Desde 2012, cada 6 de febrero se conmemora el Dia de la Toleracia Cero en contra de la Mutilación Genital Femenina. En este día, recordamos que la Organización Mundial de las Naciones Unidas (ONU) tiene como objetivo que en 2030 se ponga fin a esta práctica  que infringe los derechos fundamentales de las niñas y las mujeres.

La mutilación genital femenina (conocida por sus siglas como MGF), a menudo llamada "ablación" o "corte" genital, consiste en procedimientos que "alteran" o "lesionan" los órganos genitales femeninos por razones no médicas. 

Sin embargo, estas "alteraciones" no son únicamente meros procedimientos quirúrgicas, su realización, comúnmente motivada por razones sociales y culturales, pone en riesgo los derechos humanos, pues es considerada una violación grave que pone en riesgo la salud y de la integridad física de mujeres y niñas. 

De acuerdo con cifras de ONU Mujeres, en la actualidad, más de 230 millones de niñas y mujeres han sido sometidas a este procedimiento. La crudeza de esta práctica no conoce edades y, por el contrario, cada vez son más las niñas menores de cinco años de edad, e incluso con un par de días después de nacer, que son sometidas a la MGF, especialmente en regiones de África y países Árabes, en donde la ONU estima que para 2050 la cantidad de niñas nacidas crecerá en un 62%, por lo que la cifra actual de 2 millones de niñas sometidas a esta práctica también se ve en riesgo de crecer.

Erradicar la mutilación genital femenina no es una cuestión cultural ni político,  es una obligación inmediata de los Estados frente a los derechos humanos de las niñas. Mientras esta práctica continúe justificándose en nombre de tradiciones patriarcales, millones de infancias seguirán siendo privadas de su autonomía corporal, su salud y su dignidad. Alcanzar la meta de erradicación en 2030 exige voluntad política real, financiamiento sostenido y un enfoque centrado en las niñas como sujetas de derechos, no como objetos de control social.

¿En qué consiste la MGF?

La mutilación genital femenina es un procedimiento doloroso, traumático e irreversible que no tiene beneficio alguno para la salud. 

Se trata de la extirpación parcial o total de los genitales externos, es decir, de los labios mayores y menores, u de otras lesiones causadas a los genitales femeninos por razones culturales, religiosas o sociales.

Este procedimiento también incluye la resección del clítoris (clitoridectomía), y la infibulación (estrechamiento de la abertura vaginal con costura).

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¿Cuáles son las consecuencias físicas y psicológicas?

La MGF tiene consecuencias inmediatas y a largo plazo e incluso mortales, que generalmente relacionadas con sexual y reproductiva. Entre ellas se incluyen hemorragias, leves y graves, infecciones, problemas urinarios y dolor incapacitante.

Este panorama se agudiza con el paso de los años pues, como explica la ONU, las niñas que fueron sometidas a la MGF podrían enfrentar consecuencias graves a futuro como dolor crónico, quistes, cicatrices, problemas menstruales, problemas sexuales, como dolor durante las relaciones sexuales y menos satisfacción, infertilidad, complicaciones durante el parto, hemorragias durante el parto, muerte prenatal y mayor riesgo de muerte neonatal. 

En cuanto a los efectos psicológicos, las niñas y mujeres pueden experimentar depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático y baja autoestima.

Las secuelas de la mutilación genital femenina no terminan con el procedimiento: acompañan a las sobrevivientes durante toda su vida. La normalización del dolor femenino y la negación del placer y la salud sexual son pilares de esta práctica, que reproduce desigualdades estructurales y refuerza la subordinación de las mujeres.

Atender las consecuencias físicas y psicológicas implica también garantizar acceso a servicios de salud especializados, atención psicosocial y procesos de reparación con enfoque de género y de derechos humanos.

¿En qué países sigue ocurriendo?

De acuerdo con ONU Mujeres, la mutilación genital femenina se lleva a cabo en 92 países en todo el mundo, de los cuales solo 51 cuentan con leyes que prohíben la mutilación genital femenina

El Programa Conjunto del Fondo de Población (UNFPA) y UNICEF, han identificado un grupo de 31 países prioritarios donde se concentra la mayor carga de la práctica y donde se estima que la inversión necesaria para la erradicación de 2 mil 400 millones de dólares entre los años 2020 y 2030. 

Y es que no actuar tiene un precio elevado, ya que el tratamiento de las complicaciones de salud derivadas de esta práctica cuesta a los sistemas sanitarios aproximadamente 1 mil 400 millones de dólares anuales. 

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Entre los países de alta prioridad se encuentran Gambia, en donde existe una demanda ante el Tribunal Supremo para anular la prohibición de la MGF, lo que dejaría a las niñas sin protección jurídica y debilitaría el acceso a la justicia.

También se han identificado casos en otros 32 países de África como Benin, Burkina Faso, Camerún, Chad, Cote d'Ivoire, Djibouti, Egipto, Eritrea, Etiopía, Gambia, Ghana y Guinea; en países Árabes como Irán, Iraq, Jordania, Omán y Yemen.  

En Asia se han documentado casos en India, Indonesia, Malasia, Sri-Lanka, Bangladesh, Tailandia, Brunei y Singapur, mientras que en América se han identificado casos en  Colombia, Ecuador, Panamá y Perú.

Aunque, de acuerdo con las Naciones Unidas, la práctica ha disminuido en las últimas tres décadas, pasando de afectar a 1 de cada 2 niñas a 1 de cada 3 en la actualidad, el ritmo de progreso actual tendría que aumentar se 27 veces para alcanzar la meta de erradicación total en 2030. Sin embargo, nos preguntamos qué tan cerca estamos de cumplir con esta agenda a ya tan solo cuatro años de la meta.

Y es que la persistencia de la mutilación genital femenina evidencia una brecha crítica entre los compromisos internacionales y su cumplimiento efectivo. Las leyes, aunque necesarias, no son suficientes si no se traducen en políticas públicas, presupuestos adecuados y mecanismos de vigilancia y rendición de cuentas. Sin una acción coordinada entre gobiernos, organismos internacionales y comunidades locales con liderazgo de mujeres y sobrevivientes, la erradicación seguirá siendo una promesa ambigua para millones de niñas.