¿Puede la música seguir siendo un espacio de transformación cuando el mercado parece absorberlo todo? Esa es una de las preguntas que atraviesan Negocionismo, el nuevo disco de Sara Hebe, un trabajo que explora el valor del trabajo, las formas contemporáneas de producir, negociar y sobrevivir en el capitalismo. En entrevista con La Cadera de Eva, la rapera y compositora argentina habla sobre el proceso creativo detrás del álbum, su vínculo con el transfeminismo, el lugar que ocupan hoy las luchas sociales en la música y la necesidad de imaginar nuevas formas de hacer política y comunidad desde el arte.
Empiezo con la pregunta obligada, ¿cómo nace Negocionismo, más allá del juego conceptual de palabras? ¿Cómo fue el proceso artístico, creativo?
La última canción se llama Voy a negociar y llegamos al título de esa canción después de mucho tiempo de hacerla y rehacerla. Incluso, de que la canción de que tenga otros nombres. Pero siempre pasaba por la idea del trabajo, de trabajar y de lo que implica trabajar hoy, que pareciera como que implica más estar negociando permanentemente o de hacer algún buen negocio. A partir de esa canción surgió todo el disco.
En ese proceso se fue armando la idea de que este disco sea producido netamente por Manu Calmet, aunque hay colaboraciones de productoras y con otras bandas, pero es un disco que lo hicimos con Manu. Después pude conceptualizar todo lo que venía hablando en Negocionismo, que trata del sentido, del valor, del valor del valor y de las formas de trabajo hoy.
¿Hay alguna canción del disco que costó más?
Saqueo, el primer tema del disco, que también fue uno de los que primero empezamos a hacer, teníamos la letra, pero le dimos muchas vueltas a la música, a la instrumental.
Manu Calmet me proponía varios beats y para mí ninguno llegaba a tener la fuerza que tiene el rap —y ese es el tema más rapero. Hasta que a lo último, ya medio vencido Manu, me dijo: “Mira, te mando esta versión”. Y nos gustó mucho, porque es muy rítmica. Así fue con Saqueo, no le encontrábamos la vuelta, hasta que la encontramos.
Todos los otros salieron fáciles, en el sentido de que disfrutamos mucho haciéndolos.
Me dirás si me equivoco, pero tengo la sensación de que conceptualmente, ideológicamente hay una continuidad muy clara en tu carrera, pero siento que instrumental o musicalmente hay cosas muy distintas en este disco, más tecno, electrónica. Estilo que estaban ahí, pero quizás sin tanto protagonismo.
Sí. Estaban ahí empezando a vislumbrarse, pero ahora que el productor es el mismo para todo el disco, se nota más su impronta. Él {Manu Calmet} es un DJ y productor de música electrónica hard tech, así que se nota bastante.
Aunque también yo le pedía lo que quería hacer. Yo le dije que quería hacer un dubstep y él construyó la instrumental para Anticripto y para Ke nadie me corrija, que es un ft con malcriada, un dúo de México. O cuando le dije que quería hacer algo medio reggae, él hizo la instrumental para el tema Hoy que es un ft con Dum Chica.
Él también me presentaba beats súper pop o electrónicos y yo también intentaba jugar su juego, digamos. En este disco sí se nota más cómo nos animamos y cómo me animé a hacer un disco que tiene rimas, tiene un poco de rap, tiene mucho de coro, de melodías cantadas y tiene un 100% de instrumentales electrónicas.
¿Cuál es tu relación con México, con el público mexicano?
Mi relación con el público mexicano es siempre de querer volver. Me gusta mucho ir a México, me gustaría ir mucho más.
Me impactó mucho cuando fui por toda la cultura originaria y el público es muy amoroso. Tengo un público, te diría, 90% morras, chicas, que escucharon, sobre todo, la primera parte de mi música, de mis discos.
Aparte, se sabe, el público mexicano es muy atento, porque también toqué en el Vive Latino —donde había público mío, pero había otra gente que no me conocía— y sentí que están súper dispuestos a escuchar algo nuevo, como que no juzgan.
¿Cómo es tu relación con lo under versus el mainstream? Pensando en el fenómeno de El marginal, ¿sentiste que cambió tu carrera a partir de ese momento?
No, no tengo ningún público mainstream y lo de El marginal no me cambió nada. Es decir, subjetivamente sí me cambió, porque fue muy importante para mí hacer el tema, me encanta la canción. Sé que la canción es buena, que le gusta a mucha gente. La canción no es mainstream, pero sí es popular.
De hecho, siempre algún amigo o amiga que anda por el mundo me manda un video de algún antro o un lugar de comida en la calle en New York o en México o en otro lugar donde está sonando la canción. Eso es porque es popular.
Lo que pasa es que la canción, modestia aparte, es tan buena para mí que se hizo muy identitaria de la serie y es como si fuese un personaje más de la serie. Pero eso no significa que a partir de ahí yo tuve mucho público. Sí, me gané un premio de la tele y en lugares muy cumbieros, como México o Chile, se conoce la canción, se valora la canción, pero creo que no estuvo muy visibilizado que la hice yo.
