Cada vez que una exigencia feminista incomoda, el sistema responde. No lo hace con argumentos técnicos ni con diálogo transparente, sino con descalificación, personalización y silencios estratégicos. No es una voz la que se nombra ni una organización la que se cuestiona: es una demanda colectiva por la vida, la dignidad, la libertad y los derechos de las mujeres la que se intenta reducir, fragmentar o desacreditar.
Rumbo al 8 de marzo, vale la pena detenernos a mirar cómo opera esta respuesta y qué nos dice sobre el lugar que el Estado sigue otorgando a quienes, desde el territorio —madres buscadoras, sobrevivientes de violencia machista, víctimas de violencia vicaria o de ataques con sustancias químicas, refugios y organizaciones feministas— sostenemos la vida cuando las garantías fallan.
Cuando desde la digna rabia señalamos vacíos estructurales, la respuesta habitual no es un debate técnico fundamentado, sino una desacreditación moral. Esta reacción busca invisibilizar las reivindicaciones y desautorizar la experiencia colectiva de quienes enfrentamos, día a día, las barreras que perpetúan la desigualdad, la violencia en todas sus manifestaciones y la impunidad.
Las demandas feministas no surgen de la nada. Están respaldadas por instrumentos internacionales como la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), la Convención de Belém do Pará y los principios de debida diligencia, que obligan a los Estados a prevenir, atender, sancionar y erradicar la violencia, así como a garantizar derechos y rendir cuentas por su incumplimiento.
Sin embargo, exigir su cumplimiento suele encontrar resistencia, especialmente cuando se abandona el terreno simbólico para demandar transformaciones reales.
El 8 de marzo trasciende la mera convocatoria a una marcha masiva; representa un llamado político urgente y contundente que cuestiona y desafía el statu quo vigente. No busca generar gratitud simbólica ni gestos discursivos superficiales, sino exigir una rendición de cuentas efectiva.
Es una fecha que condensa la disputa continua y profunda por el sentido y la dirección de las políticas públicas: quiénes tienen el poder de definir las prioridades colectivas, qué relatos e historias son reconocidos y legitimados en el espacio social, y cuáles son las demandas urgentes y reales de justicia, igualdad y dignidad para las mujeres en toda su diversidad cultural, social, étnica y en las distintas etapas de su vida.
El 8 de marzo es un espacio indispensable para visibilizar las múltiples violencias estructurales, reivindicar derechos arrebatados y construir un futuro más igualitario y justo para todas y cada una de las mujeres.
Una de las estrategias más recurrentes de quienes ostentan el poder ha sido personalizar las demandas colectivas, desacreditar a quienes las enuncian y construir narrativas que las presentan como exageraciones o mentiras frente a exigencias legítimas de justicia, recursos, transparencia y garantía de derechos. No se discute el fondo: se ataca a quienes incomodan.
El 8M y las luchas que lo atraviesan nos convocan a romper con la negación sistemática y a reconocer que la igualdad sustantiva no es una concesión voluntaria ni un gesto simbólico, sino una deuda histórica pendiente con más del 50 % de la población: las mujeres.
Solo cuando las voces críticas dejen de ser desacreditadas y comiencen a ser reconocidas como interlocutoras legítimas podremos avanzar hacia una transformación real.
Este 8M y todos los días, desde la evidencia y la colectividad cientos de mujeres seguiremos alzando la voz poniendo en el centro la vida, la dignidad y la insistencia feminista por un mundo donde ser mujer, niña o adolescenta no sea un riesgo.
No somos una, no somos diez, somos cientos de mujeres que creemos que vivir sin violencia es posible y que contar con un sistema justo, garante y que priorice la vida puede convertirse en un hecho concreto. Seguiremos insistiendo hasta que vivir sin violencia deje de ser una consigna y se transforme en una garantía efectiva para todas las mujeres.
Este 8M marchará el contingente de la Red Nacional de Refugios. Quienes deseen sumarse pueden consultar los detalles en nuestras redes sociales, recuerda es muy fácil solo busca “red nacional de refugios” e identifica la casita verde con el mapa de México dentro.
¡Nos seguirán viendo juntas!

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