Mientras algunas niñas piden a los Reyes Magos Barbies que pueden ser "lo que quieran ser", según su slogan, en el mundo laboral real no todo es color de rosa. Y es que el crecimiento sin piso pegajoso ni techo de cristal sigue siendo un ensueño para la mayoría de las mujeres profesionistas.

Según el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), el 64% de las compañías en México no cuenta con mujeres en puestos directivos de consejos de administración, áreas de finanzas o jurídicas. En 2025, apenas el 14% de las empresas de alta capitalización tienen presencia femenina en sus consejos, mientras que solo el 37% de las direcciones generales, el 6% de las financieras y el 26% de las jurídicas están ocupadas por mujeres.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) confirma esta tendencia al reportar que las mujeres representan solo el 37% de los puestos gerenciales en el país, una cifra que contrasta con el hecho de que ellas constituyen el 40% de la fuerza laboral total.

La brecha se amplía conforme se asciende en la pirámide corporativa: mientras que la participación femenina es significativa en posiciones operativas y mandos medios, en la alta dirección se desvanece… como los Reyes Magos después del 6 de enero.

Hay un estancamiento evidente. Desde 2021, la representación de mujeres en las direcciones financieras y jurídicas avanzó ligeramente, pero persiste un rezago estructural en la dirección general. Deloitte México reveló que el 64% de las empresas no cuentan con mujeres en posiciones de liderazgo, una cifra alarmante si se compara con países de América Latina como Colombia (15%) o Chile (14%).

¿Qué obstáculos enfrentan estas profesionistas? El techo de cristal sigue siendo una realidad palpable, reforzado por falta de políticas de conciliación laboral-familiar y redes de poder tradicionalmente masculinas. Las empresas que han implementado estrategias de diversidad e inclusión muestran resultados prometedores, pero son la excepción y no la regla.

El retroceso de género impulsado por el retorno al poder de gobiernos conservadores en países como Argentina o Estados Unidos, ni qué decir del futuro gobierno chileno, ha provocado desaceleración a la agenda de género y en algunos casos incluso se ha revertido por cancelación de fondos. 

Las reinas magas de las corporaciones mexicanas no necesitan coronas ni regalos, sino igualdad de oportunidades. Y eso no debería ser magia, sino justicia.