¿Estás cansada de utilizar toallas menstruales desechables, tampones e incluso copas menstruales? En México, al menos 64% de las adolescentes, mujeres y personas menstruantes experimentan malestares leves y severos durante la menstruación, de acuerdo con la Primera Encuesta Nacional de Gestión Menstrual.  

A esto se le suma la incomodidad que generan algunos métodos de gestión menstrual como las toallas desechables y los tampones, que pueden provocar rozaduras, irritación, exposición a químicos como dioxinas y metales pesados, y alteraciones en el pH vaginal. 

Sin embargo, existen otros métodos de gestión menstrual reutilizables poco utilizados que podrían marcar la diferencia en tu día a día. En México, el calzón menstrual es el quinto método de gestión menstrual más utilizado entre personas menstruantes, pero la cifra apenas asciende al 2% de métodos utilizados con más frecuencia. 

Este 2026, la tasa cero al IVA del 16% en productos de gestión menstrual se amplió para incluir calzones y discos menstruales. Aunque su uso aún no es muy común, su inclusión en la Ley de Ingresos de la Federación para el ejercicio fiscal de 2026 es una muestra de la batalla por la justicia menstrual para las personas menstruantes. 

Por ello, en esta nota te contamos qué son, cómo funcionan y cuáles son sus ventajas y desventajas para tomar una decisión informada y darles (o no) una oportunidad. 

Calzones menstruales

En entrevista con La Cadera de Eva, Anahí Rodríguez, activista menstrual y co-fundadora de la organización Menstruación Digna, explica que los calzones menstruales son prendas de ropa interior diseñadas con un sistema de absorción integrado para gestionar el flujo menstrual

Se dividen principalmente en dos categorías: los desechables, que se tiran tras un solo uso, y los reutilizables que pueden lavarse y tienen una vida útil de entre dos y tres años lo que reduce significativamente su impacto ecológico.

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Esto es lo que debes saber de cada uno: 

  • Calzones menstruales desechables:  son productos de uso único; están diseñados para ser utilizados una sola vez y luego tirarse a la basura. Al igual que las toallas sanitarias, existen modelos para flujo moderado o abundante. Algunas marcas ofrecen diseños específicos para niñas con capacidades de absorción menores.

Precio:  se venden en paquetes tres a 15 unidades y su precio varía entre 50 a 200 pesos según el paquete. 

Mantenimiento: no requieren de mantenimiento. 

Duración: un sólo uso.

  • Calzones menstruales reutilizables: tienen una vida útil de entre dos y tres años, lo que genera un menor impacto ecológico en comparación con los productos desechables. Su confección varía desde áreas de absorción del tamaño de una toalla estándar hasta diseños tipo “pañal”, donde el mecanismo de absorción se extiende hacia la parte trasera para brindar mayor seguridad, especialmente al dormir. 

A diferencia de los desechables, los reutilizables evitan el contacto de la piel con los químicos que suelen contener los materiales de un solo uso. Para prevenir infecciones como la vaginosis bacteriana o irritaciones, se deben cambiar cada 8 horas como máximo.

Precio: pueden costar entre 400 y 500 pesos por unidad, aunque existen alternativas que ascienden a los mil pesos. Se recomienda tener entre cinco y seis unidades para gestionar un ciclo completo.

Mantenimiento: requieren un proceso de lavado que incluye remojo inicial en agua, tallado con jabón y secado al sol, previo a la limpieza en la lavadora.

Duración: entre dos y tres años.

Las ventajas

Uno de los beneficios más destacados es que al estar hechos de materiales como algodón y capas impermeables que permiten la transpiración, evitan el contacto de la piel con químicos presentes en desechables. 

Existen modelos específicos para cada necesidad, como los de flujo abundante con absorción extendida para dormir, versiones para niñas, trajes de baño menstruales y calzones con broches laterales que facilitan el cambio.

Además, pueden ser un instrumento útil para fomentar la alfabetización corporal y desestigmatización al promover el contacto directo con la sangre menstrual, lo que ayuda a las personas menstruantes, especialmente a las niñas a eliminar prejuicios. 

Las desventajas

Una de las principales desventajas es la barrera económica, y es que una sola unidad comercial puede costar entre 400 y 500 pesos, aunque existen productos que ascienden hasta los mil pesos. Si se requieren entre cuatro y seis piezas, esto se traduce en hasta tres mil pesos. 

De acuerdo con la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), a lo largo de su vida, las mujeres gastaran entre 26 mil y 30 mil pesos en toallas sanitarias desechables o tampones si se considera que a lo largo de su vida se utilizan hasta 15 mil unidades de alrededor de 4 pesos, aunque la cifra puede variar y las condiciones no son iguales para todas las mujeres. 

Otra desventaja es la inaccesibilidad para cambiarse un calzón menstrual en espacios como baños públicos, ya que generalmente requiere quitarse los zapatos y el pantalón en pisos que pueden estar sucios. Sin embargo, aunque son pocos, existen modelos con broches laterales que permiten cambiar la prenda sin necesidad de quitarse la ropa. 

Es importante evaluar las ofertas en el mercado pues, como explica Anahí Rodríguez, existen marcas económicas en plataformas como Amazon o AliExpress cuya funcionalidad suele ser incierta, ya que muchas veces la calidad y la capacidad de absorción son deficientes y el producto no dura ni un par de horas.

A esto se le suma que, para evitar infecciones como la vaginosis bacteriana o irritaciones, es necesario cambiarlos cada ocho horas como máximo, lo que exige planeación si se va a estar fuera de casa por periodos prolongados.

El calzón menstrual como resistencia

“Vivía muy traumatizada por la menstruación”. Anahí Rodriguez recuerda que en la durante su menarquía no se levantaba de su butaca en la escuela por miedo a que los demás se dieran cuenta al escuchar el ruido que ocasiona el plástico de las toallas desechables al caminar. 

Pensaba que sangraba litros, por lo que solía usar capas excesivas de ropa como calzones, licra negra, shorts gruesos con alfileres, faldas y un suéter amarrado para evitar manchas. Esta experiencia fue fundamental para dar los primeros pasos hacia su activismo y, consecutivamente, abrir la conversación sobre el uso de calzones menstruales. 

Desde hace un par de años, Anahí comenzó a utilizar calzones menstruales como método de gestión menstrual. Antes de utilizarlos, sufría de insomnio debido al miedo inconsciente de manchar las sábanas. La primera vez que los utilizó para dormir, Anahí recuerda haber “dormido delicioso”. 

Para ella, este cambio significó el fin de esa contención y miedos, y es que el uso de este producto, lleva consigo la tarea de familiarizarse y estar en contacto con nuestros cuerpos, desde lavar la prenda y estar en contacto con el flujo, hasta cuestionarnos estigmas y aprender a escuchar a nuestros cuerpos. 

¿Y tú, ya los has probado?