Los últimos días han sido caóticos: entre las noticias que circulan alrededor de la violencia organizada en México, la disputa por la liberación de los archivos de Epstein en Estados Unidos, que oculta una enorme red de tráfico de personas y abuso sexual infantil, y los constantes intentos de la derecha conservadora por asegurar carrera en los medios de comunicación y redes sociales. 

Sin duda, el ecosistema de la información no solo está atiborrado de notas que han servido como vehículo de desinformación, se ha creado un espiral de incertidumbre en el que la circulación masiva y acelerada información es un todo: veraz, cierta, verificada, falsa, y atravesada por la Inteligencia Artificial (IA). 

Esto tiene un nombre, y se le conoce como “infodemia”, un término que proviene de los términos “información” y “pandemia”, un fenómeno que, de acuerdo con  la Organización Mundial de la Salud (OMS) se produce por el exceso de información, incluyendo información falsa o engañosa, en entornos digitales y físicos que provoca confusión y conductas de riesgo que pueden perjudicar la salud. 

Este término se popularizó durante la pandemia de Covid-19 (aunque ya existía desde antes), cuando la información cruzó la barrera de la desinformación y se convirtió en una herramienta para amplificar mensajes perjudiciales que propiciaban la desconfianza en las autoridades sanitarias. 

Hoy, este fenómeno ya no nos es ajeno: vivimos con él y cada vez se hace más difícil distinguir entre información confiable y aquella que es una mezcla posmoderna de comunicación con posibles consecuencias negativas, especialmente cuando se trata de casos en los que la perspectiva de género y los derechos humanos están en juego. 

¿Qué es la infodemia?

Para conocer más al respecto, platicamos con Liliana Elósegui, periodista especializada en fact-checking y directora editorial de Verificado, un medio especializado en periodismo de investigación y verificación de datos.

Elósegui define la infodemia como la circulación masiva y acelerada de información, la cual puede ser verdadera, falsa o consistir en medias verdades. Este fenómeno vuelve casi imposible para la mayoría de las personas distinguir qué es confiable y qué no. 

En la medida que podamos entender que la infodemia es un problema de salud pública cognitiva, y no un problema de asunto tecnológico, tendremos mejores herramientas para enfrentarla. La infodemia no es un fenómeno neutral, siempre favorece a quienes tienen interés en el caos informativo y perjudica sistemáticamente a quienes ya tienen menos poder para hacer su versión de los hechos. (Liliana Elósegui)

No se trata de mera desinformación, sino un fenómeno sistémico mucho más complejo que permite que la desinformación prospere al mezclar datos reales con rumores, opiniones, contenido legítimo y manipulación (incluyendo el uso de IA).

En otras palabras, se trata de un fenómeno de distribución y consumo impulsado por las plataformas digitales y sus algoritmos, pero también por la naturaleza humana de buscar la confirmación de las propias creencias.

Por ello, hablar de infodemia no es tarea menor; se trata de un ecosistema que genera efectos reales dentro y fuera de redes sociales. Algunos de ellos son los siguientes: 

  • Propicia la polarización: privilegia la división ideológica y causa una fatiga informativa que hace que la gente renuncie a verificar los datos, delegando su criterio a figuras de autoridad o influencers.

  • Erosión de la confianza: genera desconfianza en las instituciones y las fuentes oficiales.

  • Paraliza la toma de decisiones informada: puede producir una “parálisis” en la toma de decisiones o llevar a las personas a actuar basándose en información falsa. Además, Liliana señala que, en este sentido, la infodemia produce un terreno fértil para el autoritarismo.

El impacto de la infodemia en las mujeres

La infodemia no impacta a todos por igual, ya que existen vulnerabilidades específicas que hacen que sus efectos sean diferenciados y más severos para ciertos grupos. Y sí, las mujeres y a las disidencias sexogénericas son quienes se enfrentan, en primera fila, a las consecuencias más extremas. 

Para las mujeres, Liliana Elósegui explica que la infodemia se manifiesta principalmente a través de ataques directos y la manipulación de temas de su interés personal y social, como campañas de desprestigio y violencia digital. Y es que las mujeres son blanco desproporcionado de campañas organizadas de desprestigio y de la creación de deepfakes de contenido sexual no consentido.

