Arturo Irabién luchó durante nueve años para que el feminicidio de su madre, Diana Villafañez Santín, no quedara impune. Durante todo este tiempo, soportó malos tratos por parte de las autoridades, irregularidades en el proceso, retrasos injustificados y el dolor insoportable de la pérdida, la violencia feminicida y la burocracia. Contra viento y marea, consiguió testigos, presionó a las autoridades, logró que la Comisión de los Derechos Humanos de la Ciudad de México emitiera una recomendación —la 09/2019— y obtuvo una orden de aprehensión contra el principal sospechoso.
Finalmente, el 26 de mayo de 2025, se dictó la sentencia contra el feminicida, cuya pena fue de 37 años y seis meses de prisión.
Sin embargo, hoy Arturo está a punto de empezar de nuevo. La Octava Sala Penal del Poder Judicial de la Ciudad de México resolvió que el juicio en su totalidad debía reponerse debido a que, en tres ocasiones en estos nueve años, transcurrieron más de diez días entre las audiencias.
El documento, en poder de La Cadera de Eva, está fechado el 27 de mayo de 2026 y, añade, con una ironía escalofriante, que, en el caso de la víctima indirecta, es decir, Arturo, se usarán las videograbaciones de sus declaraciones anteriores “en busca de la no revictimización” y “respetando así sus derechos humanos”. Como si la resolución en su conjunto no fuera un gran acto de revictimización.
¿Qué ocurrió?
Diana Villafañez, de 55 años, fue asesinada brutalmente el 30 de julio de 2017. Su cuerpo fue localizado con signos de violencia en la Carretera México-Toluca con el arma homicida, un cinturón, atado al cuello.
En entrevista con La Cadera de Eva, Arturo, hijo de Diana, nos cuenta sobre su madre.
“Ella era del puerto de Veracruz, era jarocha, y se vino por acá muy joven cuando tenía unos 14 años junto con su hermana. Trataban de buscar una vida diferente, no sé si una vida mejor, pero sí diferente a la que habían tenido sus hermanos”, recuerda.

Ambas hermanas vivieron, primero, con una tía y luego se mudaron a la colonia Roma. Allí Diana se enamoró de un joven apenas un año mayor que ella y, un poco más tarde, quedó embarazada de Arturo.
“Yo nací cuando ella tenía 18 y él tenía 19. Tuvieron un gran romance, eran muy chavos. Tenían una gran conexión. Mi papá murió cuando yo tenía 4 años en un accidente de auto y entonces mi mamá decide que ya no quiere tener hijos y se queda muy sola. La muerte de mi papá le afectó mucho, desde ahí nunca se recuperó al cien”.
De su infancia, Arturo recuerda los esfuerzos que hizo su madre para salir adelante. La situación económica apremiaba, pero, a fuerza de trabajo, Diana logró llevar un plato de comida a la mesa y que su hijo continuara sus estudios.
Lamentablemente, allí, en la colonia Roma, también se la vio con vida por última vez.
Una de estas amistades, que ella conoció cuando era muy joven, fue quién, ahora podemos decirlo, está detenido en el reclusorio como culpable de su feminicidio (Arturo Irabién)
Diana, al igual que 6 de cada 10 mujeres asesinadas en el mundo según Naciones Unidas, fue víctima de la violencia feminicida dentro de su círculo más cercano, a manos de una de las personas que decía quererla.
Las irregularidades en el caso
Desde el inicio, Arturo refiere que las autoridades tuvieron faltas, omisiones e irregularidades. Por ejemplo, al momento de reconocer el cuerpo de su madre en el Servicio Médico Forense (SEMEFO) de la Ciudad de México, recuerda un aspecto que le impresionó.
“Obviamente era muy fuerte ver cómo estaba. Pero creo que lo que más me impacta es que la veía… la veía como verde en algunas partes de la cara. Y entonces le pregunté a la chica que me lo estaba entregando si era por algo que le ponían en la piel. Ella me mira con cara de que, obviamente, no era eso y ahí me cae el veinte y le digo `¿está así por descomposición?’ y me respondió que sí. Obviamente se me rompió el corazón”.
