Este 26 de agosto, Angela Davis, una de las pensadoras feministas, filósofas y activistas más importantes del último siglo, visitará por primera vez México para dar un diálogo magistral en la Feria del Libro de las Universitarias y los Universitarios (FILUNI 2026). 

La cita se llevará a cabo a las 18:00 horas en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario de la UNAM, en donde hablará de su libro Abolición, feminismo, ¡ahora!, que escribió junto a Gina Dent y que también visitará la máxima casa de estudios de México. 

En este libro, las escritoras dialogan sobre la urgencia de vincular el feminismo antirracista con la necesidad de erradicar el sistema penitenciario, la policía y el castigo estatal como soluciones a la violencia de género.

Aquí, las autoras sostienen que el feminismo punitivo no protege realmente a las mujeres ni a las comunidades marginadas, sino que perpetúa el daño y el capitalismo racial. La tesis sostiene que los movimientos de liberación de las mujeres y la abolición de las prisiones comparten un mismo origen histórico y, por ende, deben caminar juntos hacia un futuro en el que la justicia no sea sinónimo de castigo y punitivismo. 

¿Qué es el feminismo antipunitivo?

Como señalamos anteriormente, para Angela Davis, el antipunitivismo es la convicción de que la verdadera justicia y el castigo penal son términos opuestos.

En este sentido, el feminista antipunitivista es la respuesta política a la filosofía del castigo como forma de reaccionar ante los conflictos y problemas sociales. Esta postura tiene sus orígenes en la década de 1970, en el seno de las luchas de comunidades históricamente desprotegidas y reprimidas por el sistema penal estatal, como la comunidad afroamericana en los Estados Unidos. 

La misma Davis inició su activismo en el centro de  una comunidad víctima de ataques de segregación racial y violencia sistémica. La filósofa, que nació en Birmingham, Alabama, creció en el barrio de Dynamite Hill, conocido por ser bombardeado por el grupo de supremacía blanca, Ku Klux Klan.

El feminismo antipunitivista señala que el castigo no es una herramienta emancipadora, sino que perpetúa la violencia, la opresión y el control social.

Como se explica en el texto de Irene Marín Gutiérrez, Acercamiento al feminismo antipunitivista: revisión de algunos de los debates actuales del feminismo en España, este enfoque se opone al punitivismo hegemónico o feminismo carcelario, que busca solucionar la violencia de género mediante el endurecimiento de los códigos penales, la creación de nuevos delitos y el aumento de las tasas de encarcelamiento.

Desde el antipunitivismo, pensar el castigo y la cárcel como equivalente a la justicia reproduce lógicas autoritarias, patriarcales y excluyentes utilizadas por el Estado, cuyo propósito es expandir su control social, mientras que, a la par, afecta a poblaciones en condiciones de vulnerabilidad. 

De acuerdo con el texto, las corrientes identificables son las que se describen a continuación.

No es uno, son varios: corrientes del feminismo antipunitivista

  1. Black feminism

Esta corriente sostiene que el sexismo, el racismo y la opresión de clase están unidos. Históricamente, el black feminism se remonta a la aprobación de la Decimotercera Enmienda en Estados Unidos en 1865, la cual abolió la esclavitud pero permitió el trabajo forzado como castigo por un delito. Esto provocó que las personas negras pasaran de ser esclavas a “potenciales criminales”.

Por ello, centra su análisis en denunciar cómo las estructuras carcelarias y las políticas de encierro perpetúan la criminalización y la estigmatización racial, y cómo existen consecuencias diferenciadas para las mujeres negras. 

Algunas autoras clave en esta genealogía son Sojourner Truth, Harriet Tubman, Angela Davis, Audre Lorde y bell hooks.

  1. Feminismo de las políticas sexuales 

Nació en Estados Unidos en la década de 1980, durante las llamadas Sex Wars como respuesta al feminismo cultural tradicional o “puritano”, que percibía la sexualidad masculina como intrínsecamente peligrosa y depredadora. Esta corriente defiende una concepción amplia de la sexualidad, donde coexisten el placer y el peligro, y posiciona a la mujer como un agente sexual con autonomía y libertad de elección. Además, se defiende la educación sexual abierta, el consentimiento mutuo y el aprendizaje comunicativo frente al control penal.

A través de esta corriente, sus autoras se oponen a la censura y al abolicionismo estatal de la prostitución o la pornografía, pues se argumenta que las medidas punitivas y de prohibición solo refuerzan el control del Estado sobre los cuerpos y terminan criminalizando a las personas de colectivos vulnerables.

Sus referentes principales incluyen a Gayle Rubin, Carole S. Vance, Laura Macaya y Garaizábal. 

  1. Transfeminismo y teoría queer

Esta rama cuestiona la pretensión del feminismo tradicional de representar a las mujeres como un sujeto monolítico, universal o biológico. 

Se considera una corriente alineada con el feminismo antipunitivista pues rechaza las demandas de vigilancia, castigo, censura y criminalización realizadas en nombre de la supuesta protección de las mujeres.

A través de las aportaciones de Judith Butler, se argumenta que el género es performativo y que las normas de género se imponen de manera coercitiva mediante tabúes, correctivos y medidas punitivas, por lo que las categorías rígidas de identidad sirven como herramientas de control estatal y regularización social más que de liberación.

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