Desde la llegada al poder de Nasry Asfura el pasado 26 de enero, fecha en que asumió la presidencia del país, Honduras atraviesa un cambio político significativo que marca una transición de un gobierno de izquierda hacia uno de ultraderecha conservadora que se prevé, tendrá afectaciones en materia de derechos humanos y políticas de género. 

Esta nueva administración se define por una agenda atravesada por el fundamentalismo religioso y por políticas de reducción del Estado que replican esquemas impulsados por liderazgos de ultraderecha como Donald Trump en Estados Unidos o Javier Milei en Argentina. 

Como lo han advertido organizaciones feministas hondureñas como el Centro de Derechos de las Mujeres, este cambio pone en riesgo la democracia del país y los derechos humanos de las mujeres y las niñas, y es que de acuerdo con datos del Observatorio de Derechos Humanos de las Mujeres, en 2025, se registraron 262 feminicidios en Honduras.

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Esta situación se intensificó cuando, en el marco del Día de la Mujer Hondureña, el pasado 25 de enero, un día antes de la toma de posesión de poder de Asfura, miles de mujeres feministas se movilizaron en Tegucigalpa, la capital del país, para exigir igualdad y el cese de la violencia sistemática

La manifestación fue contenida por un fuerte dispositivo militar y unidades antimotines que utilizaron gas pimienta para impedir el avance hacia el Congreso Nacional, instaurando así, un panorama desalentador para el Estado hondureño.

¿De qué forma afecta a los derechos de las mujeres?

La marcha que se suscitó el 25 de enero no es fortuita, responde al avance de la agenda de “populismo religioso” y ultraderecha de Nasry Asfura pone en peligro conquistas recientes, explica la periodista e investigadora hondureña, Jennifer Ávila, en entrevista con La Cadera de Eva. 

Como informó la Secretaría de la Mujer, el 25 de enero el gobierno vulneró los derechos fundamentales de las mujeres, acto que representa un retroceso en materia de derechos de las mujeres. “El Estado tiene la responsabilidad de garantizar la integridad física, la dignidad y la libertad de quienes se manifiestan, especialmente cuando se trata de mujeres organizadas que históricamente han alzado su voz contra la desigualdad, la violencia y la expulsión”, se lee en el comunicado. 

La represión militar pone en juego el cierre de espacios de combate feministas pues, como explica Ávila, esto se puede leer como una señal de que el gobierno no permitirá el diálogo ni la protesta de las organizaciones feministas. Pero, ¿por qué está ocurriendo esto? 

De acuerdo con Ávila, el discurso mediático a girado alrededor de una narrativa común: la propuesta de instauración de un “Estado cristiano”, y es que una de las medidas más polémicas del nuevo gobierno es la búsqueda por reformar los artículos 77 y 151 de la Constitución de la República de Honduras, que garantizan la libre elección de culto y religión, y que reconoce a la educación como una función del Estado, respectivamente. 

“El futuro se ve difícil, este gobierno no está priorizando resolver los problemas más urgentes del país, sino que está priorizando su agenda ideológica”.

Esta reforma, orientada a debilitar el carácter laico del Estado hondureño, podría tener impactos directos en la vida pública, como una mayor participación política de liderazgos religiosos y la incorporación de principios bíblicos como base del sistema educativo. Estas modificaciones tendrían efectos particularmente sensibles en la educación integral en sexualidad y en el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos, áreas clave para la autonomía de niñas, adolescentes y mujeres.

“¿Va a reducir los femicidios el hecho de que los niños lean la Biblia o va a reducir la participación de niños en las pandillas?”, se pregunta Ávila, señalando que el hecho de que se lea la Biblia no comprueba su supuesta efectividad en la disminución de los índices de violencia. 

¿Qué está en riesgo? 

Desde su experiencia, la periodista advierte una preocupación creciente por la posible pérdida de libertades fundamentales. En particular, señala el riesgo de que se vuelva a prohibir la píldora anticonceptiva de emergencia, un derecho que había sido destituido legalmente en Honduras el 8 de marzo de 2023, durante el gobierno de la presidenta Xiomara Castro, y que estuvo prohibido desde 2009.

“Quienes van a cuestionar estas medidas son las activistas y las organizaciones que atienden no solamente los casos de violencia contra las mujeres y población LGTBI, sino que están observando ese tipo de leyes que afectan otro tipo de derechos y libertades”.

Y es que otro aspecto que se debe considerar es el impacto desproporcionado que la radicalización de una agenda puede tener sobre la población LGBTQ+, que son “históricamente una de las primeras en ver limitados o reinterpretados sus derechos bajo este tipo de regímenes”, enfatiza Ávila. 

¿Cuál es el panorama en Honduras?

Organizaciones feministas temen la eliminación o debilitamiento de instituciones clave, como la Secretaría de Derechos Humanos y entidades dedicadas a la igualdad de género, bajo el argumento de reducir el gasto público y la burocracia, como explica Ávila en entrevista, y es que, de acuerdo con sus observaciones, estás instancias, junto a la sociedad civil,  atraviesan un momento de desarticulación y transición tras la salida de Xiomara Castro, quien asumió el cargo como la primera mujer presidenta de Honduras entre 2022 y 2026.

Para contextualizar, las elecciones de 2025 estuvieron marcadas por un fuerte rechazo hacia su gobierno y hacia el Partido Libre, pues se critica que la burocracia estatal creció de manera desproporcionada y totalmente injustificada durante su administración.

Sin embargo, a diferencia del gobierno actual, durante el mandato de Castro hubo cierta apertura al diálogo con las organizaciones sociales, aunque esto también generó una desarticulación de los movimientos cuando muchos de sus líderes se integraron al gobierno, explica Ávila. 

“Ahora entramos a un gobierno de ultraderecha, con la amenaza de que desaparezcan las instituciones de la mujer... se nos avecina un futuro muy tenebroso”.