Este 2026, en el corazón comercial de Teherán, Irán, se desataron una serie de protestas en contra de la represión política, opresión social y decadencia económica. Las manifestaciones estallaron tras el cierre forzado de comercios en el Gran Bazar de Teherán. De acuerdo con Mai Sato, relatora especial de la ONU, desde el inicio de las protestas y hasta el 16 de enero, el gobierno iraní habrían asesinado a más de 5 mil personas manifestantes, aunque las cifras podrían ser aún más elevadas al día de hoy.
En medio de la cobertura internacional, una narrativa cobró protagonismo, en mayor o menor medida, entre los medios de comunicación: las mujeres iraníes estaban al centro de las protestas y exigían la liberación de sus cuerpos, supuestamente oprimidos por el uso del hiyab o velo islamico, cuando se viralizó la imagen de una mujer iraní quemando la fotografía del Líder Supremo de la República Islámica,Alí Jamenei, despolitizando así la complejidad de las protestas actuales, y la agencia de las mujeres iraníes.
Sin embargo, desde hace décadas y a diferencia de otros países musulmanes como Siria, Egipto y Marruecos, gran parte de las mujeres iraníes, comenzó a ver los códigos de conducta no como fe, sino como una imposición estatal.
Mujeres, la primera resistencia
Desde México, Shekoufeh Mohammadi Shirmahaleh, académica iraní en el Instituto de Investigaciones Filológicas (IIFL) de la UNAM, explica que la narrativas externas suelen simplificar la complejidad de lo que ocurre en el país, reduciendo los movimientos sociales a temas meramente religiosos o culturales.
El discurso es tan efectivo, que la conversación suele omitir las dimensiones socio-políticas y económicas que están al centro de la disputa. Por ello, en entrevista con La Cadera de Eva le pregunto a Shekoufeh qué tan cierta es la aseveración de que “el cuerpo de las mujeres es el campo de batalla”. Su respuesta es: “una de las primeras cosas sobre la cual se ejerce el control estatal es exactamente el cuerpo de las mujeres”.
Para entender la gravedad de esta oración, es necesario remontarse al 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, de 1979, año en el que se impuso el velo obligatorio y leyes que limitan derechos fundamentales como el divorcio, el trabajo, el estudio y la tutela de los hijos, y también, fecha que Shekoufeh recuerda como la primer gran resistencia después de la Revolución Islámica.
La primera manifestación grande después de la revolución de 1979 es una gran manifestación de mujeres que están protestando en contra del velo obligatorio que se les acababa de imponer. Ellas dicen, ‘nosotras hemos participado en esta revolución, por qué ahora nos tienen que limitar’”.

Así, el control estatal en Irán se ejerce primordialmente sobre el cuerpo de las mujeres. Esta no fue una consecuencia secundaria, sino una de las primeras medidas de la República Islámica para limitar la aparición de las mujeres en el espacio público. Sin embargo la lucha va más allá del uso del velo, una narrativa orientalista comúnmente difundida en medios de comunicación de Occidente.
A pesar de la opresión, las mujeres iraníes han liderado la lucha por los derechos civiles. El movimiento “Mujer, Vida, Libertad” de 2022, cuyo lema surgió entre mujeres kurdas tras el asesinato de Masha Amini, es el ejemplo más reciente de un feminismo que se opone a toda forma de autoritarismo y control. Las mujeres, que se enfrentaron a riesgos como heridas durante las protestas, encarcelamiento e incluso asesinato, convirtieron su lucha en una en contra de toda forma de autoritarismo y control sistémico.
La Revolución Islámica a través de los ojos de una mujer iraní
Para Shekoufeh, Irán es un país definido por una profunda tensión entre un régimen teocrático autoritario y una sociedad civil en constante resistencia. A través de su mirada, Irán no es el bloque monolítico religioso que suele proyectarse en Occidente, sino un espacio de lucha donde la religión ha sido instrumentalizada por el Estado, provocando un desencanto generalizado en la población.
A casi 47 años del inicio de la Revolución islámica, que se celebrará el próximo 11 de febrero, Shekoufeh describe al gobierno iraní como una República Islámica que utiliza el concepto de velayat, es decir, los gobernantes como representantes del último Imán en la tierra (un jurista islámico capacitado para gobernar) para sus propios fines, lo que ha provocado que muchos iraníes, incluso los tradicionalmente religiosos, se alejen de la fe institucional.

Esto es consecuencia del régimen islamista, que durante sus primeros diez años se estableció como antiimperialista y antisionista y después usó estos discursos para justificar la represión interna, señalando a las personas que se manifiestan en contra del régimen como agentes extranjeros.
“Ellos crean una imagen de sí mismos como un gobierno antiimperialista. (...) empiezan a llamar Gran Satán a Estados Unidos y Pequeño Satán a Israel. Este discurso todavía sigue en pie, ellos lo utilizan para justificar actos represivos que llevan a cabo dentro del país”.
Sin embargo, Shekoufeh señala fisuras en esta imagen. Durante la guerra entre Irán-Irak (1980-1989), el gobierno iraní compró armas a Israel, explica.
Una era de movilizaciones
Shekoufeh nació y creció en Irán. Vivió en el país hasta los 23 años de edad. Ella recuerda sus últimos años en la carrera como una época marcada por el activismo iraní; en 2002, cuando solo tenía 22 años, vio personalmente un levantamiento estudiantil en su universidad.
Como antecedente, en 1999 Irán fue testigo de una serie de protestas estudiantiles en contra del cierre del periodico reformista, Salam, que se transformó en un movimiento en contra de las restricciones a la libertad de prensa. La policía antidisturbios allanó residencias estudiantiles, dejando a cientas de personas muertas y heridas.
Así, tres años después y mientras cursaba el último año de la carrera, Shekoufeh presenció una réplica del movimiento estudiantil que recordaba a las víctimas del 99. Este evento fue significativo para ella, pues representó un momento de “despertar” social tras un periodo de oscuridad y desesperanza.

“Empezamos a ver por primera vez en nuestra universidad que había manifestaciones y eso en nuestra vida social era algo excepcional. Recuerdo muy bien ese momento en que por primera vez, después de tanto tiempo como de oscuridad y de desesperanza, de repente te das cuenta de que puede ser que algo cambie, parece ser que las personas están despiertas”, recuerda en entrevista, después de preguntarle por uno de sus mejores recuerdos en Irán.
La llegada a México
Shekoufeh, que reside en México desde hace 15 años, con una formación en filología española, carrera que cursó en su país de origen, Irán, llegó al país después de haber cursado el doctorado en lingüística en España. Aquí, a más de 13 mil kilómetros de Irán, no solo se encontró como profesionista, también encontró un paralelismo entre ambos países, en el que el género y los derechos de las mujeres, están al frente de la conversación.
México, un país atravesado por una inmensa ola de violencia sistémica feminicida que parece que no para, y que mata al menos a 10 mujeres al día, no es muy diferente Irán. Al llegar a México en 2011, la primera impresión de Shekoufeh fue que había un sentido más amplio en cuanto a libertades de vestimenta.
Sin embargo, con el paso del tiempo, se dio cuenta que los paralelismos son más visibles de lo que aparentan: el cuerpo de las mujeres sigue siendo un “campo de batalla” bajo diferentes formas de violencia. “Ambos países son sociedades profundamente patriarcales donde el cuerpo de la mujer sufre violencia sistémica y, específicamente los feminicidios en México, son una de las heridas en común”.
Así, la lucha de las mujeres, tanto en Irán como en México, aún es una batalla difícil y continúa por los derechos de las mujeres.

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