Más tarde, Arturo se enterará de que no refrigeraron el cuerpo de forma adecuada, dado que Diana había sido ingresada en calidad de desconocida. Así, las irregularidades se fueron sumando y, algunas de ellas, quedaron plasmadas en la recomendación 09/2019 de la Comisión de los Derechos Humanos de la CDMX, que hace especial énfasis en la filtración de información:
“A las 6:30 horas del 30 de julio de 2017, Javier N., policía preventivo de la entonces SSP, acudió al lugar de los hechos a bordo de la unidad MX-603-P1 y encontró el cuerpo de la víctima. Al llegar al lugar tomó dos fotografías del cuerpo de la víctima antes de que el personal pericial arribara al lugar”.
En la recomendación queda documentado que otros tres elementos llegaron al lugar y tomaron fotografías, aunque su presencia jamás se plasmó en ningún documento oficial. Al día siguiente, cinco portales y periódicos de talla nacional publicaron fotografías del cuerpo de Diana que coincidían, precisamente, con las tomadas por los elementos. Rápidamente, las fotos fueron retomadas por otros medios.
El caso de Diana no es aislado. En 2021, el Congreso de la CDMX aprobó las modificaciones al Código Penal que fueron conocidas como Ley Ingrid, en la cual se establecieron sanciones a las personas servidoras públicas que filtrara fotos y videos relacionadas con delitos. La ley, que nació como respuesta a la indignación que suscitó el caso de Ingrid Escamilla, puso en el centro de la discusión la revictimización y violencia ejercida contra las víctimas y víctimas indirectas en estos casos.
“Cuando las fotos se empezaron a filtrar, mi familia y yo llamamos medio por medio, porque nos parecía una falta de respeto que esas fotos quedaran en un archivo digital. Entonces hablábamos y decíamos quiénes éramos y pedíamos que borren las fotos. Hubo gente muy educada, algunos medios que nos dijeron que sin problema, pero hubo otros que decían: ‘yo no la voy a quitar, yo ya pagué por estas fotos’”, recuerda Arturo.
Empezar de cero
La sentencia contra el feminicida de Diana fue dictada en mayo de 2025 después de un juicio que duró cerca de un año. En ese momento, Arturo creyó que la lucha estaba llegando a su fin. Aunque la pena de 37 años y seis meses de prisión no era la máxima, sintió alivio porque el agresor iba a pagar: “se siente como un pequeño logro, una pequeña celebración. Pero bueno, también me informan que obviamente no acaba ahí, porque la persona puede apelar o poner otros recursos”, asegura.
En efecto, y como era de esperarse, la apelación llegó. Lo que ni Arturo ni su familia ni su representación legal vieron venir fue la resolución. En el documento en poder de La Cadera de Eva fechado el 27 de mayo de 2026, puede leerse la anulación total del juicio donde se ordena su reposición. Los hechos que llevaron a esa decisión son tres ocasiones en las que habían transcurrido más de diez días entre audiencias durante el juicio. Según Arturo, alguna de estas se debió, por ejemplo, a que el acusado no pudo ser trasladado hasta la audiencia porque una movilización impedía el paso.
Sentí como si fuera una patada, como lo más terrible del mundo. Casi, casi como si la volvieran a matar (Arturo Irabién)
Arturo apeló esta decisión argumentando, entre otras cosas, la revictimización a la que estaba siendo sometido. La respuesta, también en poder La Cadera de Eva, es contundente al afirmar que esta fue negada.
Quizá uno de los detalles más importantes de esta parte del proceso tiene que ver con otro antecedente. Días antes, la Suprema Corte de Justicia de la Nación había resuelto el asunto 074/2026 en el que se determinó que el no cumplimiento de los diez días entre audiencias no generaba, por sí misma ni automáticamente, la nulidad o la obligación de reposición del proceso. A las autoridades a cargo del feminicidio de Diana Villafañez no les importó.
“Lo último que tenemos —en lo que estamos ahorita— es la impugnación de esa decisión. Tratando de explicarle que la revictimización no es solamente declarar en una audiencia”, asegura Arturo en entrevista. Y añade: “Me ha costado mucho trabajo llegar al punto en el que estoy ahorita, en el que puedo platicarte todo esto que te he platicado sin llorar, sin quebrarme. Llevo 9 años, seis psicólogos, dos psiquiatras, mis amigos y mi familia me han llevado a todas las instancias que creen que me pueden ayudar. Estoy tratando de cuidarme, de estar bien. No puedo ni pensar todo lo que implicaría empezar otra vez”.

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