La Independencia de México es contada a través de los logros y sacrificios de héroes masculinos. Por siglos, la historia oficialista del país ha repetido una narrativa que omite, ignora y borra a las mujeres que participaron de eventos históricos para la configuración del Estado mexicano. 

Durante más de dos siglos, el ritual del Grito estuvo reservado casi de manera exclusiva a los héroes masculinos de la patria. Nombrar a Josefa Ortiz Téllez-Girón, Leona Vicario, Gertrudis Bocanegra, Antonia Nava y las heroínas anónimas no es un acto de inclusión, sino una deuda y un reconocimiento a las aportaciones de las mujeres

Este año, la presidenta Claudia Sheibaum añadió el nombre de Antonia Nava a la conmemoración, una mujer originaria de Guerrero que combatió junto a las fuerzas insurgentes desde el sur.

La GeneralaAntonia Nava

Antonia Nava de Catalán nació en Tixtla, Guerrero. Aunque no se sabe su fecha exacta de nacimiento, se cree que pudo haber sido entre el 17 o 18 de noviembre de 1779. 

Tras salir de Tixtla, Antonia Nava, su esposo, Nicolás Catalán y sus ocho hijos, vivieron un corto tiempo en Chilpancingo y, posteriormente, se establecieron en Jaleaca, donde los sorprendió el estallido del movimiento insurgente en 1810. A finales del año, Antonia y su esposo se unieron a las fuerzas del general José María Morelos en el cerro de El Veladero para luchar en las campañas del sur.

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Durante la toma de Tixtla en mayo de 1811, Antonia fue informada de la muerte de su hijo mayor en combate, sin embargo, el dolor no frenó su compromiso con la causa e impulsó a sus otros cuatro hijos hombres a unirse a las filas insurgentes. Sus hijos,  Manuel, el primogénito, y Nicolás, perdieron la vida combatiendo en campaña.

En septiembre de 1813, junto a María de Jesús, preparó alimentos para los revolucionarios durante la instalación del Primer Congreso de Anáhuac en Chilpancingo. Su trabajo y cuidados, como el de muchas mujeres mexicanas en la actualidad, tardó en ser reconocido, mas Antonia se comprometió con las labores  y tareas de cuidado, así como con el empuñado de armas con convicción durante años. 

En febrero de 1817, la tropa insurgente en la que se encontraba estuvo cercada durante 50 días en el Cerro del Campo por el ejército realista de Gabriel de Armijo. Este es uno de los episodios más conocidos de su historia:  ante la falta de provisiones, los mandos propusieron ejecutar a soldados por sorteo para alimentar a la tropa. Sin embargo, cuando Antonia Nava, María Catalán y Catalina González se enteraron, decidieron ofrecer sus vidas en lugar de las de los soldados.

Como señalan historiadores, su valentía impidió el sacrificio.

Así es como llega el apodo de “La Generala”; Antonia se integró activamente a las exigencias y peligros de la lucha armada en el campo de batalla y asumió la iniciativa táctica al conminar a los soldados a armarse y romper el sitio en la noche del 14 de marzo de 1817 que desencadenó en una salida triunfal. Posteriormente, Antonia estuvo presente en la firma del Plan de Iguala el 24 de febrero de 1821 junto a dos de sus hijos y más tarde, el 27 de septiembre de 1821, entró a caballo a la Ciudad de México al lado de su esposo acompañando al Ejército Trigarante.

Reconocer y nombrar a las heroínas 

Reconocer la participación activa de las mujeres en el combate visibiliza que las mujeres no fueron meras acompañantes o espectadoras, fueron combatientes activas que enfrentaron las mismas penalidades de la guerra. 

Las mujeres lideraron contingentes y realizaron aportaciones decisivas en el campo de batalla, tal como lo hizo Antonia Nava. La lucha de ellas adoptó múltiples facetas trascendentales para la historia del país, desde el periodismo de Leonora Vicario hasta la firmeza ideológica de Gertrudis Bocanegra.

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