¿Puede la pornografía ser feminista? La industria de la pornografía genera más de 100 millones de dólares a nivel mundial, de acuerdo con información del articulo de The Economist The new economics of sex work. Mientras plataformas como Only Fans continúan creciendo, la conversación es más amplia:
¿Qué ocurre con el contenido que se produce en la pornografía hegemónica? ¿Cómo se retrata a las mujeres? ¿Qué consecuencias se producen en quienes la consumen? ¿Se debe o no regular?
Sin embargo, pocas veces la pregunta es ¿es posible transitar hacia una pornografía diferente? La postpornografía existe y referentes de pornografía feminista como Erika Lust y su agencia, Pink Label, han revolucionado la industria al apostar por modelos sustentables de producción y servicios de streaming independientes y contranarrativas del deseo.
Te explicamos.
¿Cómo podemos definirla?
De acuerdo con Anabel Venegas, directora creativa del Festival FACC, la pornografía feminista y las corrientes del postporno y porno alternativo, se diferencian de la pornografía convencional y hegemónica en un aspecto fundamental: quién está detrás de la lente y la dinámica de trabajo.
Mientras la industria tradicional opera con una cadena vertical de explotación donde las personas son tratadas como productos, el enfoque feminista plantea una contrapropuesta ética.
“Creo que lo principal es quién se pone detrás de la lente (...) La esencia de la diferencia entre lo mainstream es quién cuenta la historia, cómo la cuenta y cómo gestiona el crear estos contenidos”. (Anabel Venegas)
La pornografía convencional está dominada por una mirada masculina hegemónica o, como se conoce en la actualidad, male gaze, así como de estructuras de producción externas: el capitalismo y el patriarcado. Durante la entrevista, Anabel Venegas nos invita a preguntar: “¿qué pasa si desconfiguramos esto por completo?”.
En contraste, la propuesta feminista surge cuando las personas históricamente objetivadas como mujeres, personas trans, no binarias, personas con discapacidad, disidencias y trabajadoras sexuales, toman la cámara para contar y dirigir sus propias historias en primera persona desde sus vivencias reales.
“La pornografía mainstream se ha encargado de perpetuar cuerpos hegemónicos, roles de poder establecidos entre lo masculino y lo femenino”. (Anabel Venegas)
Historia de la pornografía feminista al postporno
Para hablar de ello es necesario remontarnos al surgimiento de la pornografia feminista o pornografía alternativa, que nace entre los años 70 y 80 como una respuesta a la pregunta: ¿qué pasa si quienes históricamente han sido representadas como objetos sexuales toman la cámara y construyen sus propias narrativas?
Como explica Venegas, durante esta época se dio un intenso debate con el feminismo abolicionista, encabezado por figuras como Andrea Dworkin y Catharine MacKinnon.
Frente a esto, las trabajadoras sexuales que actuaban en los sets y las feministas sex-positive sostuvieron que el problema central no era la representación de la sexualidad en sí, sino las condiciones de explotación, las relaciones de poder y el cómo y desde dónde se producía.
Annie Sprinkle, conocida como “madre del postporno” fue una de las primeras trabajadoras sexuales e integrantes de los sets comenzaron a generar propuestas independientes. Sprinkle es un ejemplo de cómo, con el tiempo, el movimiento sumó reflexiones académicas y testimonios desde la propia industria. Junto a Elisabeth Stephens, creó Ecosex, una intervención artística y teórica en la que se intersectan la sexología y la ecología.
En el Ecosex Manifiesto, las artistas estipulan que se ven a sí mismas como amantes de la Tierra, como activistas y como parte de una comunidad global que crece.

En el artículo Feminist pornography?, la cineasta Celine Parreñas Shimizu señala que la pornografía no solo es política y antiracista, sino que incluso puede ser feminista. En el libro The Feminist Porn Book, coeditado por Parreñas (un conjunto de ensayos y manifiestos sobre el sexo y la pornografía alternativa), se reúnen a académicas y trabajadoras sexuales como April Flores con el propósito de conceptualizar la pornografía feminista como “un movimiento social y ético que desafía los estereotipos raciales y sexuales”.
Aquí se incluyen posturas como las de Sinnamon Love, quien visibilizó el papel de las mujeres negras en la industria, argumentando que asumir la pornografía feminista es un acto de agencia y soberanía sexual frente a la hipersexualización y los bajos valores de producción impuestos por la industria tradicional a los cuerpos negros.
Frente a este panorama, Venegas explica que “la contranarrativa del postporno y del porno alternativo es: vamos a mirar a estos cuerpos con la belleza y la dignidad que merecen y con la cachondería, por supuesto, con el deseo que también pueden provoca”.
Entonces ¿la pornografía puede ser feminista?
Como se explica en el artículo, más que hablar de una pornografía feminista, se trata de enfoque que sitúa la agencia sexual en el centro, pues permite que las mujeres y personas disidentes dejen de ser objetos pasivos creados para la mirada masculina hegemónica y se conviertan en sujetas activas que disfrutan, deciden y reclaman su propio placer y autonomía.
Sin embargo, no hay que olvidar que la pornografía está atravesada, además, por el capitalismo. La pornografía que surge desde una mirada alternativa a la hegemónica no niega la necesidad del dinero en un mundo capitalista, pero transforma su función. Para Venegas, “si un proyecto genera ingresos y estos se reparten de manera digna y equitativa entre quienes participan en su creación, esa redistribución constituye en sí misma una práctica de resistencia anticapitalista”.

Aquí es en donde entra a la conversación el Festival FACC que tomará lugar el próximo abril de 2027 y que, como explica Venegas, funciona como una incubadora de creadores interesadas e interesados en las historias desde el trabajo sexual, desde las identidades trans y no binarias se cuenten en primera persona y desde sus propias vivencias. “La idea (del festival) es hacer estas alianzas y conexiones. Nos hemos aliado con CLaP! (Coalición Laboral Pvt3ril) y con AMETS (Organización de Trabajadorxs Sexuales para Trabajadorxs Sexuales)”, señala Venegas.
Esta es una muestra de que la pornografía existe desde miradas alternativas, bajo paradigmas contrahegemónicos que nos invitan a repensar el placer, la agencia corporal, la ética en las producciones visuales y su capacidad política y artísca.
“El chiste es irnos encontrando, crear estos espacios y resistir desde el placer, porque creo que también se puede resistir desde el placer, desde el gozo, desde la fiesta, desde el cine, desde el arte, desde la creación”. (Anabel Venegas)
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