En esta ola de desinformación propiciada por discursos ideológicos conservadores, la infodemia propicia un ecosistema en donde las narrativas antifeministas no solo nace, sino que se propagan y amplifican mensajes de odio disfrazados de “debates legítimos” para socavar los derechos de las mujeres. Es así que se han impulsado narrativas de control social como las de “mujeres de alto valor” o la hipergamia, que afectan directamente la autonomía y los criterios de las mujeres.

Además, existen nichos específicos donde proliferan pseudociencias y contenidos con alta carga emocional sobre salud reproductiva, aborto, bienestar y crianza, lo que facilita su viralización y dificulta la toma de decisiones informadas.

A esto se suma que la infodemia también tiene un impacto grave para las disidencias sexogenéricas con consecuencias directas que van desde la violencia física hasta el impulso de legislaciones discriminatorias.

Esto no es nuevo, se percibe día con día en la normalización del odio a través narrativas falsas sobre “adoctrinamiento” o desinformación sobre tratamientos de afirmación de género saltan de las redes marginales a los medios masivos y debates legislativos.

Este fenómeno, además, amplifica mediáticamente el rechazo hacia estas comunidades, lo que resulta en un aumento de los crímenes de odio y un deterioro severo de la salud mental de las personas afectadas, explica Elósegui.

Alfabetización mediática, la clave para frenar la infodemia

En México y América Latina, la infodemia se caracteriza por ser un problema generalizado y sistémico que afecta a la región de manera similar. Según Liliana Elósegui, los países latinoamericanos comparten un “mismo padecimiento” donde la información masiva y acelerada no es un hecho aislado, sino una herramienta de poder.

“Apostar por la alfabetización mediática y un consumo crítico de la información es una apuesta importante ante esta problemática”.

Pero, ¿qué es lo que hace que el fenómeno sea similar en la región? La respuesta es simple, la polarización y es que hay una característica principal en México, y que se repite en países como Brasil, Argentina y Colombia: la profunda polarización ideológica, una división que impide el diálogo y la búsqueda de acuerdos básicos. 

Aunque el panorama puede percibirse como desalentador, Liliana Elósegui explica que existen estrategias y herramientas tanto individuales como colectivas, para hacer frente a la infodemia y proteger nuestro consumo informativo. Una de ellas es la alfabetización mediática, una herramienta necesaria para que las personas desarrollen un pensamiento crítico poderoso ante la complejidad de los contenidos actuales, incluyendo los generados por IA.

¡OJO! Esto es lo que debes tener en cuenta: 

  • Hacer una pausa antes de compartir: este es el gesto más poderoso. Consiste en detenerse y aplicar una lectura crítica antes de reenviar cualquier contenido, preguntándose: ¿quién lo produjo?, ¿cuándo fue publicado? y ¿qué fuentes cita?. Esto es vital porque la mayoría de la desinformación se comparte desde la emoción o porque confirma creencias previas.

  • Diversificar las fuentes: Liliana sugiere salir de las “cámaras de eco” y abrirse a medios digitales alternativos y tradicionales con diferentes perspectivas. La idea no es dar el mismo peso a todas las posiciones, sino entender cómo distintos actores enmarcan un mismo hecho y detectar quiénes aportan evidencia frente a quiénes usan manipulación emocional.

  • Cuidar la “salud pública cognitiva”: además, Liliana propone gestionar el consumo informativo como se cuida la salud física. Recomienda evitar el “scroll infinito” y, por el contrario, establecer horarios de consumo y preferir formatos pausados como el periodismo de largo aliento, boletines editoriales o newsletters curados.

  • Acercarse a medios de fact-checking: es recomendable seguir y consultar a organizaciones especializadas en la verificación de datos en México y Latinoamérica como Verificado, que cuenta con una sección con recursos gratuitos que cualquier persona puede usar, como motores de búsqueda reversa para imágenes y guías para detectar fotos sacadas de contexto.

¿Ya llevas a cabo alguna de estas estrategias? Te leemos.