“Centroamérica en la encrucijada: resistir en tiempos de asedio” fue el nombre que recibió el simposio regional organizado por Latin American Studies Association, llevado a cabo entre el 4 y el 7 agosto de 2026. Un grupo de compañeras, colegas y amigas provenientes de Honduras, El Salvador y México, nos dimos a la tarea de encontrarnos para sostener en común un panel al que titulamos: Defensoras de derechos humanos resistiendo desde el corazón de América: Experiencias de luchas y cuidados”. Por nuestras investigaciones y por nuestras experiencias en la  defensa de los derechos humanos y de las justicias, sabemos que para “resistir en tiempos de asedio” es siempre necesario y nutritivo denunciar colectivamente las injusticias y las violencias múltiples. Y en ese mismo camino, también sabemos que es igual de urgente y valioso visibilizar lo que hacemos todos los días, de distintas maneras, para revertir, sanar y convertir dichas injusticias y violencias en formas de vida y relacionamiento más justos, más dignos y más nuestros. Así, nos propusimos que nuestro panel conformara un espacio para este doble camino y para sostenerlo en una reflexión tejida entre los derechos, las justicias y los cuidados.

            Escuchamos de inicio a Laura Saavedra, Investigadora por México de la SECIHTI en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Ella nos habló sobre los procesos de criminalización de las mujeres defensoras de derechos humanos en algunos países centroamericanos, la cual “no solo incluye violencia física, sino una sofisticada estrategia de silenciamiento digital y criminalización judicial”. En su ponencia, Laura nos compartió que una forma en que las defensoras de derechos humanos se enfrentan a la criminalización es a través de prácticas de autocuidado y cuidado colectivo que les permite sostener sus vidas, su salud y su dignidad. Enseguida tomó la palabra Ana Larissa Paisano Amaya, mujer negra miskitu, Psicóloga de la Red de mujeres miskitas MIMNPAW y especialista en Pueblos Indígenas y cooperación internacional. Ella trajo a la mesa el trabajo de las mujeres curanderas miskitu —conocidas como sukias—, con el cual hacen de “la medicina tradicional miskitu como una práctica espiritual, política y comunitaria que constituye una forma alternativa de justicia”. De esta forma, Larissa nos acercó a otras formas de justicia y de cuidados colectivos para hacer frente a las violencias vividas y encarnadas.

El panel también contó con la presencia de Beatriz Miranda, mujer salvadoreña que desde hace quince años ha liderado la Asociación de Mujeres Huizucareñas (AMH). Con la potencia de su experiencia y de su sabiduría, Beatriz nos compartió que: “Queremos hablar en este panel de cómo nuestro saber es otra forma de hacer justicia, ya que formamos y defendemos nuestros derechos humanos; acompañamos colectivamente y reconocemos la importancia de la salud física y mental de las mujeres como formas de cuidado colectivo”. Así, Beatriz daba cuenta de cómo los cuidados devienen formas de hacer justicias y cómo, a través de ello, las justicias sostienen las vidas individuales y colectivas. Por mi parte, compartí una parte de mis acompañamientos etnográficos, vitales y ético-políticos con mujeres cuidadoras en la capital de San Luis Potosí. Narré cómo parte del trabajo de cuidados de las mujeres implica encontrarse cotidianamente con el estado y con sus injusticias que feminizan y familiarizan los cuidados en esta ciudad. Al tiempo que compartí cómo en estos encuentros, las mujeres cuidadoras también producen justicias cotidianamente.

Nuestro panel cerró con los comentarios a los trabajos presentados por parte de Fátima Alonzo, investigadora feminista y maestra en Derechos Humanos por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Fátima recuperó la importancia y la potencia ético-política de evocar y conocer distintas experiencias en que las mujeres también diversas sufren violencias e injusticias; y a la par, en cómo les resisten y las reconfiguran. A su vez, Fátima visibilizó el poder que sostienen y crean las mujeres cuando nombran sus propias formas de lucha y las reivindican como sumamente valiosas. Terminó colocando en el centro el valor de los cuidados como formas de sostener la vida y las justicias. 

En conjunto, con nuestras voces y experiencias entrelazadas, pudimos colocar la importancia de las diversas luchas de las mujeres, ubicadas en distintas geografías y temporalidades para “resistir el asedio” y construir formas de vida más humanas, dignas y justas. Esperamos seguir encontrándonos para escribir juntas con nuestras voces y actos un poco más de estas historias, de estas luchas y estos cuidados.