La Cadera de Eva, Murillo señala que, aunque poco conocido, dentro de comunidades zapotecas, las poetas también tenían términos propios para referirse a él, traduciéndose como lengua pequeña. 

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Para ella, esto demuestra que las mujeres siempre han generado conocimiento sobre su anatomía, independientemente de la ciencia formal. Esto nos lleva a los primeros registros anatómicos del clítoris que se remontan a los siglos XVI y XVII. Existen dibujos detallados de la época hechos por anatomistas italianos como René de Graaf, quien en 1672 realizó uno de los diagramas más completos de los nervios, y a Georg Ludwig Kobelt, que en 1844 mapeó el plexo venoso y los nervios dorsales de una forma sumamente ilustrativa. A pesar de los esfuerzos por la exploración del clítoris, Murillo explica que un momento clave para su invisibilización en la historia moderna y contemporánea ocurrió a finales del siglo XIX cuando, en el libro universitario Anatomía del Cuerpo humano de Henry Grey, se redujo la descripción del clítoris a solo dos párrafos, tratándolo como un órgano poco relevante, similar a un apéndice. 

“No quiere decir que las mujeres no hayamos generado conocimientos, sino que el conocimiento que se ha generado se ha discriminado, se ha minimizado, pero sobre todo... se ha criminalizado y se ha patologizado”.

Esto generó una “mutilación genital educativa” que persiste en muchos textos hasta la actualidad. Así comenzó un periodo de borrado histórico que ha transformado la forma en la que entendemos el clítoris

El borramiento antropocentrista se ha sostenido y, aún así, las mujeres no han dejado de producir conocimiento para entender la complejidad del clítoris. Tal es el caso de la ilustradora médica feminista Suzann Gage, que en 1981 publicó el libro A New View of a Woman’s Body, con dibujos sumamente completos de los nervios dorsales y de la red que abraza al útero desde una perspectiva feminista.

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Gage logró vincular las cuestiones puramente anatómicas con la censura, criminalización y patologización cultural que ha sufrido la información sobre el cuerpo femenino. Murillo explica que sus dibujos lograron proporcionar un contexto pedagógico útil, como mostrar vulvas junto a dedos o manos para entender la escala y cómo explorar los labios y que, además, presentan uno de los mapeos de nervios del clítoris más completos que existen, incluyendo los nervios dorsales y una red nerviosa que nace del clítoris y abraza al útero, extendiéndose hasta la espina dorsal.

¿Qué tiene que ver con el androcentrismo médico?

La construcción de conocimientos científico y social generalmente se produce desde una mirada que Murillo cataloga como “visión androcéntrica”. Por ello la base de la medicina ha sido históricamente la imagen de un cuerpo masculino como estándar. Bajo esta lógica, se han cortado o ignorado conocimientos del propio cuerpo de las mujeres y, aquellos que se han generado, han sido sumamente invisibilizados. 

Esta mirada androcéntrica se manifiesta en lo que llama “colonización corporal”, que consiste en nombrar los órganos femeninos con apellidos de hombres como las glándulas de Bartolino, las trompas de Falopio y el “punto G”, nombrado así por el apellido de Ernst Gräfenberg.

“Mi razón de vida es desjerarquizar la penetración como única forma de placer para las mujeres”.

Desde esta perspectiva, se le ha dado mayor relevancia a los órganos relacionados con el rol social de cuidados y reproducción como el útero, por considerarse que los trabajos que realiza son supuestos “dadores de vida”. En contraste, el clítoris, al ser un órgano que se asocia con el placer, ha sido ignorado o tratado como un elemento secundario.

Incluso la palabra vagina, que proviene de “vaina” refleja esta visión, posicionando a la mujer como una “proveedora de placer para un mundo donde anatómicamente un pene solo lo tienes que frotar”, enfatiza Murillo.

Este sesgo nos deja clara una realidad: las mujeres debemos apropiarnos de nuestra anatomía mediante la autoexploración, el uso de espejos y la divulgación comunitaria. Como señala Murillo, en un mundo patriarcal, “la respuesta está en tus manos”.

¿Conoces más información sobre el clítoris? Te leemos.