Yo tengo otras cumbias, que son muy singulares, que son mi manera de hacer cumbia que es bien friki, como soy yo. Yo puedo hacer tecno, puedo hacer cumbia, puedo hacer drum and bass, rock and roll y lo que sea, porque me la banco. Pero creo que la gente que por ahí dijo: "Wow, qué temazo, a ver quién lo canta” y buscó en mi repertorio se encontró con que toda mi discografía no es como la canción de El marginal, creo que pasa un poco por ahí.
¿Qué rol jugó el feminismo en tu música?
En Argentina se formó este gran movimiento transfeminista que para mí fue una escuela. Las travestis, los travestis y las personas de identidad no binaria son maestras y maestros que forman parte de un colectivo marginado, violentado.
Yo, sin darme cuenta, ya estaba adentro. En ese momento tenía novia y sus compañeras, las Kumbia Queers —que son grandes exponentes de la cultura en México—fueron muy cercanas a mí, fueron grandes referentas. Ellas traían un bagaje histórico de lucha y de participación en las movilizaciones transfeministas y en el movimiento LGTBIQ+.
Pero la canción Histórika, por ejemplo, no es que la hice pensando que quería dar un mensaje feminista. En realidad, me salió orgánicamente, instintivamente. Imaginándome, desde la fantasía narrativa y creativa, una presidenta travesti, trans. Lo sentía más una poesía que un manifiesto.
Pero sí, mi narrativa es feminista y mi posicionamiento en el mundo también lo es porque me manejé sola. Y lo que tengo de feminista —siempre lo digo— fue por ver a mi mamá trabajar, moverse, formar parte de luchas, aunque quizá no eran luchas conscientes o con un trasfondo filosófico. Mi vieja, con sus compañeras de trabajo, tuvieron que enfrentar a un jefe abusador y hacerle una denuncia y enfrentar cuestiones que vivían las mujeres. Quizá nosotras la tenemos un poco más fácil por tener esos antecedentes de lucha.
Y bueno, para mí es indispensable todo lo que pasó en Argentina con el movimiento de Ni Una Menos, con el movimiento por el aborto libre, que fue muy fuerte. Ellas a donde voy están, la verdad. Son las que más me bancan: las lesbianas, las mujeres de los colectivos, las transfeministas, aunque, a veces, parece que es nadar contra la corriente, parece que todo va para atrás.

Escuchándote es inevitable pensar en el contexto político actual de Argentina, ¿sentís que tu música es una herramienta de lucha, un espacio de resistencia?
No. No, porque la industria y el capitalismo se lo comió todo y lo absorbe todo. Es como dice Susy Shock. Ella dice que preferiría no usar más la palabra resistencia, te busco después la entrevista para la frase exacta, pero como que necesitamos algo nuevo. Como que esto de la resistencia ya pasó; ya resistió, ya nos sostuvimos, y ahora, para mí, desde la música —digo la música porque es mi área—hay un montón de pibas haciendo música, diferentes estilos, diciendo lo que quieren, como quieren, pero yo no sé si eso es sinónimo de empoderamiento y de libertad. Porque también creo que el mercado y la industria se sirven mucho de todas las consignas y las luchas para revenderlas y quizá se banaliza un poco todo. Pero bueno, quizás es una mirada un poco pesimista, lo dejaría como que me pregunto si la música sigue siendo un lugar de resistencia. ¿Vos qué pensás?
Si creo que hay una banalización del concepto de resistencia, de la palabra. Tampoco lo sé, me dejas pensando. Quizás es momento de ofensiva, más que de resistencia.
Lo que pasa es en México ahora está un poco más tranqui, pero yo pienso que el tema de salir a la calle, manifestarse con la fuerza que hubo en otro momento ahora no es tan fácil ,porque realmente hay más represión. Pero bueno, se sigue, es cierto, se sigue.
Y los caminos que ya se transitaron dejan una huella, creo yo, por donde es más fácil volver, aunque haya retrocesos.
Seguro, seguro. Una huella imborrable.
Por último, te quiero preguntar de lo que viene para Negocionismo, de lo que viene en tu carrera. Has hecho tantas cosas, ¿tienes algún pendiente?
Ahora ensayarlo, que suene bien, porque es un disco que, a nivel vocal, tiene bastantes pretensiones; grabé muchos coros, muchas voces.
Entonces, es un desafío hacerlo sonar bien. Después, intentar tocar donde más se pueda. Nos vamos a Europa en septiembre, vamos a tocar en Paraguay, Montevideo, Uruguay y en algunas provincias de Argentina.
Y no sé, flasheo siempre. Haría un disco de rock, de rock electrónico. También volvería a hacer un disco más puramente rap. Y también, la tercera opción, es no hacer nada más. Voy a ver qué opción elijo para después de esto.

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